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Ciencia, desigualdad y las preguntas incómodas

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¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo! 

Por estos días, escapar del calor es prioridad.  Cuesta imaginar otro tema para dar inicio a este número que no sea la estrella responsable de nuestra necesidad de sombra, piscina y cerveza: el Sol.  ¿De qué está hecho?

A comienzos del siglo XX se pensaba que el Sol tenía una composición parecida a la de la Tierra. Metales, rocas, elementos familiares. Nuestro planeta, al fin y al cabo, se formó a partir del mismo material original que el Sol, hace más o menos 4.500 millones de años.

El año pasado celebramos los 100 años de la mecánica cuántica, una de las ideas más radicales y hermosas de la historia intelectual humana. Esa celebración, sin embargo, tendió a eclipsar otro logro científico extraordinario de ese mismo año: el descubrimiento de qué está hecho realmente el Sol.

En 1925, una joven astrónoma llamada Cecilia Payne-Gaposchkin presentó su tesis doctoral. Usando espectros estelares y la física emergente de los átomos, llegó a una conclusión inesperada: el Sol —y las estrellas en general— están hechos casi por completo de hidrógeno, además de un poco de helio.

El resultado era tan disruptivo que Henry Norris Russell, una de las mayores autoridades en astronomía estelar de la época, sostuvo que no podía ser correcto. Payne publicó igualmente su tesis, aunque atenuando la afirmación.

  • Años más tarde, cuando Russell llegó a la misma conclusión y la difundió con su respaldo, el crédito se desplazó hacia él. Con el tiempo, el crédito volvió al lugar correcto: Cecilia Payne-Gaposchkin. En 1956 fue la primera mujer nombrada Profesora Titular en la Universidad de Harvard.

Gracias a Cecilia Payne-Gaposchkin sabemos de qué están hechas todas las estrellas. ¿Acaso podemos imaginar en ciencia un resultado más poético? Este número de Universo Paralelo está dedicado a las mujeres en ciencia, en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se celebra hoy.

Para profundizar en esta temática, esta edición reúne las miradas de Lilian San Martín, ingeniera en Computación e Informática y presidenta del Comité de Igualdad de Género de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Andrés Bello; Ximena Báez, bioquímica, magíster en Ciencias Médicas y doctora en Biotecnología, presidenta de la Red de Investigadoras de Chile y docente de la Universidad de Viña del Mar; Mitzi Ayala, máster en Ciencias del Mar por la Universidad Nacional Autónoma de México e investigadora del Instituto de Ciencias del Mar y del grupo Cenotes Urbanos; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.

Gracias por acompañarnos en esta edición de Universo Paralelo, donde miramos la ciencia no solo como producción de conocimiento, sino también como experiencia situada: trayectorias que se sostienen o se quiebran, desigualdades que se reproducen en lo cotidiano y preguntas que cruzan género, ambiente y poder. Este número recorre esas tensiones desde historias concretas, investigaciones actuales y decisiones que tienen efectos reales en la vida de las personas.

Comenta y comparte este link. Y si este número te llegó gracias a alguien que entiende que la ciencia se construye con datos, contexto y responsabilidad, inscríbete aquí y sigamos pensando cómo el conocimiento también puede abrir o cerrar caminos.

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 EL ABANDONO SILENCIOSO DE LAS NIÑAS EN LA CIENCIA

Crédito: Foto de Tima Miroshnichenko.

Por Lilian San Martín
Ingeniera en Computación e Informática

Muchas niñas no dejan la ciencia o las carreras de Ingeniería por una gran derrota. No es una caída importante ni una puerta que se cierra de golpe. Es algo mucho más silencioso. Mucho más cotidiano. Es una mala nota que duele más de lo esperado. Un comentario que parece inofensivo. Una duda que se queda dando vueltas en la cabeza. Y, sin darse cuenta, comienzan a preguntarse si realmente ese lugar es para ellas.

  • No hablamos de grandes barreras, sino de pequeños momentos. De microdecisiones que se toman casi sin notarlo. “Mejor no levanto la mano”. “No postulo a esa ayudantía”. “Quizás cambio de carrera”. “Tal vez no soy tan buena como pensaba”. Pensamientos que aparecen temprano y que, si nadie los cuestiona, terminan marcando el camino.

