Ciencia y playas
¡Buenas tardes, estimados lectores y lectoras de Universo Paralelo!
En estos días de calor, nada mejor que una helada bebida burbujeante. En las tardes de verano, cuando comienza a refrescar, sentarse en cualquier terraza y sentir ese líquido atravesar la garganta es uno de los grandes momentos de la época estival. En mi caso, me quedo con el espumante. No solo por su sabor, color y nobles ingredientes. También por su ciencia.
- El espumante es un producto del cambio climático. No del actual, claro, sino de uno que enfrió Europa entre los siglos XIV y XIX: la Pequeña Edad de Hielo. Antes de ese período, la región de Champaña era conocida por sus vinos blancos y tintos, que competían con los de Borgoña.
Los vinos son el resultado de la fermentación de los azúcares de la uva producto de la acción de levaduras, microorganismos que la transforman en alcohol, liberando dióxido de carbono en el proceso. La correcta temperatura es fundamental para que la fermentación ocurra de manera eficiente. Si es muy baja, ocurre más lentamente y es precisamente lo que hizo la Pequeña Edad de Hielo. Los vinos no completaban la fermentación durante el otoño y se embotellaban con un contenido aún alto de azúcar.
Llegando el verano, el calor activaba las levaduras, que comenzaban nuevamente el proceso. Ahora, sin embargo, el dióxido de carbono quedaba atrapado dentro de la botella, lo que hacía que el vino quedara gasificado. Peor aún, en muchos casos las botellas explotaban, causando accidentes y cuantiosas pérdidas.
En 1668, un monje benedictino experto en vitivinicultura fue enviado a la abadía de Hautvillers para resolver el problema. Su nombre: Pierre Pérignon. Su misión: eliminar las burbujas. Pero la historia tomó otro rumbo cuando se evidenció que los ingleses no solo amaban esas burbujas, sino que habían desarrollado una tecnología capaz de fabricar botellas que podían tolerar altas presiones. La moda se filtró lentamente en Francia, hasta el punto en que, a fines del siglo XVII, Dom Pérignon recibe una contraorden. Ya no era necesario terminar con las burbujas. Por el contrario, había que promoverlas. Nace la champaña.
Tanta física, tanta biología, tanta historia del cambio climático terrestre en una botella de espumante. Pero el verano nos regala muchas otras oportunidades de disfrutar la ciencia. Por eso en este número de Universo Paralelo invitamos a Sofía Vargas, doctora en Ciencias; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.
Gracias por acompañarnos en Universo Paralelo, donde en esta ocasión la ciencia se cruza con el verano y el borde costero. Entre organismos marinos que reaparecen, playas que se achican y procesos naturales que no siempre vemos a simple vista, esta edición invita a mirar la playa no solo como paisaje, sino también como un sistema vivo, cambiante y frágil.
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VISITAS INESPERADAS: ARRIBO DE FRAGATAS PORTUGUESAS

Crédito: Sofía Vargas.
¿Cuál puede ser el colmo de salir de vacaciones y llegar con los hijos a la orilla de la playa, después de un largo año laboral y escolar? Que no se pueda entrar al mar, debido al avistamiento y la aparición de fragatas portuguesas.
Eso fue lo que ocurrió esta semana en el litoral central de Chile. Con familias ávidas de un poco de mar, la indicación sanitaria es tajante: las fragatas portuguesas se clasifican como peligrosas para el ser humano; se prohíbe el ingreso al mar. Y aunque la frustración de muchos es más que comprensible, veremos el vaso medio lleno y lo tomaremos como una invitación para conocer estas increíbles criaturas.
- Las fragatas o carabelas portuguesas (también llamadas Physalia) son una colonia. Aquí viene la confusión típica: cuando pensamos en “colonia”, puede que lo primero que se nos venga a la mente sean abejas u hormigas –o para quienes amamos las series, pensemos en Pluribus–. En el caso de la fragata portuguesa es distinto: significa que cada “individuo” que vemos está compuesto por varios individuos que, unidos, trabajan de forma coordinada y cumplen funciones distintas. Eso las transforma en superorganismos y en colonia.
