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Desde el “rapto” al Armagedón: la creciente influencia del nacionalismo cristiano en EE.UU. Investigación Archivo

Desde el “rapto” al Armagedón: la creciente influencia del nacionalismo cristiano en EE.UU.

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Carlos Basso Prieto
Por : Carlos Basso Prieto Unidad de Investigación El Mostrador
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Creyentes en dicha doctrina comparan la figura de Donald Trump con la del rey persa Ciro el Grande y creen que el ataque a Irán es parte de una misión encomendada por Dios. Pese a todo ello, especialistas señalan que el mandatario no es un hombre creyente.


Más de 200 denuncias había recibido hasta la semana pasada la ONG estadounidense Military Religious Freedom (MRFF), provenientes de al menos 50 bases militares de Estados Unidos, en las cuales los denunciantes daban a conocer que distintos comandantes les habían dicho lo mismo: que la guerra en Irán “es parte del plan divino de Dios” y una etapa previa al regreso de Cristo a la Tierra.

The HuffPost reportó al respecto que apenas comenzaron los ataques simultáneos de EE.UU. e Israel, el 28 de febrero pasado, en MRFF empezaron a recibir llamados de soldados que les decían que sus oficiales superiores argumentaban cosas como “no se preocupen, que es el plan de Dios”, según explicó el presidente de la organización, Michael Weinstein.

En una unidad, de hecho –según el artículo– uno de los superiores dijo a los demás que el presidente Donald Trump “había sido ungido por Jesús para encender la señal de fuego en Irán que causará el Armagedón y marcará su regreso a la Tierra”, en referencia a la batalla del monte Megido (el Armagedón), que, según el libro del Apocalipsis, es la batalla final entre Dios y los humanos que no aceptan su autoridad.

Weinstein definió estos hechos como “extremismo religioso” vinculado a una tendencia muy fuerte en este momento en Estados Unidos: el nacionalismo cristiano, movimiento religioso que entre otras fuentes bebe de las teorías del teólogo John Nelson Darby, quien creía en el siglo XIX que el tiempo se iba a acabar y llegaría “el rapto”, en medio del cual los creyentes verdaderos desaparecerían repentinamente de la faz del planeta, pues serían llevados al cielo.

Al mismo tiempo, en la Tierra solo quedarían los pecadores y se produciría “la gran tribulación, marcada por la presencia del anticristo, el caos global y el juicio final”, lo que se refleja en la exitosa serie de HBO The Leftovers (conocida en español como Dejados atrás).

El exnacionalista cristiano Tim Whitaker, que hoy se dedica a denunciar a ese movimiento por medio de sus redes sociales, señala al respecto quemuchos de nosotros vivimos atemorizados en nuestra infancia porque el rapto ocurriría en cualquier momento y si no éramos verdaderos cristianos seríamos dejados atrás”.

Asimismo, relata que “cuando tú creces dentro de esta visión de mundo estás constantemente escaneando las noticias para buscar señales de que la profecía se está revelando. Cada conflicto se convierte en una pista, cada líder político se convierte en un potencial anticristo”.

Es por ello que para muchos nacionalistas cristianos lo que está ocurriendo en Irán es una señal divina de la cercanía del fin de los tiempos. Agrega que “los cristianos conservadores blancos están literalmente aclamando el genocidio en Palestina y el lanzamiento de bombas en Irán, porque creen que esto nos lleva más cerca del fin del mundo. Es un culto apocalíptico instalado en el asiento del piloto del Ejército más poderoso del mundo”.

Pete Hegseth rezando junto a Doug Wilson (imagen: Departament of war)

Fanáticos religiosos lunáticos

A inicios de marzo, el Secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, trató de justificar ante los periodistas la nueva guerra del siguiente modo: “Déjenme explicarlo, muchachos, en inglés simple: Irán está liderado por lunáticos, fanáticos religiosos lunáticos”.

Sus palabras dieron paso a una serie de memes y bromas en redes sociales, comparando a los fanáticos religiosos chiitas con las autoridades norteamericanas, en especial después que el 5 de marzo el presidente Donald Trump recibiera a un grupo de pastores encabezados por el teleevangelista Greg Laurie. En enero de 2025, Laurie posteó una foto suya junto a Trump, recordando que el mandatario había sobrevivido a dos atentados contra su vida y que este “ha dicho que él cree que Dios lo salvó”.

