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Costa Rica: biodiversidad, conservación y turismo responsable en el corazón de Centroamérica Viajes Créditos: El Mostrador.

Costa Rica: biodiversidad, conservación y turismo responsable en el corazón de Centroamérica

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Con una de las políticas de conservación más sólidas de la región, Costa Rica combina biodiversidad, ciudades en transformación y destinos emblemáticos, de San José a Tortuguero, Arenal y Monteverde, para consolidarse como un referente global de ecoturismo y turismo responsable.


Costa Rica se ha consolidado como uno de los destinos más distintivos de Centroamérica. Aunque su territorio es reducido, destaca por una biodiversidad excepcional, una sólida tradición democrática y una política sostenida de protección ambiental. Entre costas en el Pacífico y el Caribe, selvas tropicales, volcanes activos y una extensa red de parques nacionales que resguarda cerca del 30% del país, ha logrado posicionarse como un referente global en ecoturismo y turismo responsable.

Este vasto patrimonio natural se apoya en una política ambiental de largo aliento. A través del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), Costa Rica mantiene protegida más de una cuarta parte de su territorio bajo distintas categorías, parques nacionales, reservas biológicas, refugios de vida silvestre y humedales, consolidando uno de los modelos de conservación más robustos y sostenidos de la región.

El país se rige por dos estaciones bien definidas. La temporada seca, que se extiende entre diciembre y abril, concentra la mayor llegada de visitantes gracias a sus días despejados, buena conectividad vial y condiciones óptimas para disfrutar de las playas, las caminatas y la observación de fauna. Es, a la vez, el período de mayor demanda turística, con precios más altos y mayor afluencia.

La temporada verde o lluviosa, entre mayo y noviembre, transforma el paisaje en una explosión de vegetación y ofrece una experiencia más tranquila, con menos turistas y tarifas más convenientes. Las precipitaciones suelen darse principalmente por la tarde, lo que deja las mañanas libres para explorar. Aunque septiembre y octubre registran las lluvias más intensas en el Pacífico, el Caribe costarricense suele presentar condiciones más favorables durante esos mismos meses.

De ciudad de paso a puerta de entrada a la identidad costarricense

San José, la capital de Costa Rica, ha sido tradicionalmente vista como un punto de paso para quienes buscan adentrarse en los volcanes, playas y selvas que han dado fama internacional al país. Sin embargo, esa mirada comienza a quedar atrás. En los últimos años, las autoridades turísticas han impulsado una estrategia para reposicionar a la ciudad como un destino en sí mismo, poniendo en valor su patrimonio histórico, su escena cultural y artística, y una oferta gastronómica que dialoga con la identidad costarricense.

Lejos de limitarse a una escala logística, San José despliega una vida urbana diversa y activa. En su centro histórico se concentran algunos de los principales espacios culturales del país, como el Museo Nacional de Costa Rica, que ofrece un recorrido por la historia nacional desde las culturas precolombinas hasta la actualidad, y el Museo del Jade, reconocido por albergar una de las colecciones más importantes de jade prehispánico de América.

La experiencia se completa en sus espacios más cotidianos. El Mercado Central, fundado en 1880, sigue siendo un punto neurálgico de la ciudad y una ventana directa a la vida local: pasillos estrechos repletos de frutas, especias, café, sodas tradicionales y pequeños comercios que conservan oficios y sabores de larga data. A su alrededor, barrios como Escalante y Amón se han consolidado como polos gastronómicos y culturales, donde conviven cafés de autor, restaurantes contemporáneos y casonas patrimoniales, reflejando una ciudad que combina memoria, renovación y vida creativa.

Qué ver en San José, Costa Rica, en un fin de semana

Créditos: Cedida.

