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Ecos bajo nuestros pies

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¡Buenas tardes, estimados y estimadas tripulantes de este Universo Paralelo! 

La semana pasada se cumplieron 16 años del terremoto del 27 de febrero de 2010. Esos tremendos 8,8 de magnitud que nunca olvidaremos, y que probablemente sigan justificando varias ediciones más de nuestro newsletter.

Por mi parte, el terremoto más importante que recuerdo fue uno que ocurrió hace 41 años, el 3 de marzo de 1985. Ese, con epicentro en Algarrobo, tuvo una magnitud de 8,0. Lo recuerdo con perfecta nitidez.

Cuando el suelo, máximo símbolo de estabilidad, deja de serlo, nos otorga una enseñanza marcada en piedra. Una experiencia que forja la personalidad de quienes vivimos en regiones sísmicas.

  • En una época obsesionada con la predicción, en la que los algoritmos anticipan lo que compraremos y la inteligencia artificial redacta, sugiere y estima, la impredecibilidad de estas furiosas convulsiones de la Tierra nos llenan de ansiedad.

A pesar de esto, desde mediados del siglo XX entendemos bastante bien por qué tiembla la Tierra. La teoría de la tectónica de placas –una de las grandes síntesis científicas del siglo pasado– nos dice que la superficie del planeta está fragmentada en enormes placas rígidas que flotan sobre un manto más dúctil.

Las placas crecen en ciertas regiones en donde el magma aflora y se destruyen en otras en donde se hunden para volver a fundirse. Ese movimiento constante le da forma y vida a la superficie de la Tierra.

  • En Chile, por ejemplo, la placa de Nazca se hunde bajo la Sudamericana. Esa lenta y áspera colisión, de apenas unos centímetros por año, acumula energía durante décadas o siglos, hasta que ya no resiste y la corteza se fractura. Lo que se libera en segundos es la energía acumulada durante décadas.

La escala de magnitud de momento, con la que medimos un terremoto, es logarítmica. Eso significa que aunque 8,8 parece apenas un 10% mayor que 8,0, la energía liberada en 2010 fue aproximadamente 16 veces mayor que la del terremoto de 1985.

En tiempos en que, si no sabemos algo, creemos que habrá una máquina capaz de calcularlo, el terremoto nos recuerda que existen sistemas complejos en los que pequeñas perturbaciones pueden desencadenar consecuencias desproporcionadas. Nos enseña, como pocos eventos naturales, lo pequeños y vulnerables que somos.

No solo no sabemos cuándo ocurrirá el próximo gran sismo; cuando ocurre, nuestros pies pierden su apoyo más confiable. Aprendemos –o recordamos– que el control que creemos tener es una mera ilusión.

Y, sin embargo, podemos amar esta Tierra traicionera. Podemos entenderla en parte, prepararnos mejor e incluso disfrutar de su personalidad extrema.

Para abordar este tema, esta edición incorpora las miradas de Ángelo Villalobos, paleosismólogo, investigador postdoctoral del Department of Earth Sciences de la University of Oxford; Camilo Sánchez, geólogo y académico de la Escuela de Geología de la Universidad Mayor; Ignacio Retamal, doctor en Ciencias; y la periodista Francisca Munita.

Gracias por acompañarnos en este nuevo número de Universo Paralelo. Si alguna de estas historias te hizo mirar el suelo con otros ojos, comparte este link. Y si este número llegó a ti gracias a alguien que entiende que la ciencia también nos ayuda a comprender el territorio que habitamos, inscríbete aquí y sigamos pensando juntos cómo el conocimiento influye en la forma en que vivimos sobre una Tierra que no está quieta.

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EL TERREMOTO DEL MAULE Y LAS GEOCIENCIAS

Crédito: Foto de Pixabay.

Por Angelo Villalobos Claramunt
Geólogo y doctor en Ciencias de la Tierra

El 27 de febrero de 2010, Chile experimentó uno de los terremotos más importantes registrados instrumentalmente: el terremoto del Maule (Mw 8.8). Más allá de su impacto humano y económico, el evento marcó un antes y un después para las geociencias, convirtiéndose en un laboratorio natural para comprender los grandes terremotos de subducción.

