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Ciencia en tiempos de rivalidad

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¡Buenas tardes, estimados lectores y lectoras de Universo Paralelo! 

Por estos días, un nítido recuerdo de mi infancia y épocas universitarias me ha estado rondando: el recuerdo de la Guerra Fría. Creo que no estoy solo en esto. Hace mucho tiempo que no veíamos a las potencias nucleares mostrarse los dientes con tanta vehemencia.

Estaba en segundo año de Licenciatura en Física cuando Morrissey cantaba “Cómo desearía no estar aquí/ En la ciudad costera/ Que se olvidaron de bombardear/ Ven, ven, ven, bomba nuclear./ Todos los días son como el domingo/ Todos los días son silenciosos y grises”. Esta no era una balada trágica. Era una canción que bailábamos, con ritmo rápido, acordes alegres y una melodía luminosa.

Así era la Guerra Fría. El miedo a “la bomba” era parte de la vida cotidiana. Tanto es así que se transmutaba, sublimándose en baile o en canciones de amor. El mismo Morrissey, dos años antes, cantaba con The Smiths: “Porque si no es amor, entonces es la bomba, la bomba, la bomba, la bomba, la bomba, la bomba, la bomba la que nos reunirá”.

Ese ambiente cayó de nuevo, inesperadamente, como una poderosa bomba. En esta edición de Universo Paralelo transmutará en ciencia. Porque la ciencia fue protagonista de la Guerra Fría.

En este número contamos con la participación de Jilberto Zamora, ingeniero mecánico, doctor en Física de Partículas y líder del equipo chileno en el experimento LHCb del CERN; Paula Sierra Seguel, máster en Bioquímica de Proteínas y Biotecnología; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.

Gracias por acompañarnos en esta edición de Universo Paralelo, donde exploramos cómo la ciencia avanzó en un mundo atravesado por la rivalidad, el miedo y la presión política. Desde lo microscópico hasta lo cósmico, este número muestra que el conocimiento no se desarrolla en el vacío: se acelera, se tensiona y, a veces, se paga caro.

Comenta y comparte este link. Y si este número te llegó gracias a que alguien entiende que la ciencia también tiene historia, contexto y consecuencias, inscríbete aquí y sigamos pensando cómo el conocimiento se construye en tiempos de rivalidad.

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CUANDO LA RIVALIDAD NOS LANZÓ AL FUTURO: LOS INESPERADOS TRIUNFOS CIENTÍFICOS DE LA GUERRA FRÍA

Crédito: NASA / Apollo 8.

La Tierra vista desde la órbita lunar durante la misión Apolo 8 (1968), observada desde el espacio mientras la rivalidad entre potencias alcanzaba su punto máximo.

Por Jilberto Zamora
Doctor en Física

Olvídense por un momento del mapa dividido en bloques y del incesante rumor de la amenaza nuclear. La verdadera historia de la Guerra Fría, la más fascinante, no se escribió en los despachos de los espías ni en los silos de misiles. Se escribió en las pizarras de laboratorios secretos, en las salas de control de lanzamientos espaciales y en los talleres donde un puñado de ingenieros, a ambos lados del telón de acero, competían por un título incluso mayor que el de superpotencia: el de forjar el futuro.

  • Esta fue una contienda singular, donde las armas más poderosas no estallaban, sino que orbitaban la Tierra, desentrañaban el átomo y conectaban el mundo. Una rivalidad tan feroz que, paradójicamente, aceleró el progreso humano a una velocidad de vértigo, lanzándonos a las estrellas y, de paso, inventando el mundo digital en el que vivimos hoy.

Desde el bloque soviético emergió un modelo de ingenio concentrado y visionario. Su primer golpe maestro resonó como un “¡bip, bip!” cósmico que atravesó cada radio del planeta: el Sputnik (1957)una esfera metálica que transformó el espacio en el nuevo campo de batalla.

  • Aquella proeza fue el preludio de hitos fundamentales: pusieron al primer ser humano en el cosmos, Yuri Gagarin, y exploraron la superficie lunar con ingenios robóticos como el Lunokhod. En laboratorios como el Instituto Central de Investigaciones de Dubná, sus físicos expandieron la tabla periódica sintetizando nuevos elementos, mientras en el Instituto Kurchatov desarrollaban el reactor Tokamak, diseño pionero para la fusión nuclear controlada. Su ciencia buscaba demostraciones contundentes de superioridad sistémica a través de logros emblemáticos.