Sus zooides –las unidades o “individuos” que componen la colonia– provienen del mismo origen y de la misma germinación, son genéticamente idénticos, y dos de ellos sobresalen por sus funciones. El primero es el flotador, que, de hecho, da origen a su nombre: en inglés se le conoce como “bluebottles”, una especie de “miniglobo”, “cola de sirena” o “vela de barco”, visible porque flota.
Es como la aleta del tiburón: una señal que advierte de que hay algo potencialmente peligroso bajo la superficie. Solo que, en este caso, lo que hay debajo no es un animal único, sino varias estructuras, entre las que destacan largos tentáculos, encargados de cazar y capturar alimento. Aunque la parte superior mide alrededor de 20 centímetros (como la mano de una persona adulta), la extensión de los tentáculos puede alcanzar 20 metros. Por eso viven en la interfaz o en la zona de borde entre el aire y el mar.
- Un estudio reciente de genómica poblacional, basado en la secuenciación de genomas, encontró múltiples linajes reproductivamente aislados y concluyó que hay al menos cuatro especies dentro de Physalia. Otra investigación usó un enfoque de machine learning, con datos ambientales de alta resolución, para explicar y predecir tanto las ocurrencias como los arribos de esta especie, las cuales, si bien han sido históricamente asociadas a aguas cálidas, ya vimos esta semana que, por vientos, mareas y cambios en la temperatura del mar, llegan a costas tan frías como las chilenas.
Como otros seres con tentáculos, las fragatas portuguesas tienen diminutas células urticantes en forma de cápsulas llamadas cnidocitos. Al entrar en contacto con una presa, inyectan un veneno peligroso y doloroso; por ello, la OMS las ha clasificado como peligrosas para el ser humano.
- La recomendación del Ministerio de Salud es evitar el contacto, no rascarse, lavarse con la misma agua de mar y acudir a un servicio asistencial si las molestias persisten.
Así fue como, con un poco de curiosidad científica, pasamos el mal rato de estas inesperadas visitas. Aunque las fragatas portuguesas son bellas e increíbles, espero no volver a verlas, para disfrutar de las ansiadas vacaciones nadando en el mar.
DINÁMICA COSTERA Y LA DESAPARICIÓN DE LAS PLAYAS

Crédito: @moncosta_chile.
Entre los destinos de vacaciones y paseos de verano más comunes en Chile se encuentran las playas, independientemente de la zona del país. Encuestas recientes indican que este sigue siendo el destino preferido, con un 62,1% de las preferencias, por sobre otros lugares a nivel nacional (Activa Research, 2025). Sin embargo, la postal clásica de un borde costero cubierto de arena es el resultado de una dinámica costera frágil, que puede incluso conducir a la desaparición de las propias playas.
- En esta dinámica del borde costero se entrelazan múltiples factores naturales y antrópicos que controlan los procesos de erosión. De acuerdo con el Centro UC Observatorio de la Costa, estos procesos han afectado severamente playas como Caleta Portales o Reñaca. Investigaciones recientes del mismo centro indican que hasta un 86% de las playas entre Arica y Puerto Montt presenta algún grado de riesgo de desaparecer producto de las altas tasas de erosión.
Este fenómeno es consecuencia de la dinámica costera, que combina la depositación natural de sedimentos en las playas con procesos asociados a mareas, cambio climático y, de forma creciente, la intervención humana como la urbanización. El Observatorio advierte que una de las problemáticas centrales se relaciona con la ocupación del borde costero, combinada con eventos climáticos extremos, como marejadas cada vez más intensas.
- Para la Dra. Carolina Martínez, académica del Instituto de Geografía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la alta urbanización, la alteración de ríos y quebradas, el cambio climático, las marejadas intensas, la extracción de arena y la deforestación afectan directamente la dinámica costera. Estas intervenciones interrumpen el transporte natural de sedimentos hacia las playas, impidiendo que la erosión ocurrida en invierno pueda ser compensada durante el verano.
A pesar de este escenario, diversos investigadores coinciden en que el monitoreo sistemático y la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza pueden mitigar los efectos de la erosión costera. Se han implementado, por ejemplo, sistemas de disipación de oleaje mediante bosques de algas y arrecifes artificiales, como los desarrollados por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en Maitencillo, los que han demostrado reducir el impacto erosivo de las marejadas.