Muchas veces, estas dudas no nacen solas.  Se construyen con el tiempo. Con frases como “esto es difícil”, “no es para cualquiera”, “tú eres más para otra cosa”. Con miradas, silencios o expectativas distintas. Con la falta de referentes. Con la sensación, persistente, de estar siempre demostrando que se merece estar ahí.

  • Lo más complejo es que estos quiebres casi nunca se ven. No aparecen en las estadísticas ni en los informes. No quedan registrados en ninguna parte. Simplemente, un día, una estudiante deja de insistir. De soñar. De proyectarse en ese espacio. Y nadie se da cuenta exactamente cuándo ocurrió.

Por eso es tan importante cambiar la forma en que miramos la permanencia de las mujeres en la ciencia y la ingeniería. No basta con celebrar el ingreso. No basta con hablar de cupos o cifras. Hay que preguntarse qué pasa después. Qué ocurre en las salas, en los pasillos, en los trabajos en grupo, en las evaluaciones. Qué mensajes se transmiten, incluso sin querer.

  • En ese escenario, la labor del Comité de Género de la Facultad de Ingeniería de la UNAB cobra un valor profundo. A través de talleres, mentorías, capacitaciones y acciones de visibilización de mujeres referentes en las áreas STEM, así como mediante espacios de escucha, protocolos de apoyo y actividades de sensibilización, se busca acompañar a las alumnas en sus dudas y dificultades, para que no enfrenten esos procesos en soledad. Además, se promueven redes de apoyo, se visibilizan referentes femeninos, se impulsa una formación con perspectiva de género y se fomenta la construcción de entornos más respetuosos e inclusivos.

No es un trabajo que siempre se vea, pero sí se siente. Está en la profesora que cuida sus palabras. En el tutor que acompaña sin juzgar. En la estudiante que se atreve a pedir ayuda. En la red que se activa cuando alguien lo necesita. En la confianza que se va construyendo día a día.

  • Acompañar es intervenir a tiempo. Es estar presentes cuando aparece la primera duda. Cuando una mala nota se convierte en inseguridad. Cuando un comentario duele más de lo que parece. Es decir, con hechos y no solo con palabras.

Si queremos más mujeres en la ciencia, debemos cuidar esos momentos pequeños. Porque ahí se juega todo. En lo cotidiano. En lo aparentemente insignificante. En lo que nadie ve, pero que termina definiendo quién se queda y quién se va.

El desafío es claro: no dejar que esos quiebres sigan ocurriendo en silencio. Transformarlos en oportunidades para sostener, fortalecer y acompañar. Para que ninguna niña, ninguna joven, se baje del camino solo porque nadie estuvo ahí cuando más lo necesitaba.

2

 CUANDO LA CONTAMINACIÓN NO ES NEUTRA

Crédito: Foto de Mumtahina Tanni.

Por Ximena Báez
Doctora en Biotecnología

Según informes de ONU Medio AmbienteONU Mujeres y numerosos estudios científicos, la contaminación ambiental y la degradación de los ecosistemas no afectan a todas las personas por igual: mujeres y niñas cargan con una proporción mayor de sus impactos, especialmente en contextos de pobreza, territorios contaminados o zonas en conflicto. No se trata solo de biología, sino de desigualdad.

  • En muchos países, las mujeres están más expuestas a contaminantes debido a roles sociales que las vinculan directamente con la obtención de agua, trabajos de cultivos en la tierra, manipulación y obtención de alimentos. A esto se suma un acceso desigual a información, servicios de salud y posibilidades en las tomas de decisiones. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que los riesgos ambientales, desde químicos peligrosos hasta la contaminación de aire y suelos, amplifican brechas preexistentes, afectando de manera particular a mujeres y niñas.

Cuando hablamos de contaminación de aire o suelos por hidrocarburos, metales pesados u otros compuestos persistentes, el problema suele percibirse como técnico o localizado. Sin embargo, sus consecuencias son profundamente sociales, ya que afectan la seguridad alimentaria, la disponibilidad de agua y la salud de comunidades completas. En estos escenarios, las mujeres suelen asumir el cuidado de personas enfermas, la gestión del hogar, el trabajo y la supervivencia cotidiana en territorios degradados.

  • La paradoja es que la ciencia lleva décadas estudiando soluciones. La biorremediación, que es el uso de microorganismos ambientales capaces de degradar contaminantes, es una de ellas. Bacterias presentes de forma natural en suelos contaminados pueden transformar compuestos tóxicos en sustancias menos dañinas, reduciendo riesgos ambientales y sanitarios. No es una idea futurista, son investigaciones activas, con evidencia acumulada en distintos contextos.