La respuesta estadounidense fue una movilización monumental del conocimiento. La humillación del Sputnik galvanizó su ecosistema descentralizado de universidades, industria privada y agencias gubernamentales hacia un objetivo aparentemente quimérico: conquistar la Luna. El Programa Apolo cristalizó como una proeza sin precedentes de gestión y tecnología, culminando con la huella inmortal de Armstrong en 1969.

  • Pero ese mismo impulso científico estadounidense exploraba simultáneamente dimensiones opuestas: hacia lo infinitesimal, con el descubrimiento del quarkencanto” (quark charm, una de las partículas fundamentales de la materia) en el Acelerador Lineal de Stanford; y hacia lo interconectado, donde el proyecto militar ARPANET germinaría hasta convertirse en el embrión de Internet.

Un caso paradigmático de esta carrera paralela fue la génesis del microchip. En 1958, de forma casi simultánea e independiente, Jack Kilby en Texas y Robert Noyce en California crearon los primeros circuitos integrados prácticos, iniciando la revolución de la miniaturización electrónica. Mientras, al otro lado del telón de acero, equipos soviéticos como el liderado por Yuri Osokin desarrollaban sus propios microcircuitos funcionales para 1962. Si el enfoque occidental se orientaba hacia la producción masiva y la miniaturización, el soviético priorizaba la robustez extrema para aplicaciones espaciales y militares específicas.

  • Este duelo silencioso entre ingenieros que jamás se conocerían, potenciado por la urgencia competitiva, forjó el cerebro mismo de nuestra era digital. El legado de este pulso constituye una de las grandes paradojas del progreso humano: la competencia más feroz generó una colaboración involuntaria que benefició a toda la especie. El temor y la ambición canalizaron recursos a escala inédita hacia la ciencia fundamental.

Hoy, cada satélite en órbita, cada diagnóstico médico por imagen y cada dispositivo inteligente lleva en su ADN tecnológico la huella de aquel duelo. La Guerra Fría fracturó el mundo en esferas de influencia, pero su carrera científica, en su búsqueda paralela de la excelencia, terminó tejiendo una red única de conocimiento. Fue la contienda que, al intentar demostrar quién podía más, nos mostró a todos cuánto podíamos lograr, a pesar del inmenso precio humano que pagamos por sostenerla.

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GUERRA FRÍA, BOMBA H Y AGUJEROS NEGROS

Crédito: Imagen generada por IA.

El 1 de septiembre de 1939, las tropas de Hitler invadieron Polonia, acción que detonó el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Pero hubo otro evento ese día que, ante tanta violencia, quedó ensombrecido: la publicación de dos artículos científicos que no solo marcarían la física del siglo XX, sino también el desenlace de la guerra que comenzaba.

En el número de Physical Review de ese día, Niels Bohr y John Archibald Wheeler explicaban el mecanismo físico de la fisión nuclear. En esas mismas páginas, J. Robert Oppenheimer y Hartland Snyder describían el colapso gravitacional de una estrella.

Si bien uno de los trabajos abordaba la física de lo inimaginablemente pequeño –los núcleos atómicos– y el otro se centraba en estrellas, objetos gigantescos, ambos compartían un mismo hilo conductor: exploraban qué ocurre cuando la materia es forzada a regímenes extremos:

  • A temperaturas y presiones suficientemente grandes los núcleos atómicos pueden desgarrarse, liberando energía.
  • En una estrella suficientemente grande, cuando la gravedad vence toda resistencia, es el espacio-tiempo el que puede desgarrarse, produciendo una zona desconectada desde donde no podemos recibir información.

La bomba nuclear y el agujero negro nacen, literalmente, el mismo día. Oppenheimer y Wheeler seguirían liderando el desarrollo de ambos objetos.

Durante los años siguientes, la física dejó de ser una empresa especulativa. Se volvió un asunto de Estado: la defensa, su prioridad. Oppenheimer dirigió el Proyecto Manhattan. Wheeler trabajó en reactores nucleares y, al término de la guerra, en la siniestra bomba de hidrógeno. Los agujeros negros tuvieron que esperar que el mundo se estabilizara, y cuando la física volvió a mirar el problema, ya no lo hizo desde el mismo lugar.