  • El balance fue devastador: 525 víctimas fatales confirmadas y 56 personas desaparecidas. Cerca de 370 mil viviendas resultaron dañadas o destruidas y unos dos millones de personas quedaron damnificadas. Las pérdidas económicas alcanzaron los 30 mil millones de dólares. Localidades costeras como Dichato, Constitución y Pelluhue fueron arrasadas por el tsunami asociado.

Sin embargo, desde la perspectiva científica, el terremoto permitió responder preguntas fundamentales sobre la dinámica sísmica chilena.

  • El sismo ocurrió en un segmento de la zona de subducción entre las placas de Nazca y Sudamericana que no liberaba energía mayor desde 1835. La ruptura se extendió por cerca de 600 kilómetros, con desplazamientos de hasta 15 metros en sectores específicos de la falla. Mediciones satelitales (GPS e InSAR) demostraron que la ruptura se propagó de manera relativamente simétrica desde la costa hacia ambos extremos del área afectada.

Estos datos confirmaron que los megaterremotos no liberan energía de manera uniforme: existen zonas más rígidas, llamadas asperidades, donde se concentra la mayor liberación de energía.

  • Uno de los grandes avances científicos derivados del 27F fue comprender mejor los procesos postsísmicos. Estudios mostraron que hasta un 60% de la deformación observada en las semanas posteriores no se debió al terremoto principal, sino a procesos postsísmicos como deslizamientos lentos y ajustes profundos de la corteza y el manto.

Además, nuevas técnicas basadas en inteligencia artificial permitieron identificar más de 100 mil réplicas, revelando cómo el estrés tectónico se redistribuye entre múltiples fallas tras un gran evento.

  • Datos GNSS mostraron desplazamientos milimétricos meses antes del terremoto, hoy estudiados como posibles señales de inestabilidad tectónica regional, aunque la predicción exacta sigue siendo imposible.

El terremoto del Maule suele compararse con el de Valdivia de 1960 (Mw 9,5), el mayor registrado instrumentalmente. El evento de 1960 rompió más del doble de longitud de falla y generó un tsunami transpacífico. En contraste, aunque el Maule produjo enormes daños materiales, la mortalidad relativa fue menor, reflejando avances en normas sismorresistentes, monitoreo y preparación social desarrollados tras 1960.

Ambos terremotos confirman una característica clave del margen chileno: la recurrencia de megaterremotos a lo largo del tiempo geológico.

  • Uno de los aportes más relevantes proviene de la paleosismología. En isla Santa María, el levantamiento costero de hasta 2,2 metros permitió reconstruir 24 grandes terremotos ocurridos durante los últimos 4.500 años. Los resultados muestran recurrencias variables –entre décadas y siglos–, indicando que estos eventos no siguen ciclos perfectamente regulares.

A escala nacional, los modelos sugieren una alta probabilidad de futuros terremotos mayores a magnitud 8 en el largo plazo, especialmente en segmentos vecinos que permanecen como “huecos sísmicos”. Sin embargo, el segmento específico del Maule tendría una baja probabilidad inmediata tras haber liberado gran parte de su energía acumulada en 2010.

La principal lección científica es clara: no es posible predecir exactamente cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto, pero sí comprender mejor dónde y cómo pueden generarse. En ese desafío, la integración entre monitoreo satelital, sismología moderna y registros paleosísmicos se ha convertido en la herramienta más poderosa para anticipar riesgos y preparar sociedades resilientes en uno de los países más sísmicos del planeta.

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¿GESTIÓN DEL RIESGO O ADMINISTRACIÓN DE LA CATÁSTROFE?

Desde el cielo: desastres de Chile en imágenes: Constitución antes y después del tsunami. Crédito: CIGIDEN.

Por Camilo Sánchez
Geólogo

Chile es clasificado sistemáticamente como uno de los países más sísmicos del planeta. A esa condición estructural se han sumado, con creciente intensidad, sequías prolongadas, lluvias torrenciales, incendios devastadores, tsunamis, erupciones volcánicas, aluviones y remociones en masa. El catálogo de amenazas no es nuevo, pero sí lo es su frecuencia y escala.

