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¡Qué bonita vecindad!: las nuevas claves geopolíticas en el patio trasero de Trump Investigación

¡Qué bonita vecindad!: las nuevas claves geopolíticas en el patio trasero de Trump

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Claudio Pizarro Sanguesa
Por : Claudio Pizarro Sanguesa Periodista Unidad de investigación de El Mostrador.
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La captura de Nicolás Maduro marcó un quiebre geopolítico en América Latina y reactivó un nuevo enfoque de seguridad de EE.UU. El giro debilita el multilateralismo y obliga a los países a redefinir su autonomía frente a Washington.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
La captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses marcó un quiebre geopolítico en América Latina y reactivó una política exterior más dura de EE.UU., inspirada en la llamada “doctrina Donroe”. El nuevo enfoque prioriza seguridad, control migratorio, combate al narcotráfico y reducción de la influencia de China, Rusia e Irán en la región, validando el uso de la fuerza como disuasión. El giro debilita el multilateralismo y obliga a los países latinoamericanos a redefinir sus márgenes de autonomía frente a Washington.
Desarrollado por El Mostrador

La captura de Nicolás Maduro por fuerzas especiales de Estados Unidos, el pasado 3 de enero, marca un punto de inflexión en la geopolítica latinoamericana, reavivando viejos debates sobre la Doctrina Monroe, la influencia de potencias extranjeras y el multilateralismo. Todas materias en redefinición y análisis, después que el Gobierno encabezado por Donald Trump decidiera irrumpir en Venezuela.

Lo que comenzó como una operación militar relámpago contra el régimen chavista, ha generado ondas expansivas que plantean –como telón de fondo– una nueva distribución del poder en la región, probablemente el mayor ajuste de naipes desde la Guerra Fría. Se trata, en rigor, de un esquema disruptivo inmerso en la Nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, presentado por la Casa Blanca el 04 de diciembre pasado, un mes antes de la Operación “Resolución Absoluta”.

El enfoque fue bautizado como “Doctrina Donroe”, aludiendo al cruce de nombres entre Donald Trump y James Monroe, el presidente que en 1823 decretó las bases de la política hegemónica de Estados Unidos sobre el continente. “América para los americanos”, fue la consigna de la época. Ahora –más de dos siglos después– la oferta parece no haber variado. “Zanahoria y garrote”, dicen los expertos, buscando resumir su eventual alcance.

“Bajo nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado. No ocurrirá”, dijo Trump sobre el nuevo enfoque de política exterior. El documento plantea que la migración ilegal y el narcotráfico son agentes desestabilizadores y que ambos problemas provienen de un mismo lugar: Latinoamérica.

Otro aspecto fundamental del nuevo marco de acción comprende la necesidad de limitar la influencia de países extranjeros en la región, particularmente China, Rusia e Irán. Todos ellos instalados en Venezuela con sus propios negocios, como en extracción de tierras raras (China), fábricas de drones (Irán) y asesorías militares (Rusia). Todo, a menos de 5 horas de Miami.

Las reglas del juego, en este sentido, son claras: “La fuerza es el mejor elemento disuasivo”, dice el mismo documento.

Venezuela fue la prueba empírica de que el asunto venía en serio. Ahora, con Delcy Rodríguez a la cabeza del Gobierno y Maduro enfrentando a los tribunales de justicia en Nueva York, la advertencia de Trump no tiene matices. “Si ella no hace lo correcto, pagará un precio muy alto, probablemente mayor que el de Maduro”, comentó hace pocos días, luego de transparentar que detrás de la operación en Venezuela estaba el interés por controlar la industria petrolera.

America First es el concepto de fondo usado por Trump. Un lema que busca volver a hacer grande a Estados Unidos, redefiniendo el papel de ese país en el mundo, a través de un “realismo flexible” y “pragmático”, sin “predisposición intervencionista” –dicen–, pero dejando en claro que no transarán sus intereses.

El plan, por cierto, afecta a todo el vecindario.

El vecindario

El diseño de seguridad de Estados Unidos –coinciden los expertos– constituye una brecha ineludible para América Latina, pues la involucra en la resolución de al menos cuatro puntos ya anunciados: nuevas inversiones, restricción del tráfico de drogas, control a la migración irregular y reducción de competencia de actores extrarregionales.

Cada una de estas observaciones, por supuesto, tiene un corolario en cada país. Obviamente, los más afectados parecen ser aquellos no dispuestos a navegar en las aguas del nuevo escenario geopolítico, no por propia voluntad necesariamente, sino porque sus dinámicas internas colisionan con los requerimientos de Estados Unidos. Además de Venezuela, los otros países en la mira serían Cuba, Colombia y México.

Sobre Colombia, ya han caído una serie de advertencias, incluida una invectiva de Donald Trump contra Gustavo Petro, a quién conminó públicamente a cuidarse “el trasero”. Días más tarde, el presidente de Colombia llamó a su homónimo norteamericano para limar asperezas. “Si no se dialoga, hay guerra”, sostuvo luego de la llamada telefónica, confirmando una invitación de Trump a la Casa Blanca.