  • Wheeler, ya interesado en el colapso gravitacional, rechazó las ideas expuestas en 1939 por Oppenheimer y Snyder. Consideraba que era un modelo exageradamente idealizado, físicamente ingenuo y poco realista.

La bomba H terminó siendo el laboratorio intelectual que necesitaban los agujeros negros. El arma requirió de hacer cálculos realistas en donde la materia estaba en condiciones muy extremas: ondas de choque, altas presiones, radiación e hidrodinámica no lineal. Esos eran exactamente los mismos ingredientes físicos del colapso estelar.

En los años 50 y 60, los códigos computacionales desarrollados para armas nucleares fueron reutilizados para simular estrellas masivas. El resultado fue claro: incluso al incorporar todos los efectos “realistas” que antes se habían ignorado, la implosión no se detiene. El agujero negro no es una extravagancia matemática: es inevitable.

  • Wheeler no pudo contra la evidencia y fue él quien les dio nombre: black holes.

Oppenheimer, en cambio, siguió otro camino. Tras haber dirigido el proyecto que inauguró la era nuclear, expresó dudas morales sobre la bomba H. Eso bastó. En plena Guerra Fría fue acusado de falta de lealtad, sometido a audiencias humillantes y despojado de su autorización de seguridad. El hombre que había puesto en marcha la física del siglo fue tratado como una amenaza.

Es así como los agujeros negros no son solo objetos astrofísicos: son, como la bomba H, un producto cultural de la Guerra Fría. Una época en que el miedo acechaba en una tensa calma, en la que no podíamos dejar de pensar en las ojivas nucleares de bombas miles de veces más poderosas que aquellas que azotaron Hiroshima y Nagasaki. Tampoco en el destino de todo lo que cruza el horizonte de un oscuro agujero negro.

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NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Crédito: ESO / Very Large Telescope (VLT).

Observación real de Betelgeuse, captada en 2019 con el Very Large Telescope (Chile). Estudios recientes revelaron por primera vez la presencia de su estrella compañera, ayudando a explicar su comportamiento irregular.

Por Francisca Munita
Periodista

Sabemos que esta semana la agenda noticiosa ha estado dominada por la captura de Nicolás Maduro, ordenada por Estados Unidos bajo la administración de Donald TrumpPero mientras la política mundial vuelve a tensarse, en otro plano menos estridente se siguieron moviendo piezas igual de decisivas: preguntas sobre quiénes fuimos, señales que vienen desde el espacio, formas de vida que no sabíamos que existían y máquinas tan pequeñas que desafían nuestra intuición. No son titulares que compitan en ruido, pero sí en capacidad de cambiar cómo entendemos el mundo.

  • Un antiguo pariente humano revela su ADN

¿Quiénes eran los denisovanos? Eran una especie humana extinta, pariente cercana de los neandertales y de nosotros, conocida hasta ahora por pocos fragmentos óseos. En estas semanas, un equipo internacional logró secuenciar el genoma más antiguo y completo de un denisovano, de unos 200 mil años. Este logro permite entender mejor cómo se mezclaron distintas especies humanas en el pasado y qué rasgos genéticos heredamos de ellas. No se trata solo de mirar atrás: muchos genes actuales relacionados con el sistema inmune y la adaptación a ambientes extremos provienen de estos cruces antiguos.
Dato curioso: algunas poblaciones actuales de Asia y Oceanía todavía conservan ADN denisovano en su genoma.
Publicado el 2 de enero de 2026.  Conoce MÁS.

  • Por primera vez “pesan” un planeta que vaga solo por la galaxia

No todos los planetas orbitan una estrella. Algunos fueron expulsados de sus sistemas y vagan solos por la galaxia. En estas semanas, astrónomos lograron medir por primera vez la masa de uno de estos planetas errantes, usando un fenómeno llamado microlente gravitacional, donde la gravedad del planeta curva la luz de una estrella lejana. Saber cuánto pesa un planeta sin estrella ayuda a entender cómo se forman y destruyen los sistemas planetarios, incluido el nuestro.
Dato curioso: se estima que podría haber más planetas errantes que estrellas en la Vía Láctea.
Publicado el 5 de enero de 2026.  Conoce MÁS.