  • Ante este escenario, la pregunta resulta inevitable: ¿cuánto invierte realmente nuestro país en prevención? La interrogante es amplia, pero si acotamos la prevención al ámbito de la investigación científica y la reducción del riesgo de desastres, existen relaciones económicas. La Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres es incluso más categórica: por cada dólar invertido en reducción del riesgo se pueden ahorrar hasta 15 dólares en reconstrucción posterior.

La evidencia económica es clara. Sin embargo, la práctica política suele moverse en otro ritmo. Chile cuenta con institucionalidad formal. La creación del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) marcó un tránsito desde una lógica reactiva hacia un enfoque que declara priorizar la prevención. En el ámbito escolar, el Plan Integral de Seguridad Escolar (PISE) busca instalar cultura de gestión del riesgo desde edades tempranas. La arquitectura administrativa existe. El problema es su profundidad, continuidad presupuestaria y coherencia técnica.

  • En este contexto, cabe preguntarse cuál será la postura del nuevo Gobierno frente a fenómenos potencialmente catastróficos y su gestión. Las primeras declaraciones ministeriales han mostrado tensiones entre discursos políticos, equipos técnicos y demandas sociales. Y el escenario se complejiza aún más cuando el llamado cambio global –que incluye cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación– compite en la agenda pública con urgencias igualmente reales, como el déficit habitacional o la mediática crisis de seguridad.

El riesgo no desaparece porque cambie la prioridad mediática. A escala comunal, la brecha es aún más evidente. Muchos municipios carecen de profesionales especializados, por ejemplo, en geociencias, para el análisis territorial del riesgo. La gestión local suele limitarse a protocolos de emergencia, más que a planificación preventiva basada en evidencia.

  • Una estrategia plausible sería fortalecer la incorporación de especialistas, como geocientistas en la administración municipal. Iniciativas como “Un geólogo en cada municipio”, impulsada por la Dra. Clemencia Gómez, demuestran que no se trata de una utopía académica, sino de una política territorial concreta: integrar conocimiento técnico en la toma de decisiones locales.

Investigaciones como las de Shah (2020) proponen seis componentes fundamentales para la gestión del riesgo en contextos escolares: alerta temprana, planificación de emergencias, preparación, infraestructura segura, continuidad operativa y educación en riesgos. Este último punto es crucial. No se trata solo de reaccionar mejor ante un evento extremo, sino de instalar geocapacidades contextualizadas según la realidad de cada territorio.

Esta es una visión rupturista en el desarrollo de políticas centralistas, porque la realidad natural de Santiago dista mucho de la de Iquique, Coyhaique o Rapa Nui.

  • En un país donde la interacción entre procesos naturales y presión antrópica se intensifica –con urbanización en zonas de riesgo, expansión inmobiliaria en quebradas e infraestructura en áreas costeras vulnerables–, la pregunta no es si ocurrirá el próximo evento, sino cuándo.

La gestión del peligro no puede reducirse a la administración posterior de la catástrofe. Requiere inversión sostenida en ciencia, pero considerando la integración técnica en los gobiernos locales y una cultura ciudadana que comprenda que la prevención no es gasto: es desarrollo. No se trata de cuánto cuesta prevenir, sino de cuánto estamos dispuestos a pagar por no hacerlo.

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NOTICIAS: LA SEMANA EN CIENCIA

Observatorio Vera C. Rubin, en Cerro Pachón (Chile), donde comenzó a operar el sistema que emitió 800 mil alertas astronómicas en una sola noche. Crédito: NSF–DOE / NOIRLab / AURA.

Por Francisca Munita
Periodista

La semana dejó avances que cruzan escalas muy distintas: del cerebro humano a los confines del sistema solar, pasando por nuevas tecnologías y telescopios que vigilan el cielo en tiempo real. Seis investigaciones recientes que no solo amplían el conocimiento científico, sino que abren también preguntas sobre salud, ecosistemas y la posibilidad, todavía incierta, de otras inteligencias en el universo.

