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Exportar experiencias: el rol del turismo en la matriz económica de Chile Opinión

Exportar experiencias: el rol del turismo en la matriz económica de Chile

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Mónica Zalaquett S.
Por : Mónica Zalaquett S. Presidenta Ejecutiva
 de la Federación de Empresas de Turismo de Chile (Fedetur)
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Por décadas, el desarrollo económico de Chile ha estado estructurado en torno a la exportación de recursos naturales. Si bien ese modelo permitió avances relevantes, también consolidó una matriz productiva altamente concentrada y vulnerable a los ciclos externos. En ese contexto, la diversificación y la sofisticación productiva han sido objetivos largamente declarados, pero con resultados acotados. Los datos recientes sobre exportaciones de servicios, sin embargo, abren una señal que merece atención.

El último informe oficial registra un récord histórico superior a los US$3.000 millones en exportaciones de servicios e incorpora un cambio metodológico relevante: por primera vez, el turismo aparece desagregado como rubro específico. Este ajuste no es menor. Permite dimensionar con mayor precisión el aporte económico de una industria que, pese a su impacto en empleo y desarrollo regional, había permanecido subrepresentada en las estadísticas oficiales y, por ende, en la discusión económica y presupuestaria.

La medición es un elemento central de la política pública. Aquello que no se cuantifica tiende a quedar fuera de la gestión y de la priorización estratégica. Durante años, el turismo fue analizado de manera fragmentada, diluido en otras categorías, lo que limitó su visibilidad como sector exportador. Contar hoy con información específica permite evaluar su desempeño, compararlo internacionalmente y, sobre todo, integrarlo con mayor rigor en la estrategia de crecimiento del país.

Desde una perspectiva económica, el turismo es un servicio exportable de alto valor agregado. Cada visitante extranjero activa una cadena amplia de bienes y servicios —alojamiento, transporte, gastronomía, operadores especializados— generando encadenamientos productivos intensivos en empleo y con fuerte participación de pymes. A diferencia de otras exportaciones, su impacto es inmediato, territorialmente distribuido y con bajo requerimiento de importaciones asociadas.

Existe, además, una dimensión estratégica adicional. El turismo no solo exporta servicios; proyecta imagen país. Exporta atributos vinculados a calidad, confianza, sostenibilidad y capital humano. En una economía global donde el crecimiento del comercio de servicios supera al de bienes, esta capacidad de diferenciación adquiere un valor económico creciente.

El desafío es de coherencia. Si el turismo demuestra, con cifras, que contribuye a diversificar la matriz productiva y fortalecer las exportaciones de servicios, el marco de políticas públicas debe reflejarlo. Ello implica priorización presupuestaria, inversión en promoción internacional, infraestructura, conectividad, seguridad y una institucionalidad alineada con su peso económico real.

La desagregación del turismo en las exportaciones de servicios es una buena noticia, pero no suficiente por sí sola. Es un punto de partida para una discusión más estructural: cómo avanzar hacia una economía menos dependiente de recursos primarios y más orientada a servicios, experiencia y productividad. El turismo puede ser parte de esa respuesta, siempre que se le trate como lo que es: una industria estratégica.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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