  • Microbios intestinales y el origen de nuestro cerebro

Un nuevo estudio sugiere que los microorganismos que viven en el intestino no solo influyen en nuestra salud actual, sino que también pudieron haber jugado un papel clave en la evolución del cerebro humano. Al comparar genomas y rutas metabólicas, los investigadores encontraron pistas de una relación antigua entre microbiota y desarrollo cerebral. La idea es potente: nuestra inteligencia no sería solo producto de neuronas, sino también de una larga convivencia con bacterias.
Dato curioso: en nuestro intestino habitan billones de microorganismos, tantos que superan en número a nuestras propias células.
Publicado el 5 de enero de 2026  Conoce MÁS.

  • Betelgeuse deja ver la huella de su misteriosa compañera

Betelgeuse, una de los astros más famosos del cielo nocturno, sigue dando sorpresas. Astrónomos detectaron una “estela” de material que delata la presencia de una compañera estelar hasta ahora esquiva, conocida como Siwarha. Esta interacción ayuda a explicar los cambios de brillo y el comportamiento irregular de Betelgeuse, una estrella gigante que se encuentra en una fase avanzada de su vida. Comprender mejor esta dinámica permite afinar los modelos de cómo mueren las estrellas masivas, especialmente cuando se aproximan a eventos extremos como una futura supernova.
Dato curioso: si Betelgeuse explotara como supernova, sería visible incluso de día desde la Tierra.
Publicado el 5 de enero de 2026  Conoce MÁS.

ÓRBITAS PARALELAS

Virus desconocidos aparecen en ballenas y orcas
Cuando pensamos en ballenas y orcas, solemos imaginarlas como gigantes majestuosos del océano, no como portadoras de virus desconocidos. Sin embargo, un estudio reciente analizó muestras genéticas de estos mamíferos marinos y encontró dos virus nunca antes descritos. El hallazgo no implica una amenaza inmediata, pero sí abre una ventana a un mundo poco explorado: la diversidad viral en especies marinas de gran tamaño. Estos virus parecen haber coexistido con sus huéspedes durante largo tiempo, sin causar enfermedad evidente. Comprenderlos mejor es clave para anticipar cómo el cambio climático, el estrés ambiental y la interacción con humanos pueden alterar equilibrios invisibles que sostienen la salud de los océanos.
Más información.

Robots microscópicos que se mueven y “deciden” solos
Un equipo de investigadores creó robots más pequeños que un grano de sal, capaces de moverse, responder a estímulos y tomar decisiones simples sin cables ni control remoto. Estos microrrobots funcionan gracias a campos eléctricos y luz, lo que les permite desplazarse de forma autónoma en superficies diminutas. Aunque todavía están lejos de aplicaciones clínicas, el avance sugiere un futuro donde enjambres de robots microscópicos podrían limpiar microambientes, reparar materiales o incluso ayudar a distribuir fármacos de manera precisa. No piensan como nosotros, pero ya hacen algo sorprendente: actúan sin que nadie los dirija paso a paso.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Imagen del Laboratorio de Equipos Comunes, Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia (sede Bogotá).

Por Paula Sierra Seguel
Máster en Bioquímica de Proteínas y Biotecnología

ENTRE LA DESTRUCCIÓN Y EL SABER: CIENCIA Y TECNOLOGÍA BAJO LA SOMBRA DEL CONFLICTO

Observar aquello tan minúsculo que resulta invisible al ojo humano es una capacidad adquirida hace relativamente poco en la historia. Sin embargo, es justamente esa mirada la que hoy nos permite comprender cómo funciona el mundo que habitamos.

  • La microscopía es una de las áreas de la ciencia que abrió esa puerta. Gracias a ella podemos examinar las fibras de un papel antiguo para asegurar la preservación de su contenido, o estudiar las interacciones microscópicas que ocurren en una neurona para comprender enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Mirar lo diminuto no es un ejercicio de curiosidad: es una forma de entender la memoria, la salud y la estructura misma de nuestra sociedad.

