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El cerebro pide naturaleza: estudio revela que el descanso digital no basta para recuperar la mente Outdoor Créditos: El Mostrador.

El cerebro pide naturaleza: estudio revela que el descanso digital no basta para recuperar la mente

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Un análisis de 108 estudios demuestra que el contacto real con la naturaleza activa mecanismos cerebrales que reducen el estrés, restauran la atención y favorecen la salud mental, confirmando que el “descanso digital” no es suficiente para recuperar el cerebro.


En plena temporada de vacaciones, muchos intentan descansar sin lograrlo del todo. La explicación podría ser biológica: el cerebro humano no está diseñado para el “descanso digital”. Un nuevo paper, titulado “Your brain on nature” y publicado en la revista Neuroscience and Biobehavioral Reviews, aporta la evidencia más sólida hasta ahora: la naturaleza no es un lujo estético, sino una necesidad fisiológica para la salud mental.

La investigación, liderada por Constanza Baquedano, neurocientífica de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez, revisó y sistematizó los resultados de 108 estudios experimentales realizados en distintos países. A partir de datos obtenidos con escáneres cerebrales (EEG, fMRI), la conclusión es categórica: la exposición a entornos naturales activa una “cascada restaurativa” capaz de modificar de forma medible la actividad del cerebro.

¿Qué ocurre exactamente cuando dejamos la ciudad y nos sumergimos en la naturaleza? El estudio lo describe en tres procesos clave. Primero, un verdadero “apagón del estrés”: la vida urbana mantiene hiperactiva la amígdala y los circuitos asociados a la ansiedad. En contacto con la naturaleza, esa actividad disminuye de manera aguda, junto con la rumiación mental, esa voz interna que repite preocupaciones sin descanso.

Luego aparece lo que los autores describen como una “meditación sin esfuerzo”. Al observar paisajes naturales, el cerebro incrementa las ondas Alfa y Theta. El paper explica que la naturaleza funciona como un “regulador espontáneo”, llevando al cerebro a un estado de alerta relajada muy similar al de la meditación, pero sin exigir concentración consciente.

Finalmente, se produce una auténtica recarga de la atención. Las pantallas agotan la llamada “atención dirigida”; en cambio, los patrones visuales de la naturaleza activan la “atención sin esfuerzo”, permitiendo que los circuitos cognitivos fatigados se recuperen.

En un mundo cada vez más digitalizado, el estudio introduce además una advertencia relevante: mirar naturaleza a través de una pantalla no produce los mismos efectos. Aunque la realidad virtual puede ayudar, la revisión de la evidencia muestra que la experiencia real, con su imprevisibilidad y su riqueza multisensorial de olores, sonidos y texturas, genera procesos de restauración más intensos y consistentes que cualquier simulación. El cerebro, concluyen los autores, necesita la experiencia completa para activar en profundidad sus mecanismos de reparación. “Estos resultados resaltan el rol potencial de los entornos naturales para promover la salud mental“, señala el documento.

Cómo incorporar la naturaleza en la vida diaria (según la evidencia)

El paper amplía la idea de que no se trata solo de grandes escapadas a parques nacionales o vacaciones en lugares remotos. El cerebro responde incluso a dosis breves y cotidianas de naturaleza, siempre que exista una experiencia real y no mediada por pantallas. Caminar bajo árboles, escuchar el sonido del agua, tocar tierra o pasto, percibir olores vegetales o simplemente observar el movimiento natural del paisaje ya activa esta respuesta restaurativa.

En ese sentido, el contacto con la naturaleza no es un evento extraordinario, sino una práctica posible de integrar en la rutina urbana. Plazas, cerros isla, parques, bordes de ríos, playas, senderos periurbanos o jardines cumplen una función que va más allá del ocio: operan como verdaderos reguladores neurobiológicos del estrés y la atención.

La revisión científica sugiere que no es necesario “mucho tiempo”, sino exposición de calidad y sin multitarea digital. Entre las recomendaciones más consistentes que emergen de los estudios analizados están:

  • Pausas verdes: caminar entre 20 y 30 minutos en un entorno natural, sin audífonos ni teléfono, tiene efectos medibles en la disminución del estrés.
  • Microcontactos frecuentes: ver árboles desde la ventana, almorzar en un parque o trabajar algunos minutos al aire libre genera beneficios acumulativos.
  • Estimulación multisensorial: priorizar experiencias que involucren sonido, textura y movimiento natural, no solo lo visual.
  • Movimiento suave: actividades como caminar, andar en bicicleta o simplemente sentarse a observar potencian el efecto restaurativo frente al ejercicio intenso en entornos urbanos.

Los autores advierten que la clave está en permitir que la atención se relaje, no en “hacer algo productivo”. La naturaleza actúa cuando el cerebro deja de esforzarse.

En ese marco, el estudio plantea un cambio de paradigma relevante para la salud pública y el diseño urbano. El acceso a entornos naturales no debería entenderse como un privilegio, sino como un factor estructural de bienestar mental. En sociedades hiperconectadas y sobreestimuladas, la desconexión digital y la reconexión con lo natural aparecen como una forma concreta —y científicamente respaldada— de cuidar el cerebro.

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