Investigación
Imagen: ICE
Armando Fernández Larios: el hombre que sabe demasiado
Desde 1987 se encontraba en Estados Unidos, pero cayó detenido en un operativo de ICE. Enfrenta cinco pedidos de extradición desde Chile, incluyendo uno por la investigación relativa al asesinato de la secretaria de Orlando Letelier.
La detención del exagente de la DINA Armando Fernández Larios en Miami, que recién se conoció hace un par de días, y la eventualidad de que sea enviado a Chile, donde es requerido en al menos cinco procesos judiciales, reabrirá una serie de fantasmas del pasado, especialmente los relacionados con el homicidio de Orlando Letelier y su secretaria, Ronni Moffitt, asesinados en Washington DC en 1976, crimen que atravesó toda la política chilena hasta no muchos años, y que parecía haber quedado en el pasado.
Fernández Larios tuvo un rol central en ese crimen, perpetrado con el fin de asesinar al excanciller de Allende que, hacia ese año, aparecía como la principal figura de oposición en el exterior a Augusto Pinochet. Para decidir cómo y cuándo sería ejecutado, la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional) decidió enviar a una supuesta pareja de pololos a la capital de Estados Unidos a efectuar las tareas de inteligencia previas.
Se trataba del entonces teniente Armando Fernández Larios y de una integrante de la Brigada Femenina de la DINA que usaba el seudónimo de “Liliana Walker”, la cual fue buscada durante varios hasta que finalmente la encontró el diario La época, que reveló que su verdadero nombre era Mónica Luisa Lagos, quien posteriormente cambió de nombre a Paula Kaister de Dior.
Fernández Larios renunció al Ejército en 1987 y se fue a Estados Unidos (país donde nació), negociando un acuerdo que lo mantuvo fuera de la cárcel, a cambio de su cooperación. Según un documento desclasificado, en esa fecha el exoficial prestó un largo testimonio, que partía diciendo: “Recuerden que soy oficial del Ejército chileno y que obedecía órdenes ciegamente”.
En la DINA
Según su relato, él no postuló a la DINA, que se formó en 1974 oficialmente, sino que fue llamado a formar parte de ella junto a otros 20 tenientes, aseverando que “era un honor haber sido escogido”. Sin embargo, aseguró que se sentía traicionado, que “los generales odiaban a Contreras (el director de la DINA) porque era un inmoral”.
Sobre el crimen de Letelier y Moffitt, dijo que en junio de 1976 le dijeron que viajaría a EE.UU. junto al estadounidense Michael Townley, quien vivía en Chile desde su adolescencia y era agente de la DINA. Según el documento desclasificado, “Fernández conocía a Townley a través de Espinoza”, en referencia a Pedro Espinoza, el segundo hombre al mando de la DINA.
Fue este quien le explicó cuál era la idea del viaje: “Conocer a qué se dedicaba Letelier: dónde se encontraba y qué hacía. Letelier hablaba mucho en público, tratando de impedir la negociación de un préstamo para Chile”, aseveró, agregando que para ir a Estados Unidos era necesario conseguir pasaportes falsos, para lo cual Manuel Contreras les encomendó que fueran a Paraguay. Allí, luego de varios días, militares amigos de Contreras les entregaron dos pasaportes falsos, con visados estadounidenses.
Tras regresar a Chile, ya a inicios de agosto, “Espinoza le dijo que iba a ir a los Estados Unidos acompañado de Liliana Walker y le dio un pasaporte oficial chileno con un nombre falso”.
En lo que respecta a Liliana Walker, Fernández Larios dijo: “Hay dos clases de mujeres. En ningún momento la presentaría como mi novia o esposa. Uno puede salir un par de veces con una mujer como esa, pero nunca la llevaría a un restaurante, etc. Procedía de una clase social más baja, no tenía las uñas cuidadas“.
Junto a ella se registraron en el famoso Hotel Washington, justo enfrente de la Casa Blanca, y comenzaron a tratar de vigilar a Letelier, pero según Fernández este se encontraba en Europa y regresaría en 20 días, según su relato, aunque de todos modos chequeó la dirección de su casa y posteriormente, cuando Michael Townley viajó a Estados Unidos, se reunieron con este en Nueva York, entregándole el domicilio.
No obstante, esa versión es falsa, pues como informó El Mostrador respecto de una declaración semejante realizada por Mónica Luisa Lagos, Letelier sí estaba en Washington y ella logró conocerlo, recordándolo como “un hombre atrayente, varonil y (que) daba la sensación de un gran señor”. De hecho, la intención inicial era que ella lo sedujera, pero no lo consiguió. Sin embargo, según su versión, Fernández Larios sí intentó acostarse con ella, a lo que no accedió.
Tras el crimen de Letelier y Moffitt, Espinoza le dijo que “usted tiene que decir que la oposición es la que lo ha hecho” y, detalla el informe desclasificado, luego de eso, “Espinoza hizo una mueca como para indicar que eso solo era un cuento y Fernández, con otra mueca, contestó que comprendía”.
