Opinión
Créditos: El Mostrador.
Turismo bajo presión: cuando viajar ya no es solo una decisión personal
Las imágenes de playas abarrotadas y veranos interminables parecen ser cada vez menos atractivas. La crisis climática, con efectos cada vez más visibles, está transformando la forma de viajar, los destinos que se eligen y la manera en que los territorios enfrentan la actividad turística.
El calentamiento global ha incrementado la frecuencia e intensidad de las olas de calor, una tendencia que seguirá agravándose. Solo entre 2022 y 2024, 36 países superaron sus récords históricos de temperatura. Las consecuencias ya impactan al turismo, con cierres de atractivos como la Acrópolis de Atenas por calor extremo o la cancelación de eventos internacionales como el Abierto de Australia en Melbourne.
A ello se suman los incendios forestales, que han marcado los veranos recientes en destinos emblemáticos como la Isla de Rodas en 2023, con más de 20 mil evacuados; Hawái en 2023, con 102 personas fallecidas; el “Black Summer” en Australia entre 2019 y 2020, con una pérdida histórica de biodiversidad; el megaincendio de Valparaíso en 2024; y la Patagonia argentina, donde se han consumido cerca de 21 mil hectáreas.
Se estima que cerca del 99% de los incendios tiene origen humano, y el turismo masivo incrementa la presión sobre ecosistemas frágiles. En Chile, la Quebrada de Macul ilustra este riesgo de forma recurrente: miles de visitantes, alta exposición a incendios y recursos limitados para su control.
Frente a este escenario, el comportamiento del turista comienza a cambiar. La experta en turismo sostenible Susanne Becken advierte que los desastres climáticos ya están obligando a modificar planes de viaje, lo que debiera impulsar una reflexión sobre dónde y cómo viajamos. En paralelo, crece la resistencia de las comunidades locales al turismo masivo y se fortalecen formas de turismo especializado, con menos visitantes distribuidos a lo largo del año.
La revista Condé Nast Traveler destacó en 2024 la consolidación del “coolcationing”, o vacaciones en destinos de clima fresco. Países como Islandia, Finlandia, Escocia o Letonia despiertan creciente interés, junto a experiencias como el kayak en Noruega o el senderismo en Eslovenia. A esto se suma un aumento de los viajes fuera de temporada alta, impulsado por el costo de la vida, el calor extremo, la mayor flexibilidad laboral y la búsqueda de experiencias más auténticas.
Estas tendencias abren una oportunidad para reducir la estacionalidad, proteger la biodiversidad y repensar el modelo turístico. Para países como Chile, el desafío es enfrentar la crisis climática mediante políticas públicas que incentiven viajar fuera de temporada, regulen destinos saturados, promuevan el turismo rural, de naturaleza y astronómico, fomenten eventos culturales más allá del verano e incentiven la adopción de alternativas de transporte sostenibles.
Queda abierta la pregunta sobre si los turistas chilenos, tradicionalmente atraídos por el sol y la playa, adoptarán estas nuevas tendencias en el mercado interno. Mientras tanto, la responsabilidad individual del viajero se vuelve clave: informarse sobre los destinos, revisar coberturas de seguros y conocer protocolos de emergencia ya no es opcional, sino parte esencial de viajar en un mundo marcado por el cambio climático.