PAÍS
Del garrote al Trump Doral: Kast viaja a Miami mientras Washington y Beijing tensan a Chile
Tras las sanciones de EE.UU. por el cable Chile–China, Kast viajará al foro “Shield of The Americas” en el Trump Doral. Con Beijing acusando hegemonía y Washington hablando de seguridad hemisférica, el Presidente electo entra en escena en medio de una disputa que ya es global.
La transición presidencial chilena pareciera que dejó de ser un asunto interno. En pocos días, Chile pasó de recibir sanciones formales de la administración de Donald Trump a confirmar la presencia del Presidente electo José Antonio Kast en un foro que se realizará, simbólicamente, en el Trump National Doral de Miami. Esto a cuatro días de que Kast reciba la piocha de O’Higgins en el Congreso Nacional.
El contexto no puede ser más delicado. Washington revocó visas a tres altos funcionarios del gobierno de Gabriel Boric, invocando riesgos a la “seguridad regional” por el proyecto de cable submarino entre Chile y China. Beijing respondió acusando a Estados Unidos de actuar con lógica hegemónica. La Cancillería chilena respondió con una nota de protesta formal. En La Moneda se habló de una reacción desproporcionada.
En este contexto, según consignó El Mercurio, el presidente electo José Antonio Kast confirmó que viajará el próximo 7 de marzo a Estados Unidos para participar en la conferencia “Shield of The Americas”, a realizarse en el Trump National Doral Miami, complejo perteneciente a la cadena hotelera del propio mandatario estadounidense.
Cuatro días antes de asumir el poder.
Un viaje bajo tensión
La invitación llegó el 16 de febrero desde la oficina del Jefe de Protocolo de Estados Unidos al equipo internacional de la Oficina del Presidente Electo. La respuesta fue rápida.
En el entorno de Kast no descartan una reunión con Trump ni encuentros con autoridades del gobierno norteamericano. Uno de los ejes del foro será la “interferencia extranjera en el hemisferio”.
Mientras Washington sanciona a autoridades chilenas por impulsar un proyecto con China, el presidente electo chileno viaja a un evento organizado en la propiedad del líder estadounidense. La señal es inevitablemente política.
Beijing entra en escena
Pero la historia dejó de ser bilateral. La Embajada de China en Chile reaccionó con dureza. En una nota titulada “Estados Unidos vuelve a ponerse en contra de los intereses nacionales de Chile”, el gobierno chino acusó a Washington de adoptar una posición dominante en el hemisferio occidental y de actuar “en contradicción con los intereses de los países de esta región”.
El comunicado fue más allá. “Como es sabido, la mencionada ‘infraestructura crítica de telecomunicaciones’ se refiere al proyecto en curso de preparación de cable óptico submarino transpacífico Chile–China, lo cual fortalecerá la capacidad de comunicaciones de Chile con su mayor socio comercial, China, y con el centro económico mundial que es Asia, consolidando el liderazgo regional de Chile en la economía digital y las redes internacionales de comunicación”.
Luego añadió una defensa directa de las autoridades sancionadas: “Los tres funcionarios chilenos que apoyan y promueven este proyecto han actuado fieles a los intereses nacionales de Chile y a sus virtudes profesionales, ellos merecen respeto y aprecio. La sanción implementada por la parte estadounidense a ellos demuestra un obvio desprecio por la soberanía, la dignidad y los intereses nacionales de Chile, y exhibe su naturaleza hegemónica y despótica, lo cual ha provocado profunda desaprobación y fuerte rechazo”.
Chile en el centro
En cuestión de días, Chile quedó formalmente interpelado por las dos mayores potencias del mundo.
Estados Unidos acusa riesgos a la seguridad hemisférica. China denuncia hegemonía y desprecio por la soberanía chilena.
En medio, un presidente saliente y uno entrante.
Gabriel Boric defendió la autonomía de su gobierno frente a la sanción. Pero la verdadera decisión quedará en manos de Kast.
El viaje a Miami no define nada por sí solo. Pero ocurre en el momento exacto en que Chile debe decidir cómo navegar una rivalidad global que ya no admite ambigüedades cómodas.