“Yo no apostaría por un ataque de las características de Venezuela en Colombia, sobre todo porque en 5 o 6 meses eligen un nuevo presidente. Entonces, sería adelantarse cuando el panorama podría cambiar pronto”, explica el analista Gilberto Aranda.

Respecto a Cuba, el especialista en derecho internacional asegura que sí puede recaer una respuesta más contundente. Se sabe, por lo pronto, que los aportes provenientes de Venezuela serían congelados, y que esta medida agudizaría las repercusiones del bloqueo económico. “Visto de este modo, se podría incrementar el bloqueo, buscando desmoronar el régimen. Incluso, tampoco descarto algún tipo de ataque”, añade Aranda.

“Si yo viviera en La Habana y trabajara en el Gobierno, estaría preocupado”, dijo hace unos días Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, aunque Trump descartó una intervención directa, pues aseguró que el régimen en la isla estaba “listo para caer”. “No creo que necesitemos ninguna acción”, sostuvo.

En México las aguas tampoco están tranquilas. Las acusaciones de Trump en contra de Claudia Sheinbaum se incrementaron tras la intervención en Venezuela, acusando a la mandataria de no actuar con decisión en contra de los carteles de drogas, generando serios problemas a Estados Unidos. “Vamos a tener que hacer algo”, dijo Trump el domingo pasado.

Este modelo injerencista ha puesto en tela de juicio la vigencia de algunos paradigmas, particularmente aquellos vinculados al funcionamiento de las relaciones internacionales, proponiendo un esquema de negociación bilateral con Estados Unidos como el gran interlocutor. “Desde el punto de la influencia política, ahora parece irrelevante lo que diga o haga Naciones Unidas”, explica a El Mostrador el excanciller Heraldo Muñoz.

“Naciones Unidas surgió para poder asegurar la paz y la seguridad mundial, al igual que algunos organismos regionales. El nuevo esquema de disrupción que ofrece ahora Estados Unidos, implica un relacionamiento bilateral con los países, debilitando completamente el multilateralismo que teníamos anteriormente”, enfatiza el exministro de Relaciones Exteriores del segundo Gobierno de Michelle Bachelet.

Para Gilberto Aranda, esta situación debilita las posibilidades de negociación de los países más pequeños. “Es probable que queden desguarnecidos del multilateralismo, que era el sistema que les daba voz y de alguna manera también músculo. Lo que se pretende instalar ahora son más bien esferas de influencia, que no guardan relación con los códigos del derecho internacional”, apunta el académico de la Universidad de Chile.

Este nuevo escenario de áreas de influencia o circuitos de acción –coinciden algunos expertos– es también una manera eufemística de “repartirse el mundo”. “Tiene algo de eso”, dice Heraldo Muñoz. “Es una estrategia que no cae nada de mal a Rusia y China, porque si el hemisferio occidental es pretendido por Estados Unidos, quizá Rusia tiene una justificación para su invasión en Ucrania y China puede hacer algo similar en su propio entorno, partiendo por Taiwán”, explica.

“Zanahoria y garrote”

Navegar en estas aguas turbulentas será uno de los desafíos de la próxima administración de José Antonio Kast, señala el especialista en seguridad y defensa Richard Kouyoumdjian. “Es importante saber hacerlo porque la situación actual es muy compleja y Estados Unidos privilegia una visión del mundo que es propia de ellos”, asegura.

“No es que vayan a prohibir que nuestro país importe o exporte desde China, pero va a comenzar a haber presiones, probablemente se implementará un estatuto de inversiones extranjeras, exigiendo una calificación a aquellas que figuran como estratégicas y que tengan que pasar previamente por el Consejo de Seguridad Nacional. O sea, que no todo se resuelva bajo criterios económicos. No hay que olvidar que Estados Unidos ya rechazó el observatorio que pensaban construir los chinos en el norte”, apunta el especialista sobre el proyecto en Cerro Ventarrones, en Antofagasta, que el Gobierno congeló tras reclamos de la administración de Joe Biden, en enero del año pasado.

En el fondo –coinciden varios analistas–, las relaciones con Estados Unidos estarán supeditadas a la vieja práctica de la “zanahoria y el garrote”. “Seguramente invertirán los millones de dólares que estaban asignados a la USAID (agencia de ayuda humanitaria) en fondos estratégicos, pero si los países se alejan de los objetivos trazados por ellos, usarán la táctica de los aranceles y, si el tema es más grave, el uso de la fuerza… pero creo que son pocos los que se aventurarán a provocar al tío Sam”, reflexiona Kouyoumdjian.

En este escenario, agrega el académico y analista internacional Guillermo Holzmann, es primordial tener claridad sobre los intereses que cada país considera importante defender. “El Gobierno de Kast deberá separar adecuadamente las prioridades de un Gobierno de emergencia, sometido a las presiones de la coyuntura, con las decisiones estratégicas que debe tomar respecto a sus principales socios comerciales”, explica. De no hacerlo –agrega–, puede quedar “sumido en un limbo”.