La Amazonía costarricense y su modelo de conservación

El Parque Nacional Tortuguero, en la costa caribeña norte de Costa Rica, se ha consolidado como uno de los santuarios de biodiversidad más relevantes de Centroamérica y un referente internacional en la protección de tortugas marinas. Su aislamiento, sin acceso terrestre y con ingreso únicamente por vía fluvial o aérea, ha permitido preservar un paisaje dominado por canales navegables, ríos y lagunas, rodeados de una densa selva tropical húmeda que le ha valido el apodo de la Amazonía costarricense.

Este entramado de agua y bosque da origen a un ecosistema de enorme riqueza biológica. En sus recorridos en bote, una de las formas más características de explorar el parque, es posible avistar monos aulladores, cariblancos y araña, junto a perezosos, caimanes, tortugas de agua dulce, ranas e iguanas. A ello se suma una notable diversidad de aves, más de 300 especies registradas, que incluye tucanes, garzas y jacanas, convirtiendo a Tortuguero en un destino privilegiado para la observación de fauna, especialmente en las primeras horas del día o al caer la tarde.

Más allá de su atractivo escénico, Tortuguero representa un modelo de convivencia entre conservación, investigación científica y turismo responsable, con un fuerte involucramiento de las comunidades locales. Su naturaleza exuberante, el acceso regulado y la alta concentración de vida silvestre lo posicionan como una visita clave para comprender la dimensión ambiental de Costa Rica, más allá de sus playas y volcanes más populares.

Parque Nacional Tortuguero – Namubak

Créditos: NAMUBAK.

La aventura volcánica y bienestar en plena selva

La Fortuna y el volcán Arenal conforman uno de los paisajes más reconocibles de Costa Rica, donde la experiencia natural se entrelaza con propuestas de bienestar y aventura. Dominado por la silueta casi perfecta del volcán Arenal, activo hasta 2010, este destino ofrece una red de senderos en bosques tropicales, campos de lava solidificada y miradores desde donde es posible dimensionar la fuerza geológica que dio forma a la zona. A pocos kilómetros del centro de La Fortuna, cascadas como la Catarata La Fortuna, de más de 70 metros de altura, se suman a ríos, puentes colgantes y reservas privadas que permiten recorrer la biodiversidad local a pie o en kayak.

Uno de los grandes sellos del área son sus aguas termales, alimentadas por la actividad volcánica subterránea. Estas piscinas naturales y complejos termales se han convertido en un polo de descanso y bienestar, combinando baños de agua caliente con vistas al volcán y al bosque, y consolidando a La Fortuna como un destino que equilibra naturaleza, relajación y turismo activo.

Rutas de senderismo en Parque Nacional Volcán Arenal - Consejos de viaje en La Fortuna | Viator.com - Viator

Créditos: Cedida.

El bosque nuboso como refugio de biodiversidad y ciencia

Más al noroeste, Monteverde ofrece una experiencia completamente distinta, marcada por la altura, la neblina persistente y un clima más fresco. Su famoso bosque nuboso es uno de los ecosistemas más frágiles y biodiversos del país, hogar de miles de especies de plantas, insectos, anfibios y aves. Caminar entre puentes colgantes suspendidos sobre el dosel, recorrer senderos envueltos en bruma o participar en salidas de observación de fauna permite una aproximación íntima a este entorno único.

Monteverde es también uno de los mejores lugares de Costa Rica para el avistamiento de aves, con especial atención al quetzal, símbolo de la región, cuya presencia atrae a observadores de todo el mundo. A esto se suma una oferta consolidada de turismo científico y comunitario, impulsada por cooperativas locales y centros de investigación, que pone el foco en la educación ambiental, la conservación y el vínculo con las comunidades. En conjunto, La Fortuna y Monteverde representan dos caras complementarias del país: la fuerza volcánica y el bienestar, por un lado, y la delicadeza del bosque nuboso y la ciencia aplicada a la conservación, por el otro.

Monteverde turismo: qué visitar en Monteverde, Puntarenas, 2026 | Viaja con Expedia

Créditos: Cedida.

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