Sin embargo, estas soluciones siguen siendo marginales en políticas públicas y procesos de recuperación ambiental. No por falta de conocimiento científico, sino por decisiones que priorizan respuestas rápidas, visibles o económicamente convenientes, dejando de lado enfoques integrales y de largo plazo.

  • En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, vale la pena ampliar la pregunta más allá de cuántas niñas llegan a las carreras científicas. Si la contaminación afecta de manera desproporcionada a mujeres y niñas, necesitamos más ciencia ambiental con enfoque de justicia, más investigación situada en los territorios y más mujeres participando en la producción de ese conocimiento y en la toma de decisiones.

Porque entender cómo se contamina un suelo, y por lo tanto cómo puede recuperarse, es más que problema técnico. Es una forma concreta de intervenir en desigualdades que siguen marcando quiénes cargan con los costos ambientales del desarrollo.

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 NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Interior del acelerador de partículas de Brookhaven, antes de su cierre. Crédito: Brookhaven National Laboratory.

Por Francisca Munita
Periodista

Esta semana, las noticias científicas marcaron puntos de inflexión concretos: una infraestructura histórica que deja de operar, desarrollos que adelantan el origen de los procesos biológicos conocidos, herramientas digitales que ya intervienen en decisiones médicas urgentes y experimentos que ponen a prueba la biología en condiciones extremas fuera de la Tierra. En conjunto, revelan dónde se están concentrando hoy los esfuerzos científicos.

  •  Se apaga una máquina que recreó el origen del universo

Tras 25 años de funcionamiento, el Relativistic Heavy Ion Collider (RHIC) del laboratorio de Brookhaven realizó sus últimas colisiones. Este acelerador permitió recrear el plasma de quarks y gluones del universo primitivo, estudiar el origen del spin del protón y generar aplicaciones médicas inesperadas, desde resonancias magnéticas hasta terapias oncológicas. Su cierre marca el fin de una era en la física de partículas en EE.UU., mientras se prepara el camino para el futuro Electron-Ion Collider.
Dato curioso: el RHIC recreó condiciones similares a las del universo microsegundos después del Big Bang.
Publicado el 6 de febrero de 2026.  Conoce MÁS

  •  Una IA que lee cerebros en segundos

Investigadores de la Universidad de Michigan desarrollaron una inteligencia artificial capaz de analizar resonancias magnéticas cerebrales completas en segundos y detectar más de 50 patologías, priorizando los casos realmente urgentes. Entrenada con cientos de miles de estudios reales, esta herramienta podría aliviar la sobrecarga de hospitales y mejorar decisiones críticas en contextos donde cada minuto cuenta. Un ejemplo concreto de cómo la IA empieza a impactar directamente la medicina cotidiana.
Dato curioso: el sistema fue entrenado con más de 220 mil resonancias reales.
Publicado el 10 de febrero de 2026.  Conoce MÁS

  •  Antes de la vida ya había genes

Un estudio reveló que algunos genes universales habrían existido antes del Last Universal Common Ancestor (LUCA), el último ancestro común de todos los seres vivos. Estos genes apuntan a una etapa previa a las primeras células, cuando la vida aún no estaba completamente organizada, y sugieren que la evolución comenzó con sistemas biológicos mucho más simples de lo que se pensaba.
Dato curioso: los científicos estiman que LUCA vivió hace más de cuatro mil millones de años, cuando la Tierra era un planeta muy distinto al actual.
Publicado el 10 de febrero de 2026.  Conoce MÁS

  •  ¿Pan en Marte? Una levadura dice que sí

La levadura usada para hacer pan y cerveza logró sobrevivir en laboratorio a condiciones simuladas de Marte, como radiación intensa, compuestos tóxicos y alto estrés físico. A pesar de ese entorno extremo, este microorganismo resistió formando agrupaciones que lo protegieron, revelando una notable capacidad de adaptación a ambientes muy distintos a los de la Tierra.
Dato curioso: la misma levadura que fermenta pan podría ayudar a sostener vida fuera de la Tierra.
Publicado el 9 de febrero de 2026.  Conoce MÁS