“Usted nunca viajó allá”
Em 1978, cuando EE.UU. comenzó a exigir a Chile la entrega de Townley por el crimen de Letelier, empezaron a aparecer públicamente muchos antecedentes, incluyendo el viaje a Paraguay.
Ante ello, Fernández, que había sido traspasado a la Central Nacional de Inteligencia (CNI), luego de que la DINA dejara de existir, fue a ver a Contreras, quien ya no estaba al mando. Le manifestó su inquietud, pero el exjefe de la DINA le respondió “no se preocupe. Yo me encargaré de todo. No hay apuro. Olvídese del viaje a Estados Unidos. Usted nunca viajó a allá”, frente a lo cual el hoy detenido exoficial le preguntó cómo lo podría negar.
“Niéguelo”, fue la seca instrucción que recibió de Contreras. Sin embargo, el director de la CNI, el general Odlanier Mena –el peor enemigo de Contreras– lo citó y le preguntó qué había tenido que ver en el crimen. Fernández Larios siguió el guion: “nada. Nunca viajé”, explica el documento.
Por supuesto, Mena no le creyó y ordenó que el entonces capitán quedara detenido. Lo soltaron a las pocas horas y posteriormente lo trasladaron a Antofagasta. Por cierto, Mena no tenía cómo comprobar si lo que le decían era cierto o no, pues, como es sabido, Contreras se llevó todos los archivos de la DINA, lo que refrendó Fernández Larios en su declaración en Estados Unidos: “Antes de llegar Mena se habían llevado todos los archivos. Fue como el final de una guerra”.
Desesperado y presionado por Mena, Fernández Larios volvió a pedir consejo a Contreras y este le dijo que argumentara que sí había ido, pero de vacaciones. En otra ocasión, le aconsejó decir que había viajado para hacer negocios para Codelco, pero le insistió en que “ustedes nunca deben decir que alguna vez vieron o fueron a ver a Letelier, o Pinochet me echará del Ejército”.
Finalmente, las cosas cambiaron de color cuando Pinochet decidió entregar a Townley a la Justicia de Estados Unidos, donde este –al llegar– comenzó a hablar, a cambio de una sentencia reducida y protección de por vida.
En medio de todo ello, Fernández Larios contó que el general Héctor Orozco, que era el jefe de inteligencia del Ejército, preguntó derechamente a Contreras si él había ordenado el asesinato de Letelier.
“Sí”, respondió, ante lo cual este le preguntó por qué lo había hecho.
“Pregúntale al jefe”, contestó Contreras, en referencia a Pinochet, lo que hizo salirse de sus casillas a Orozco, quien le dijo que “no puedes declarar eso”.
Un “inocente”
En su testimonio, Fernández Larios, también como una cosa casi casual, mencionó el hecho de que estuvo en el ataque a La Moneda y que –según él– fue el primer soldado en ver el cuerpo de Allende, y que había recibido adiestramiento en inteligencia en dos partes distintas: Fort Gulick, Estados Unidos, y Brasil, algo relevante, dado que Fernández también operó en el cuartel que la DINA poseía al interior de Colonia Dignidad, donde había a lo menos cuatro militares brasileños, que efectuaban interrogatorios junto a los chilenos de la DINA y a los alemanes del lugar.
También relató en forma muy liviana su papel en la Caravana de la muerte, afirmando que fue asignado como escolta del general Sergio Arellano Stark, pocos días después el golpe de Estado: “Se trataba de viajar por todo Chile en helicóptero para consolidar el poder militar o reforzar la idea de un gobierno militar”, explicó, en referencia a los viajes realizados hacia el sur y el norte en un helicóptero Puma, agregando que “de lo que supe del viaje, Arellano ordenaba detenciones y, después de juicios militares, la ejecución de los detenidos”.
Sin embargo, aseguró que él “no había participado en torturas, asesinatos, palizas u otros actos de violencia”, todo lo cual se desmiente por los al menos cinco procesos por violaciones a los derechos humanos que tiene abiertos en Chile y por los cuales se ha pedido su extradición a Estados Unidos, en los casos por el homicidio del diplomático español Carmelo Soria, en el episodio “La Serena” de la Caravana de la muerte y en el crimen de Ronnie Moffitt, entre otros casos, todos los cuales son instruidos actualmente por la ministra en visita para Derechos Humanos de la Corte de Apelaciones de Santiago, Paola Plaza, quien aún no recibe ninguna notificación oficial respecto de la detención de Fernández Larios.
Por cierto, en su testimonio Armando Fernández Larios también “olvidó” mencionar que en 1974 realizó las mismas funciones de inteligencia previas al asesinato del excomandante en Jefe del Ejército Carlos Prats, a quien conocía muy bien, pues había sido su ayudante.
Si bien el trámite regular indica que este debería ser extraditado, con todas las formalidades y tiempos que ello implica, fuentes policiales indicaron que, dado que fue aprehendido por ICE en Miami, existe también la posibilidad de que sea simplemente expulsado.
Lee la declaración de Fernandez Larios