El desarrollo de la microscopía avanzó a pasos acelerados durante el siglo XX, impulsado por un contexto geopolítico particular. La Guerra Fría, que enfrentó a Estados Unidos y la Unión Soviética sin un conflicto directo entre ambos, trasladó la contienda a un campo menos evidente pero decisivo: el desarrollo científico y tecnológico. La ciencia se transformó en un territorio estratégico.

  • La carrera armamentista instaló el temor permanente a un holocausto nuclear, pero también abrió un periodo de inversión sin precedentes en investigación aplicada. Ese mismo financiamiento, destinado originalmente a fines militares, dio origen a tecnologías que hoy resultan fundamentales en ámbitos civiles. En el caso de la microscopía, el desarrollo de radares, láseres, computación y óptica de alta precisión permitió avances decisivos en la generación, captura y análisis de imágenes microscópicas cada vez más nítidas y complejas.

La Imagen de la Semana en Universo Paralelo corresponde a una aplicación directa de la microscopía: neuronas observadas mediante microscopía confocal que permiten estudiar el sistema nervioso. A los costados, se distinguen dos neuronas con características distintas: a la izquierda, una con abundantes espinas dendríticas; a la derecha, una neurona altamente arborizada. En el centro, tejido nervioso que conecta y sostiene estas estructuras. Una escena invisible a simple vista, pero crucial para comprender procesos que inciden directamente en la salud, la educación y la economía.

  • Existe una paradoja difícil de ignorar: gran parte del desarrollo tecnológico que hoy sustenta nuestra vida cotidiana tuvo su origen en un contexto profundamente destructivo como la guerra. Sin embargo, esa competencia geopolítica también se convirtió en un terreno fértil para el avance del conocimiento, sentando las bases de la ciencia moderna.

Mirar lo microscópico no solo amplió nuestra capacidad técnica, sino también nuestra comprensión del mundo. Tal vez, al final, observar lo invisible ha sido una de las formas más potentes de reinventar el pasado y proyectarlo hacia horizontes que, hasta hace poco, resultaban impensables.

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BREVES PARALELAS

Crédito: U.S. Navy / Wikimedia Commons

Delfín entrenado para detectar minas submarinas en programas actuales de la Marina de EE.UU., herederos directos de las investigaciones iniciadas durante la Guerra Fría.

Por Francisca Munita
Periodista

ANÉCDOTAS CIENTÍFICAS IMPROBABLES DE LA GUERRA FRÍA
La Guerra Fría empujó a la ciencia a lugares brillantes, pero también a otros improbables. No porque faltara rigor, sino porque el miedo vuelve razonable explorar incluso lo inverosímil.

Delfines como armas
En los años 60, la Marina de EE.UU. entrenó delfines para detectar minas submarinas y vigilar puertos. La Unión Soviética hizo lo mismo. El problema no fue su inteligencia, sino su independencia: los delfines abandonaban misiones, se distraían o simplemente se iban. Nunca fueron armas fiables. La conclusión fue incómoda: no todo lo inteligente es controlable. El programa dejó también un saldo incómodo: animales muertos en nombre de una guerra que nunca ocurrió.

Hablar con otras especies
Durante la Guerra Fría se invirtió seriamente en enseñar lenguajes artificiales a primates y delfines, con la esperanza de aprovechar inteligencias no humanas. Se logró demostrar capacidades cognitivas sorprendentes, pero también un límite claro: comprendían señales, no conceptos complejos ni intenciones humanas. La ciencia ganó etología; el espionaje, nada.

Modificar el clima
Proyectos como Operation Popeye intentaron inducir lluvias sembrando nubes durante la guerra de Vietnam. Funcionó de forma local e impredecible: a veces llovía, a veces no, y nunca donde se quería. Se abandonó la idea al confirmarse que la atmósfera amplifica pequeños cambios de manera incontrolable, haciendo imposible usar el clima como arma estratégica.

Telepatía financiada por el Estado
Ambos bloques destinaron recursos a estudiar percepción extrasensorial y “visión remota”. Tras décadas de pruebas, no se obtuvo ningún resultado reproducible. El programa terminó no por ridículo, sino por ineficaz.

EL CUERPO HUMANO COMO CAMPO DE PRUEBAS

La Guerra Fría no solo se libró con misiles y discursos. También se jugó en un lugar más silencioso: el cuerpo humano. La necesidad de anticipar una guerra nuclear empujó a ambos bloques a responder una pregunta incómoda: ¿cuánto puede resistir una persona antes de fallar?