Virales han sido también las imágenes que muestran a la pastora Paula White-Cain (quien actualmente dirige la oficina de la Fe de la Casa Blanca) cayendo en una especie de éxtasis místico en el cual, luego de repetir varias veces que “los ángeles están siendo enviados desde África”, comienza “a hablar en lenguas”, emitiendo sonidos incomprensibles, en la práctica religiosa conocida como “glosolalia”, tal como lo hacía Paul Schäfer cuando dirigía algunas prédicas secretas, solo para sus cercanos, en el hangar de aviones ubicados en la pista de la secta de Colonia Dignidad, cuyas creencias apocalípticas eran muy cercanas a las del nacionalismo cristiano y, de hecho, tenían su fundamento en la doctrina de “la lluvia tardía”, creada en los años 40 en Estados Unidos por el predicador William Branham.

Deus vult

Otra evidencia de lo fuerte que es el nacionalismo cristiano entre quienes gobiernan actualmente Estados Unidos está en los dichos del senador republicano Kevin Cramer, quien dijo que su país tiene “una responsabilidad bíblica hacia Israel”, pero quizá el representante más genuino de toda esta tendencia es el secretario de Defensa, el experiodista de Fox News Pete Hegseth, quien hace cuatro semanas llevó al telepredicador Doug Wilson a encabezar el servicio mensual de oración del Pentágono.

Wilson cree que está mal que las mujeres tengan derecho a voto y entre otras cosas es autor de un libro llamado Esclavitud sureña, como fue, en el cual señala, entre otras cosas, que “la vida de los esclavos fue plena de placeres simples, de comida, ropa y buen cuidado médico. La esclavitud en el sur produjo un genuino afecto entre las razas que podemos decir que nunca ha existido en ninguna nación”.

Janessa Goldbeck, directora ejecutiva de Vet Voice Foundation, una organización sin ánimo de lucro dedicada a cuestiones de Defensa, dijo a El Diario.es que “Pete Hegseth es un tipo muy peligroso. Es un nacionalista cristiano blanco que tiene el arsenal del Gobierno de los Estados Unidos a su disposición y un permiso del presidente Trump para desatar una carnicería donde quiera y contra quien quiera”.

Un posteo de ese medio al respecto fue respondido por el periodista chileno y excorresponsal de guerra Amaro Gómez-Pablos en los siguientes términos: “Cuestión de ver sus tatuajes. ¿Tendrá en la piel lo que pasa por su cabeza? La cruz, la espada y la frase ‘Deus Vult’, o ‘Dios lo quiere’, el grito atribuido a los cruzados en 1095”, señaló, aludiendo a las imágenes que muestran esos y otros mensajes de corte religioso y político tatuados sobre la piel de Hegseth.

Steve Hassan, uno de los principales expertos en sectas de Estados Unidos, asegura queel escuchar la idea de que Trump es un elegido por Dios y que el conflicto en Irán es una guerra santa, encaja perfecto en ese patrón”. Agrega que “intentar reconvertir a los militares en una fuerza nacionalista cristiana no es patriotismo. Es reconversión del pensamiento. Es un tipo de ideología del todo o nada, en que yacen los sistemas autoritarios, para justificar la violencia y suprimir el disenso”.

Los tatuajes de Pete Hegseth.

Las antiguas raíces

El cientista político y profesor de la Universidad de Chile, Robert Funk, quien la semana pasada publicó una columna al respecto en El Mostrador, señala que “el término nacionalismo cristiano es relativamente nuevo en su uso común, para referirse a algo que antes llamábamos la extrema derecha o incluso grupos de supremacía blanca” como el Ku Klux Klan, que –detalla– no solo actuaba en contra de los afroamericanos, sino también de los católicos, representados en la década del 20 del siglo pasado por una masiva inmigración italiana e irlandesa, producto de la política de puertas abiertas que Estados Unidos tuvo durante mucho tiempo.

Fue allí –detalla– cuando “empieza a haber una presión en orden a impedir la migración, y ahí es donde surge la expresión de America First y la idea de que ya bastaba de tanto inmigrante, y el Ku Klux Klan lideraba en gran medida ese movimiento”.

Posteriormente –agrega–, en la época del presidente Richard Nixon, este implementó “La estrategia del sur”, destinada a ganar el voto sureño –que tradicionalmente era demócrata, no hay que olvidar que Lincoln era republicano–,- “y ahí empieza a utilizar el tema de mezcla de nuevo, el tema del anticomunismo, el tema de raza”, el que posteriormente se funde con “la influencia del movimiento evangélico en la época de Reagan, para la campaña del 80”.

