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FOTO:PABLO OVALLE ISASMENDI/ AGENCIAUNO
Gobierno celebró triunfo exprés en la Cámara con segundo día de filas en bencineras
El Gobierno logró un triunfo exprés en la Cámara al aprobar su plan para contener el precio del kerosene –con refuerzo al FEPP, bonos al transporte y un polémico ajuste tributario–, gracias a una oposición sin margen para bloquear, pero el avance legislativo contrasta con el costo en la calle.
El Gobierno se anotó un “puntito” legislativo en medio de la tormenta.
Con trámite exprés y una oposición sin margen real para bloquear, la Sala de la Cámara aprobó el proyecto para contener el precio del kerosene y amortiguar el impacto del histórico “bencinazo”.
La iniciativa –con discusión inmediata– pasó su primer trámite y ahora salta al Senado, con un paquete que mezcla contención focalizada, bonos al transporte y un ajuste tributario que abrió el principal flanco.
El corazón del plan es reforzar en hasta US$ 60 millones el Fondo de Estabilización de Precios del Petróleo (FEPP) y modificar su fórmula para mantener la parafina en niveles similares a febrero, antes del shock internacional por el conflicto en Medio Oriente. A eso se suma un bono mensual de $100 mil por seis meses para taxis, colectivos y transporte escolar –incorporados a última hora–, con uso exclusivo en combustible y sujeto a suspensión si el Brent cae bajo los US$ 80.

Los ministros Jorge Quiroz, José García Ruminot, Claudio Alvarado y la subsecretaria Constanza Castillo al término de la sesión en la Cámara.
El respaldo fue amplio en la mayoría de los artículos, pero el ruido se concentró en el artículo 4: la suspensión transitoria del crédito al impuesto específico al diésel para empresas no transportistas, que pasarían a un régimen similar al de los transportistas.
En la práctica, grandes consumidores –como mineras e industrias– dejarían de recuperar el 100% del impuesto y pasarían a tramos que, en el caso de los mayores ingresos, rondan el 31%. Hacienda calcula una recaudación cercana a $124 mil millones (unos US$ 136 millones) para financiar el resto del paquete. La norma fue aprobada (92 a favor, 51 en contra y 6 abstenciones), pero con el compromiso de Jorge Quiroz de corregir su impacto en pymes en el Senado.
La votación dejó una fotografía política nítida: oficialismo alineado y oposición resignada. “No podemos rechazarlo. Seríamos los indolentes”, sinceró el socialista Nelson Venegas. “Es una aspirina, necesaria, pero aspirina”, dijo Héctor Ulloa (Ind-PPD). Desde el PDG, Juan Marcelo Valenzuela fue más crudo: “El jueves –cuando se concrete el alza de la bencina– será un sablazo al bolsillo”.
Aun así, el proyecto avanzó. En la vereda oficialista se tensó la cuerda con la izquierda: “Si votan contra el artículo 4, será contra el impuesto a la gran industria”, lanzó Diego Schalper (RN), mientras José Carlos Meza (republicano) apuntó al “olor a déficit” heredado.
Quiroz defendió la arquitectura del plan con el mismo argumento: contener el alza vía Mepco implicaría del orden de US$ 140 millones por semana. “La decisión técnico-política la tomamos nosotros”, remarcó, subrayando que el mecanismo no aísla de los precios internacionales, solo difiere su impacto. En esa línea, insistió en que el artículo 4 “es necesario porque financia los otros”, aunque abrió la puerta a enmendarlo para excluir a pymes y concentrar la carga en grandes empresas.
El “triunfo” en Sala, sin embargo, convive con un clima en ebullición fuera del Congreso. Por segundo día consecutivo, largas filas colapsaron bencineras a lo largo del país: automovilistas –muchos con bidones certificados en mano– intentaron adelantarse al alza de hasta $370 en gasolinas y $580 en diésel. A la par, cacerolazos en distintos puntos reflejaron un malestar que no se disipa con medidas focalizadas.
Ese mismo ambiente se trasladó a los pasillos del Parlamento. Quiroz fue increpado por diputados opositores, que lo acusaron de “arrancar” y le exigieron dar explicaciones por el impacto en regiones.
En medio de los cuestionamientos, también reflotaron críticas por su pasado como asesor en casos vinculados a colusiones empresariales, recordándole que hoy ocupa “un cargo político” y no un rol técnico, en una discusión que golpea directamente el bolsillo de las personas.
Con todo, La Moneda logró lo que buscaba: trámite rápido, control del debate en Hacienda y aprobación en la Cámara en cuestión de horas. Ahora apuesta a replicar la velocidad en el Senado, incluso forzando la constitución de su Comisión de Hacienda. Pero el desafío real no está solo en el Congreso. Está también en la calle, en el precio del litro de combustible y en un shock que ya empezó a sentirse.
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