- Otra iniciativa relevante es el proyecto Moncosta, del Centro de Observación de la Tierra Hémera de la Universidad Mayor, que busca desarrollar una red nacional de monitoreo del litoral chileno para identificar tasas de erosión, áreas críticas y zonas vulnerables. Según la Dra. Idania Briceño, este proyecto entrega información científica de acceso gratuito a autoridades y gobiernos locales, facilitando la toma de decisiones basadas en evidencia.
En sus etapas de observación, Moncosta no solo considera datos técnicos levantados por especialistas, sino que también incorpora iniciativas de ciencia ciudadana, como la plataforma CoastSnap, que promueve el monitoreo del ambiente litoral a escala internacional mediante registros fotográficos realizados por cualquier persona interesada en documentar los cambios en la costa.
- La dinámica costera que da forma a las playas nos recuerda que estos espacios no son estáticos ni garantizados, sino el resultado de procesos naturales de gran escala profundamente alterados por la acción humana.
Por ello, la restauración de ecosistemas costeros y los planes de desarrollo urbano sustentable requieren integrar de manera permanente datos científicos, decisiones políticas y participación ciudadana, avanzando hacia sistemas de monitoreo y marcos regulatorios que permitan convivir con la costa sin acelerar su desaparición.
NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Reconstrucción del cráneo del género Paranthropus, homínido africano cuyo rango geográfico fue ampliado por un hallazgo reciente. Crédito: Australian Museum.
Esta semana, la ciencia apareció donde menos se espera: en un fósil que obliga a mover mapas, en decisiones tecnológicas que ya no son solo de laboratorio y en procesos naturales que seguimos tratando de entender a tiempo. Noticias distintas entre sí, pero unidas por una misma idea: todas tienen consecuencias reales.
- Hallazgo fósil reescribe el mapa de la evolución humana
Una mandíbula de Paranthropus de 2,6 millones de años fue hallada en la región de Afar, en el norte de Etiopía, una zona donde no se esperaba encontrar a este grupo de homínidos, hasta ahora asociado sobre todo al sur del Valle del Rift (África oriental). El descubrimiento amplía su distribución geográfica conocida y sugiere que la evolución humana temprana fue más diversa y dispersa de lo que se pensaba.
Dato curioso: este tipo de homínidos era apodado “cascanueces”, por la potencia de su mandíbula.
Publicado el 21 de enero de 2026. Conoce MÁS.
- El Sol al descubierto: captan el origen de las grandes llamaradas
La misión Solar Orbiter logró observar por primera vez el “alud magnético” que desencadena las llamaradas solares. Este avance mejora la comprensión del clima espacial y podría ayudar a anticipar eventos que afectan satélites, GPS y redes eléctricas en la Tierra.
Dato curioso: las llamaradas solares se producen por reorganizaciones súbitas del campo magnético, no por explosiones químicas.
Publicado el 21 de enero de 2026. Conoce MÁS.
- Un reactor chino rompe un límite clave para la fusión nuclear
El reactor experimental EAST, en China, superó un umbral de densidad de plasma que se consideraba un obstáculo mayor para la fusión nuclear controlada. El resultado acerca la posibilidad de una energía limpia, abundante y sin emisiones, aunque aún quedan desafíos tecnológicos importantes.
Dato curioso: la fusión es el mismo proceso que alimenta al Sol, pero replicarlo en la Tierra es extraordinariamente difícil.
Publicado el 23 de enero de 2026. Conoce MÁS.
- Singapur apuesta fuerte por la investigación pública en IA
El Gobierno de Singapur anunció una inversión de US$ 785 millones en investigación pública en inteligencia artificial hasta 2030. El plan busca impulsar aplicaciones científicas, médicas y sociales, reforzando la competitividad tecnológica del país.
Dato curioso: Singapur quiere que parte de estos desarrollos en IA sean de código abierto.
Publicado el 24 de enero de 2026. Conoce MÁS.
ÓRBITAS PARALELAS
Tiburones que rompen las reglas de la biología reproductiva
Investigadores de James Cook University encontraron que los tiburones epaulette pueden reproducirse y poner huevos sin aumentar su gasto de energía, desafiando la suposición general de que la reproducción siempre exige mayor metabolismo.