  • En Estados Unidos, entre 1945 y 1947, pacientes hospitalarios –muchos de ellos con enfermedades terminales– fueron inyectados con plutonio sin su consentimiento informado.El objetivo era medir cómo el material se distribuía, cuánto tiempo permanecía en el organismo y qué dosis producían daño. De esos estudios surgieron los primeros modelos de dosis interna, que luego se usaron para fijar límites máximos de exposición ocupacional a materiales radiactivos. Décadas más tarde, el programa fue investigado; en los años 90, el Gobierno estadounidense reconoció los hechos y compensó a familiares de algunas víctimas.

En la Unión Soviética, las pruebas nucleares en Semipalatinsk no fueron diseñadas como experimentos humanos, pero sí dieron lugar a una observación sistemática de poblaciones expuestas crónicamente. Se documentaron aumentos en cánceres, malformaciones congénitas y alteraciones genéticas, datos que luego influyeron en criterios soviéticos –y posteriormente internacionales– sobre exposición prolongada a baja dosis.

  • En ambos bloques se investigaron sustancias “radioprotectoras”–como tioles y agentes quelantes– y se realizaron estudios extremos sobre hipoxia, frío intenso y aislamiento, especialmente en contextos militares y aeroespaciales. Estas investigaciones ayudaron a definir límites fisiológicos, pero raramente mejoraron la salud de los sujetos involucrados.

El desenlace no fue un avance médico inmediato, sino conocimiento obtenido a un costo ético enorme. Parte de los estándares actuales de radioprotección y seguridad ocupacional se apoyan en esos datos. La paradoja es brutal: mucho de lo que hoy sabemos sobre los límites del cuerpo humano se aprendió cuando esos límites fueron ignorados.

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RECOMENDACIÓN: GEOPOLÍTICA, VODKA Y UN SUBMARINO PARA EL CARTEL

Crédito: Mubi.

Por Ignacio Retamal
Dentista y doctor en Ciencias

En tiempos donde los noticiarios internacionales nos obligan a volver a mirar los mapas de la Guerra Fría con preocupación y seriedad, quizás la mejor terapia sea abrazar el absurdo. Porque si la historia se repite primero como tragedia y luego como farsa, el documental Operation Odessa es la farsa definitiva, una inyección de adrenalina perfecta para quienes sentimos que la realidad actual está demasiado grave y necesitamos recordar que, a veces, el caos global es simplemente ridículo.

  • Esta joya documental nos transporta a los locos años 90, justo después del colapso de la Unión Soviética, cuando el “Oeste salvaje” se mudó al Este y todo estaba en liquidación. La historia sigue a tres personajes que parecen guionizados por un escritor pasado de copas: un gánster ruso dueño de un club de striptease en Miami (el inolvidable “Tarzán” Fainberg), un espía cubano con contactos de oro y un estafador playboy. ¿Su misión? Aprovechar que los generales rusos estaban vendiendo el inventario militar por monedas para comprarle un submarino soviético de guerra al Cartel de Cali.

Lo que hace brillante a Operation Odessa no es solo lo inverosímil de la trama, que incluye negociaciones con vodka en bases navales heladas y huidas de película, sino su ritmo. Olvídense de la narración lenta y académica; esto se mueve con la velocidad de un thriller de Hollywood, acompañado de una banda sonora espectacular, cargada de sintetizadores y éxitos de la época que le dan una atmósfera vibrante, casi como si estuviéramos viendo un episodio perdido de Miami Vice o jugando GTA.

  • Es una obra sobre la ambición desmedida, la amistad entre criminales carismáticos y el momento exacto en que el capitalismo voraz se tragó al comunismo sin masticar. Para mejorar la oferta, no hace falta rebuscar en servicios de streamingoscuros: está en Prime, Mubi y se puede encontrar completo (y a menudo doblado o subtitulado) directamente en YouTube.

Es la recomendación ideal para este fin de semana: una historia donde la Guerra Fría se descongela no con amenazas nucleares, sino con carcajadas, negligencia y mucho estilo.


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 Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.

  • Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola ArévaloFrancisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.

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