ÓRBITAS PARALELAS

Los humanos podrían tener hasta 33 sentidos, no solo cinco
Nuevas investigaciones sugieren que no percibimos el mundo solo con vista, oído, tacto, gusto y olfato, sino que combinamos muchos más sentidos, como el equilibrio, la temperatura interna o la percepción de la posición del cuerpo. Estos sistemas trabajan juntos todo el tiempo y ayudan a explicar por qué a veces nos equivocamos, nos desorientamos o sentimos ilusiones muy reales.
Más información

 Tus dedos podrían contar la historia de tu cerebro
Un estudio encontró que la relación entre la longitud del dedo índice y el anular —influida por hormonas prenatales— se asocia con diferencias en el tamaño y evolución del cerebro humano. Una pista inesperada sobre cómo factores biológicos tempranos influyeron en nuestra historia evolutiva.
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 LA IMAGEN DE LA SEMANA

En la foto, las destacadas científicas: Jane Goodall, Julieta Fierro, Helia Bravo y Lynn Margulis.

Por Mitzi Ayala
Master en Ciencias del Mar

Definir el aporte de las mujeres en la ciencia es una tarea compleja, dada la diversidad de factores involucrados. Por ello, cualquier análisis serio sobre la participación femenina en la producción de conocimiento requiere necesariamente una mirada contextual, histórica, cultural y familiar, que permita comprender por un lado los logros alcanzados, pero también las barreras persistentes.

  • Si bien a nuestra mente acuden nombres como Marie Curie o Ada Lovelace como grandes referentes, la historia de las mujeres en la ciencia continúa plagada de vacíos: algunos deliberados, otros simplemente producto del olvido. Este fenómeno es conocido en sociología de la ciencia como el Efecto Matilda, concepto acuñado por Margaret Rossiter en 1993, que describe la discriminación sistémica mediante la cual los aportes científicos de las mujeres son minimizados o directamente atribuidos a colegas hombres.

Uno de los casos más emblemáticos es el de Rosalind Franklin, quien capturó la imagen conocida como Fotografía 51, fundamental para descifrar la estructura de doble hélice del ADN. El reconocimiento, sin embargo, fue otorgado a Watson y Crick mediante el Premio Nobel, mientras su contribución quedó relegada a un pie de página.

  • Casos como este explican por qué esta semana, en Universo Paralelo, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, instaurado por la Organización de las Naciones Unidas en diciembre de 2015, con el objetivo de visibilizar una paradoja persistente: la ciencia necesita a las mujeres, pero el sistema muchas veces termina expulsándolas o poniendo altas barreras de entrada y permanencia.

La Imagen de la Semana reconoce y celebra a cuatro científicas que desafiaron paradigmas y prejuicios sobre quién puede hacer ciencia y generar conocimiento. De izquierda a derecha, se presentan:

  • Jane Goodall, primatóloga cuestionada por “poco científica” al nombrar a los chimpancés en lugar de numerarlos, decisión que transformó la etología moderna al demostrar la complejidad emocional y social de los animales.
  • Lynn Margulis, bióloga cuyo artículo sobre la endosimbiosis fue rechazado por quince revistas por considerarse “fantasioso”. Hoy, su teoría es fundamental para comprender el origen de las células como las conocemos.
  • Julieta Fierro, astrónoma que desafió el hermetismo de una academia dominada por hombres para validar la divulgación científica como una labor intelectual rigurosa y necesaria.
  • Finalmente, Helia Bravo Hollis, pionera de la botánica mexicana, primera mujer titulada como bióloga en su país, quien exploró desiertos y catalogó la flora nacional, derribando estereotipos de género en el trabajo científico de campo.

La inequidad en la ciencia no es solo un problema del pasado. Persiste hoy en lo que se conoce como la tubería que gotea (leaky pipeline), metáfora que describe cómo las mujeres son progresivamente expulsadas de la carrera científica debido a la falta de apoyo institucional, la dificultad de compatibilizar maternidad y vida académica, y el acoso aún presente en muchos espacios universitarios. De acuerdo con datos del Instituto de Estadística de la UNESCO (2024), las mujeres representan apenas el 33 % de los investigadores a nivel mundial.

Las contribuciones de las científicas aquí mencionadas, y de aquellas que hoy continúan avanzando pese a las barreras existentes, demuestran que la mirada femenina es indispensable y profundamente transformadora para la ciencia. Reconocerlas es también una forma de proyectar futuros posibles: uno en el que las niñas sepan que pueden ser científicas en laboratorios, selvas, mares, desiertos u observatorios reales, y no solo princesas en castillos imaginarios. Porque la curiosidad, el conocimiento y la capacidad de descubrir, definitivamente, no tienen género.

