Juego Limpio
El Mostrador
Informe del clima: entra más energía de la que sale
Un informe de la Organización Meteorológica Mundial advierte que el período 2015-2025 fue el más cálido registrado y que el sistema climático está acumulando energía, intensificando eventos extremos.
En este otro informe, voy con la segunda imagen: el planeta ya no se calienta, está acumulando energía.
El último informe sobre el estado del clima mundial, de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), confirma que el período 2015-2025 fue el más cálido jamás registrado, con 2025 instalado entre los tres años más calurosos y una temperatura global que bordea los 1,43 °C por sobre la era preindustrial.
Pero más que la cifra, lo que cambia es la dinámica: el sistema climático perdió capacidad de amortiguar extremos y comenzó a amplificarlos.
Ese cambio ya tiene traducción concreta en Chile. El retroceso sostenido de los glaciares –uno de los indicadores más claros del informe– impacta directamente en la seguridad hídrica del país.
En la zona central y en la cordillera andina, estas masas de hielo funcionan como reservas estratégicas que regulan el agua en períodos de sequía. Su pérdida no es solo ambiental: redefine caudales, afecta el consumo humano, tensiona la agricultura y pone en cuestión la estabilidad de sistemas energéticos que dependen de esos flujos.
El océano, que ha absorbido la mayor parte del exceso de calor del planeta, también comienza a mostrar señales de agotamiento. Para un país con más de 6 mil kilómetros de costa, ese dato es estructural.
- El calentamiento oceánico altera ecosistemas marinos, modifica corrientes y afecta la productividad biológica, con impactos directos en la pesca y la biodiversidad. A esto se suma una mayor frecuencia de eventos como marejadas intensas y anomalías térmicas, que reconfiguran la relación entre el territorio y el mar.
La intensificación de eventos extremos que describe la OMM tampoco es ajena: Chile ya experimenta esa nueva lógica climática.
Una megasequía prolongada en la zona central, lluvias intensas y concentradas en cortos periodos, olas de calor más frecuentes y temporadas de incendios forestales cada vez más destructivas. No son eventos aislados, sino expresiones locales de un sistema global que acumula energía y la libera de forma más abrupta.
El nuevo indicador que introduce el informe –el desequilibrio energético de la Tierra– refuerza el problema estructural. En términos simples: entra más energía al sistema de la que puede salir.
Para Chile, esto implica la necesidad de repensar infraestructura, políticas públicas y planificación territorial en clave de adaptación. No se trata solo de reducir emisiones, sino también de prepararse para un escenario donde la variabilidad climática será la norma y no la excepción.
El informe deja además una advertencia que resuena con fuerza en la economía chilena: el clima ya no es un factor externo, sino un componente del riesgo sistémico.
Sectores como la minería, la agricultura y la energía dependen de condiciones cada vez más inestables, mientras el estrés hídrico y térmico comienza a afectar productividad y exportaciones. La transición energética aparece como una oportunidad, pero también como una urgencia.
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