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La Torre Eiffel honra a 72 científicas con nombres grabados en oro
París anunció que grabará en oro los nombres de 72 mujeres científicas en la Torre Eiffel para corregir la historia que las dejó fuera del monumento, reconociendo contribuciones en física, química, matemáticas, medicina y más.
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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Yuriy Yuhanson, 2015, CC BY-SA 4.0.
Existe una imagen tan difícil de observar que se ha transformado en un instante mitológico: el rayo verde. En ciertas condiciones atmosféricas muy raras, cuando el Sol muestra apenas una minúscula sección de su disco al amanecer o en su puesta, un breve resplandor verde se observa sobre él. Por mucho tiempo se pensó que eran solo leyendas de marineros, que solían contar historias disparatadas en los bares de las ciudades portuarias.
Pero con el advenimiento de la fotografía como producto masivo, estos eventos están cada vez mejor documentados. La imagen de esta semana fue captada por Yuriy Yuhanson. Se trata de una puesta de sol sobre el mar Negro, en Balaklava, Crimea.
Pero, además, la explicación es bastante simple y se basa en la refracción y dispersión de la luz en la atmósfera. Al atravesarla, los rayos del Sol modifican sus trayectorias al colisionar con las moléculas de aire. Resulta que los componentes azules son los más afectados: rayos que no venían en dirección a nosotros son desviados en todas direcciones y terminan entrando a nuestros ojos. Ya no parecen venir desde el Sol, sino desde algún otro lugar del cielo. Es así como el cielo completo se tiñe de azul.
- En el ocaso, el efecto es más pronunciado, ya que la luz solar –que entra de canto en esa región– debe atravesar una capa mucho más gruesa de atmósfera. Los rayos azules son casi totalmente desalojados en su camino, y los que menos se dispersan, rojos y amarillos, tiñen por completo las cercanías del Sol.
El verde es un color intermedio, por lo que se dispersa bastante, aunque no tanto como el azul. Su relevancia en el colorido del atardecer pierde contundencia: cerca del Sol se mezcla con rojos y amarillos que lo eclipsan; lejos, le da un verdor suave al azul del cielo.
Cuando las condiciones ópticas son muy precisas y el Sol se esconde lo suficiente como para ocultar los rojos y amarillos, el verde puede ser protagonista y concentrarse en un pequeño destello esmeralda.
La naturaleza, a veces, nos exige paciencia para revelar sus secretos más breves: aquellos que duran apenas un parpadeo, pero que nos conmueven hasta transformarlos en íconos culturales.
BREVES PARALELAS

Un día como hoy, 28 de enero, hace 40 años, el transbordador Challenger se desintegró 73 segundos después del despegue. En la imagen, la tripulación de la misión STS-51-L. Crédito: Wikimedia Commons.
A 40 AÑOS DE LA TRAGEDIA DEL CHALLENGER: DETALLES QUE AÚN SORPRENDEN
Más allá del frío extremo, las fallas técnicas conocidas y decisiones políticas desafortunadas, hay datos poco conocidos que ayudan a mirar con otros ojos lo ocurrido hace exactamente cuatro décadas.
- No hay evidencia de que la explosión causara la muerte inmediata de la tripulación.
La bola de fuego que vimos correspondió al colapso del tanque externo; la cabina se separó intacta y los astronautas pudieron haber seguido con vida algunos instantes tras la ruptura. Al ser recuperados los restos, se encontraron interruptores de oxígeno de emergencia accionados, controles que no se activan por vibración ni por impactos, sino únicamente por acción humana, lo que sugiere, aunque no confirma, una reacción posterior a la tragedia. - La cabina cayó en picada hacia el océano durante casi tres minutos.
Los siete tripulantes podrían haber estado conscientes durante parte del descenso, hasta el brutal impacto contra el agua a más de 300 km/h. - En la sala de control nadie gritó “¡explosión!” al instante.
La primera alerta fue “pérdida de señal”, y pensaron que se había cortado la transmisión, no que el transbordador se había desintegrado. - La pelota de fútbol de Ellison Onizuka sobrevivió al desastre sin un rasguño.
