PAÍS
Scanner Social: 45% espera que Presidente Kast gobierne al estilo Bukele
Una encuesta de Scanner Social muestra que el 45% de los chilenos espera que el gobierno de José Antonio Kast se parezca al de Nayib Bukele, reflejando una fuerte demanda por orden y resultados rápidos en seguridad, en un contexto de alta preocupación por el delito.
A pocos días del cambio de mando, una encuesta de opinión pública muestra que la expectativa ciudadana hacia el nuevo gobierno de José Antonio Kast está fuertemente marcada por una demanda de orden y resultados rápidos en materia de seguridad. El dato más elocuente: 45% de los encuestados cree que el liderazgo del nuevo mandatario debería parecerse al del presidente salvadoreño Nayib Bukele, muy por encima de cualquier otro referente internacional.
El resultado surge del Scanner Social de marzo de 2026, elaborado por Gemines Consultores con apoyo de El Mostrador y liderado por Guido Romo y Pablo Bórquez.
El estudio refleja el clima político con el que Chile llega al cambio de mando del 11 de marzo. En la medición, Bukele aparece ampliamente distanciado de otros líderes: Donald Trump obtiene 12%, Lula da Silva 10%, Javier Milei 9% y Giorgia Meloni 8%.
La preferencia por el mandatario salvadoreño —conocido por su política de mano dura contra las pandillas y su estilo de liderazgo concentrado— aparece como una señal de las prioridades ciudadanas. El propio informe sostiene que el liderazgo de Bukele se asocia a orden, eficacia en seguridad y resultados rápidos, atributos que hoy concentran buena parte de la expectativa pública.
Para el investigador de Gemines, Guido Romo, esta referencia no debe interpretarse necesariamente como una demanda por replicar el liderazgo salvadoreño en sí mismo, sino como una señal de lo que la ciudadanía espera del nuevo gobierno.
“La ciudadanía no demanda necesariamente a un Bukele, sino el modelo asociado a él: mano dura y resultados inmediatos. Bukele opera como un espejo deseado. La mayoría quiere que Kast se parezca a esa figura que promete orden, eficacia y resultados, aun cuando implique costos altos”, señala.
Según Romo, detrás de esa preferencia se encuentra una expectativa clara respecto del tipo de liderazgo que la población espera ver en el nuevo ciclo político. “En ese sentido, lo que se percibe es un mandato implícito: la ciudadanía espera resultados, no ideología”, afirma.
Seguridad, la gran demanda
La encuesta también revela que la seguridad se ha convertido en el principal factor de presión sobre el nuevo gobierno. El 76% de los encuestados está de acuerdo con las detenciones ciudadanas, una cifra transversal en casi todos los segmentos sociales y políticos, que refleja el nivel de preocupación frente al delito.
Ese clima también se observa en la percepción institucional: 72% cree que el Congreso representa poco o nada los intereses de la ciudadanía, lo que evidencia una fuerte crisis de representación política que el nuevo gobierno heredará desde el primer día.
Para Romo, fenómenos como el apoyo a las detenciones ciudadanas deben entenderse dentro de ese contexto de inseguridad. “Cuando sienten que el Estado falla en responder a la inseguridad, aparecen fenómenos como las detenciones ciudadanas. Estas representan lo contrario a una política pública estructurada, pero generan la sensación de que se puede hacer algo frente al problema”, explica.
El investigador agrega que la expansión de este tipo de conductas refleja un clima social marcado por el temor. “Un clima de miedo, sumado al aumento de delitos violentos, produce una sensación generalizada de inseguridad que abre la puerta a demandas por políticas más duras, como las detenciones ciudadanas”, sostiene.
Expectativas moderadas frente al nuevo gobierno
Pese a la fuerte demanda por orden, el estudio también muestra una ciudadanía cauta respecto al nuevo ciclo político. El 57% cree que el cambio de mando será positivo para su familia, pero al mismo tiempo el 54% no cree que el gobierno de Kast sea realmente un “gobierno de emergencia”, como se planteó durante la campaña.
El informe interpreta esta combinación como una expectativa contenida: el país espera mejoras, pero no necesariamente un cambio radical en el funcionamiento institucional.
En paralelo, la encuesta detecta una paradoja en la relación de los chilenos con la democracia. El 66% afirma que la democracia es siempre preferible a cualquier otra forma de gobierno, pero un 34% admite que en ciertas circunstancias podría preferirse un gobierno autoritario o no tiene una preferencia clara.
Ese dato refleja un contexto regional donde el crimen organizado aparece como uno de los principales riesgos políticos y donde liderazgos fuertes —como el de Bukele— han ganado legitimidad electoral.
La encuesta concluye que el nuevo gobierno llega al poder con una expectativa clara: la ciudadanía prioriza resultados concretos antes que definiciones ideológicas, especialmente en materia de seguridad y control del delito.