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 BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.

Por Francisca Munita
Periodista

LA TRAMPA DEL “TALENTO”

Hasta los 12 o 13 años, niñas y niños muestran desempeños muy similares en matemáticas y ciencias. Los resultados comparados de PISA de la OCDE así lo confirman. No hay una caída abrupta de capacidad. Lo que cambia es la forma en que se evalúa.

  • A partir de esa etapa se imponen pruebas con tiempo limitado, respuestas únicas y correcciones inmediatas. La investigación en psicología educacional y motivación académica ha mostrado que este tipo de evaluaciones, rápidas y altamente visibles, afectan de manera desigual la participación de niñas y niños.

Las niñas aprenden que si fallan hay consecuencias distintas para ellas. Observan que, ante el mismo error, en los niños suele hablarse de apuro o distracción, mientras que en ellas se pone en duda la capacidad.

Revisar cómo evaluamos no es un detalle técnico: define quién participa, quién se expone y quién sigue aprendiendo.


MUJERES EN CIENCIA: DATOS QUE INCOMODAN

  • En seminarios científicos, las mujeres intervienen menos en público que los hombres. Estudios observacionales indican que, cuando lo hacen, muchas de esas intervenciones reciben mayor escrutinio o cuestionamiento, por lo que tienden a desplazarse a intercambios privados posteriores.
  • En publicaciones científicas, los artículos con autoría femenina reciben menos citas, en promedio, que los firmados por hombres. Es un patrón robusto en bibliometría.
  • Las mujeres aparecen con menor frecuencia como autoras principales o autoras senior en revistas de alto impacto, incluso en campos donde ya son mayoría en el doctorado.
  • Desde 1901, menos del 6% de los premios Nobel han sido otorgados a mujeres, y en ciencias duras la proporción es aún menor.

Ninguno de estos datos habla de capacidad. Hablan de cómo la ciencia distribuye visibilidad, voz y reconocimiento.

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 RECOMENDACIÓN: VOCES QUE ABRIERON CAMINO

Crédito: The Nobel Prize.

Por Ignacio Retamal
Dentista y doctor en Ciencias

La ciencia no ocurre solo en los laboratorios; nace en la mente de quienes se atreven a dudar de lo “obvio”. A veces, para imaginar hasta dónde podemos llegar, solo necesitamos observar a quienes ya trazaron el mapa. Aquí les dejamos tres películas que cuentan historias de mujeres en la ciencia, para redescubrir el mundo y revolucionarlo:

  • 1. Radioactive

Marie Curie no es solo una figura en un libro de texto; fue una mente que convirtió su curiosidad en una fuerza de la naturaleza. Esta película nos sumerge en la intimidad de su laboratorio, un espacio donde la ciencia era una mezcla de resiliencia y una obsesión creativa por lo invisible. Marie nos enseña que entender los elementos que mueven el mundo es un desafío que exige tanto rigor como pasión.

  • 2. Talentos ocultos (Hidden Figures)

En los años 60, mientras los cohetes de la NASA buscaban las estrellas, mentes brillantes como las de Katherine, Dorothy y Mary calculaban trayectorias complejas a mano, con una precisión de infarto. Es fascinante ver cómo su talento se convirtió en el motor silencioso e indispensable de la carrera espacial, demostrando que, en el lenguaje de los números, la excelencia termina por imponer su propio lugar.

  • 3. Contacto (Contact)

La Dra. Ellie Arroway personifica la paciencia infinita de la ciencia pura. Es imposible olvidar ese ruido blanco y rítmico de las antenas del proyecto SETI, un sonido que, para toda una generación, transformó la estática en una señal de esperanza. Ellie nos muestra que investigar es, ante todo, tener el coraje de seguir escuchando donde otros solo oyen silencio, confiando en que el universo siempre tiene algo que decir.

Ellas abrieron la puerta, pero les toca a las nuevas generaciones cruzarla. Que esto te sirva de recordatorio: ya sea aislando átomos, trazando órbitas o escuchando galaxias, no hay incógnita demasiado grande para la curiosidad. El mundo no solo necesita ciencia; necesita científicas que miren donde nadie más ha mirado.


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 Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.

  • Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola ArévaloFrancisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.

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