De ese modo se fue configurando un Partido Republicano que “tiene vetas o tendencias que representan a todos los grupos: el anticomunismo, el protestantismo evangélico, el aislacionismo, el racismo. Todas esas cosas estaban presentes en el partido y explotan un poco cuando se elige a Barack Obama y surge el Tea Party, que es otra expresión de lo mismo, pero básicamente es una reacción al hecho de que hay un presidente negro”.

En dicho contexto “llega Trump y él se aprovecha de todas esas esas tendencias y cuando lanza su campaña en 2015, en la escalera mecánica en la Trump Tower, dice ‘aquí estamos siendo invadidos por inmigrantes de México, que son todos violadores y drogadictos‘ y ahí, entonces, hablando a esa base”.

Ahora bien –explica Funk–, junto a la persistencia de lo que se denomina el ideal WASP (White, Anglo-Saxon and Protestant), según el cual “Estados Unidos es un país blanco protestante y anglosajón”, este se ha mezclado de algún modo con lo que, por ejemplo, representa uno de los principales asesores de Donald Trump, Steve Bannon, que es católico.

Así, indica Robert Funk, se ha juntado una especie de catolicismo muy conservador con ese discurso evangélico, mix en el cual, por cierto –precisa–, no entran los judíos, dado que, pese a todo el apoyo de Trump a Israel, “la comunidad judía consistentemente vota en un 80% por los demócratas en Estados Unidos”, dado que “los judíos en Estados Unidos suelen ser súper liberales en el sentido norteamericano”.

Comentario de Amaro Gómez-Pablos acerca de los tatuajes de Pete Hegseth.

El moderno Ciro

Frente a las imágenes de Trump rezando en el Salón Oval, Funk indica que el mandatario es, “por su trayectoria, la peor persona posible para representar lo que supuestamente cree un evangélico”, entre otras cosas porque “nunca ha sido particularmente religioso”.

El periodista de investigación estadounidense Douglas Farah dice a ese respecto que se trata de un simple acto de oportunismo político, pues “él mismo ha dicho que no es creyente”, ante lo cual precisa que es necesario tener en cuenta que para el nacionalismo cristiano “Estados Unidos nace con la idea de ser un país elegido por Dios, o bendecido especialmente por Dios”.

Y agrega que “durante muchos años ha existido esta tendencia de decir que Estados Unidos equivale a Dios y que Dios equivale a Estados Unidos, que Estados Unidos es escogido por Dios para traer bendiciones al mundo, y que eso nos da el derecho de tomar las riquezas que necesitamos  para manejar el mundo como Dios quiere, como solo Estados Unidos lo puede hacer”.

Es –critica– “una teología fuera de contexto, y fuera de Estados Unidos parece una locura, pero es muy fuerte dentro del país” y la clave al respecto, especifica, es que se estima que un 25% de la población comulga con dichas ideas, pero eso no es lo más peculiar, sino lo que relata a continuación: que tanto en la primera elección de Trump como en la segunda “se organizaron alrededor de él diciendo que hay una historia en la Biblia, en el Antiguo Testamento, en la cual, luego de la captura de los judíos por parte de los babilonios, Dios utilizó a un hombre de guerra, un hombre con muchas mujeres, un gran pecador, para devolver la nación de Israel a su tierra natal”, señala, en referencia al rey persa Ciro el Grande, quien conquistó a los babilonios y permitió que los judíos cautivos volvieran a su país.

Esta historia, agrega Farah, es utilizada por los votantes del mandatario para decir “bueno, Trump es una persona que tiene muchos problemas morales y éticos, pero Dios lo puede utilizar para reencaminar Estados Unidos a su rol divino, que es gobernar el mundo. Todo lo que ha pasado con él dicen que está bien, porque Dios puede usar una persona terriblemente pecadora para hacer grandes obras. Así justifican su apoyo a él”.

Ante ello, “él sacó del clóset a ese grupo y le dio una legitimidad política muy fuerte. Entonces, ya no se esconden” y “con ese destape puso a un ministro de Defensa que es de ese grupo, esa teología”.

Igual que en todo el país, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son un crisol de religiones y Farah comenta que ahora “Hegseth y algunos de sus generales ya están hablando especialmente de la guerra en Irán como una operación divina, que Dios les ha mandado a hacer eso”, lo que califica como algo “sumamente peligroso”.

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