“Si no se hace separación, lo coyuntural se va a comer lo estratégico y vamos a tener un conflicto simultáneo con China y con Estados Unidos, porque no vamos a poder manejar ambos frentes. Por eso creo importante que el nuevo Gobierno tenga un asesor estratégico que armonice las decisiones de impacto inmediato con aquellas estratégicas”, plantea el analista.

Estrategias e intereses

Independientemente de la afinidad política del futuro Gobierno con la administración Trump, Heraldo Muñoz asegura que es importante entender otros factores. “Perfectamente Trump puede valorar la simpatía política, pero si le parece mal la presencia de China en la industria del litio, por ejemplo, puede amenazar con sanciones arancelarias o la cancelación del Visa Waiver”, analiza.

Es por esta razón, añade el excanciller, que le parece importante preservar ciertos principios y valores de continuidad histórica en la política exterior chilena, como “el respeto al derecho internacional, a los tratados, la solución pacífica de las controversias, el principio de soberanía e integridad territorial y la promoción de la democracia y los derechos humanos”.

Si hay algo reconocidamente “gringo” en las relaciones internacionales –coinciden los analistas– es la mirada a largo plazo. Y es en este ámbito que, asegura Kouyoumdjian, probablemente Estados Unidos busque generar ventajas comparativas, entendiendo que tiene claridad absoluta de cuáles son los recursos que requiere. “Pienso en litio, hidrógeno verde, tierras raras”, dice el analista.

Para el experto en defensa, al listado se sumarían minerales críticos, tecnología y explotación de recursos naturales. También eventuales negocios vinculados a la industria naval, dice Kouyoumdjian. “A ellos les interesa la industria que se ha desarrollado de construcción naval en Chile, porque necesitan hacer crecer su flota y hay algunas cosas que han hecho con Asmar y Asenav, como un rompehielos y buques logísticos que están construyendo ahora. Probablemente les interese eso”.

Otra zona de interés, agrega el analista en defensa, es la Antártica. “Es probable que Estados Unidos, junto a Chile y Argentina, desarrollen expediciones de investigación científica, porque China ha comenzado a invertir fuertemente allá y ellos sienten la necesidad de adelantarse”.

Holzmann comparte la mirada. “Estados Unidos quiere asegurar un acceso directo y permanente en la Antártica. Eso lo puede hacer con Argentina, Chile o ambos, buscando una posición dominante. Eso significa que va a colocar sobre la mesa probablemente la posibilidad de una base. Incluso el Comando Sur (unidad encargada de las operaciones de seguridad en Centroamérica, Sudamérica y el Caribe) ya conversó con Milei”, apunta el experto sobre los planes de construir una base naval en Ushuaia, paso previo en la logística de aproximación a la Antártica.

En materia de seguridad, Kouyoumdjian cree que pueden existir alianzas interesantes con Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina y Chile. “Probablemente estos países van a recibir apoyos de la DEA y el FBI, para trabajar en conjunto con Estados Unidos contra el crimen organizado, aunque a ellos en este momento les preocupa más el tema de droga, pero si todos nos unimos y ellos apoyan con tecnología e inteligencia, yo creo que se puede hacer mucho trabajo”, explica.

Sobre la eventual diáspora de regreso a Venezuela, a través de un corredor humanitario, Heraldo Muñoz tiene dudas. El excanciller dice que es un proyecto complejo de realizar, debido a su envergadura logística y financiera. “Si se quiere expulsar –o invitar a que salgan 330.000 venezolanos que están de manera irregular–, hay que imaginar cuántos buses se requeriría para viabilizar ese corredor humanitario. Además, requiere la coordinación con varios países, algunos pueden suponer que les traspasamos un problema y pueden existir presiones en las propias fronteras. Es algo extremadamente complejo de materializar”, pronostica Muñoz.

Las relaciones internacionales y los intereses comerciales, advierte Gilberto Aranda, van a sufrir un giro drástico. Si la estrategia de Estados Unidos es restringir la maximización de beneficios comerciales en otras regiones del mundo, implica que “esa globalización que conocimos de capitalismo, de derechos humanos y democracia, cambió a favor de una geopolítica dura”.

En esta coyuntura, entonces, más que buscar un alineamiento total con Estados Unidos, los países deberían luchar por preservar márgenes de autonomía en algunas áreas. “Chile y otros países de la región no pueden soslayar que el comercio con regiones fuera de las Américas es muy importante”, asegura el académico.

Aranda vaticina que se viene una discusión interesante al respecto y que son varias las preguntas que debemos responder, como definir los niveles de alineamiento –total o parcial– o visualizar otras esferas de movimiento. “Y ahí es importante ver cuál es el margen de maniobra o el grado de entendimiento que tenga el futuro Gobierno”, indica Aranda.

“Porque puede ser un Gobierno muy pragmático y tratar de separar algunas cosas, alinearse muy estrechamente en otras o ensayar algún tipo de conducta de más autonomía en pro de los beneficios para el país. Eso no lo sabemos. Pero sí Estados Unidos dejó claro que los países de la región deben decidir. Entonces, ahí vamos a ver cuánto se puede diferenciar lo secundario de lo estratégico”, explica.

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