La recuperaron del mar, la exhibieron 31 años en una escuela y, en 2017, el balón fue llevado al espacio donde originalmente se esperaba que estuviera, como homenaje a la tripulación del Challenger. - La última palabra grabada fue un simple “Uh-oh” del piloto Mike Smith.
Esa exclamación sugiere que advirtió el fallo justo antes de que todo se cortara: lo más humano y escalofriante que quedó registrado.
En memoria de la tripulación del Challenger:
Francis R. Scobee, Michael J. Smith, Judith Resnik, Ellison Onizuka, Ronald McNair, Gregory Jarvis y Christa McAuliffe.
CUANDO LOS TERREMOTOS CAMBIAN LAS PLAYAS
Los terremotos pueden modificar playas de forma abrupta. En el terremoto de Sumatra de 2004, sectores específicos de la costa de Indonesia se elevaron hasta cerca de 1,5 metros, transformando antiguas playas en superficies secas y rocosas, sin arena activa ni oleaje regular.
- En Japón, tras el terremoto de Tōhoku de 2011, el hundimiento del litoral hizo que varias playas quedaran parcial o permanentemente bajo el nivel del mar.
En Chile, el 27F produjo levantamientos del terreno en la península de Arauco, cambiando la relación entre el mar y la costa, lo que dificulta que la arena vuelva a depositarse como antes en algunos tramos.
LIBROS QUE NO SE DERRITEN AL SOL

Crédito: Penguin Libros.
Con frecuencia se comete el error de hacer el bolso de las vacaciones y creer que en la playa, con el calor, vas a tener paciencia para leer novelas eternas. Es mentira. Llegas a la arena, el sol te aplasta, miras el mar y, de repente, tanta descripción y tanto adorno te sobran. El verano no pide cosas blandas; pide cosas que vayan al hueso y más aún si estás evitando que los infantes a tu cuidado terminen insolados o, peor, comiendo palmeritas con arena y restos del carrete playero de la noche anterior.
Por eso, va una sugerencia: saca el best seller inflado y mete libros que no pierdan el tiempo.
- Prueba con Ernest Hemingway. Pero olvídate del mito del tipo duro y ve directo al texto. Si lees El viejo y el mar en la orilla, la sensación cambia. Ahí no hay psicología barata, solo sedal, sal y manos cortadas. Las frases son secas; te pegan con el mismo ritmo que las olas que tienes al frente. Mientras Santiago pelea con el pez, tú sientes el tirón. Es una lectura que, extrañamente, te quita la sed.
Otra opción es llevar al confiable Stefan Zweig. Su Novela de ajedrez te la terminas antes de que se te seque el traje de baño. La historia ocurre en un barco, pero la sensación es de encierro puro. Trata de un hombre que sobrevivió a una celda vacía jugando miles de partidas mentales contra sí mismo. Zweig no describe el mar ni el lujo del crucero; se enfoca en esa cabeza partida en dos, a punto de estallar sobre el tablero. Leer algo tan tenso y concentrado en medio de la flojera de la playa te despierta de golpe.
- Y si te atreves con algo más salvaje y más extenso que las sugerencias anteriores, vuelve a La Odisea. En serio. Sácale la etiqueta de “clásico” a este libro y léelo como lo que es: un manual de supervivencia. Léelo ahora, antes de que llegue la película de Nolan y todos se pongan a opinar. Seguro que él le mete tres líneas temporales y efectos alucinantes, pero créeme: ninguna pantalla IMAX supera la sensación de leer a Homero con el ruido del mar de fondo.
- Aquí Ulises no es una estatua; es un náufrago quemado por el sol que solo quiere llegar a casa, o como papás que van arrastrando criaturas que antes llamaron hijos, con la esperanza, al caer la noche, de tener algún atisbo de tranquilidad. Supervivencia pura.
No sugiero estos libros como recomendaciones de alto contenido cultural, sino porque respetan tu tiempo. Van al grano. Cuando cae la tarde y sacudes la toalla, sientes que te limpiaron la cabeza en lugar de llenártela de ruido.
Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.
- Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola Arévalo, Francisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.
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