  •  Cinco días para aliviar la depresión resistente

Un equipo de la Universidad de California (UCLA) reportó que una versión intensiva de estimulación magnética transcraneal (TMS) logró reducir síntomas de depresión resistente en apenas cinco días. La TMS utiliza pulsos magnéticos dirigidos al cerebro para modular circuitos asociados al ánimo, sin efectos adversos significativos. La depresión resistente afecta a cerca del 30% de quienes no responden a fármacos, por lo que acortar tiempos podría cambiar radicalmente el acceso y la logística del tratamiento.
Dato curioso: la TMS no requiere anestesia ni cirugía; es un procedimiento ambulatorio.
Publicado el 25 de febrero de 2026.  Conoce MÁS.

  •  800 mil alertas en una sola noche

El Observatorio Vera C. Rubin activó su sistema de alertas automáticas y emitió cerca de 800 mil notificaciones en una sola noche. El telescopio detecta cambios en el cielo (como asteroides, explosiones estelares o estrellas variables) y los comunica en tiempo real a la comunidad científica. Este flujo continuo marca el inicio de una astronomía dinámica: en vez de observar el cielo de forma estática, ahora se monitorea cada variación casi al instante. El sistema permitirá reaccionar más rápido ante objetos potencialmente peligrosos y fenómenos transitorios.
Dato curioso: el Rubin generará más datos en 10 años que todos los telescopios ópticos anteriores juntos.
Publicado el 25 de febrero de 2026.  Conoce MÁS.

  •  Auroras en Ganímedes sorprenden a la ciencia

Datos recientes de la misión Juno revelaron que las auroras de Ganímedes, la luna más grande de Júpiter, siguen principios similares a los de la Tierra. Las auroras se producen cuando partículas cargadas interactúan con un campo magnético, generando luces polares. El hallazgo confirma que ciertas reglas físicas de las magnetósferas (regiones dominadas por el magnetismo de un cuerpo celeste) se repiten incluso en mundos muy distintos. Comprender estas dinámicas ayuda a modelar cómo los campos magnéticos protegen atmósferas y superficies planetarias.
Dato curioso: Ganímedes es el único satélite del sistema solar con un campo magnético propio.
Publicado el 2 de marzo de 2026.  Conoce MÁS.

  •  Un láser logra invertir un imán

Investigadores demostraron que pulsos ultrarrápidos de láser pueden invertir el estado magnético de un material sin necesidad de campos magnéticos externos. En términos simples, lograron cambiar la orientación interna de un imán usando solo luz. Esto abre posibilidades para memorias digitales más rápidas y dispositivos electrónicos más eficientes. El fenómeno ocurre en escalas de tiempo de femtosegundos (una milbillonésima de segundo), lo que lo vuelve relevante para tecnologías de próxima generación.
Dato curioso: un femtosegundo es tan breve que la luz recorre menos que el grosor de un cabello humano en ese tiempo.
Publicado el 3 de marzo de 2026.  Conoce MÁS.

ÓRBITAS PARALELAS

H5N1 llega a elefantes marinos
Autoridades confirmaron los primeros casos de gripe aviar H5N1 en elefantes marinos del norte en California. El virus circula principalmente en aves, pero ya ha infectado otros mamíferos. Su presencia en esta especie preocupa por el impacto en ecosistemas marinos y por su capacidad de cruzar barreras entre animales. No implica contagio humano, pero sí vigilancia científica constante.
Más información.

100 señales y una posible pista extraterrestre
Tras analizar 20 años de datos del radiotelescopio de Arecibo, un equipo redujo más de 12 mil millones de señales a solo 100 candidatas inusuales. Entre ellas, al menos una no encaja fácilmente con interferencias conocidas. No es evidencia de vida extraterrestre, pero sí una posible tecnofirma: una huella tecnológica no natural. Ahora comienza la verificación rigurosa para descartar errores y confirmar su origen.
Más información.

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LA IMAGEN DE LA SEMANA

Crédito: Otero Cavada, S. (2014), La tierra de fuego: gente y naturaleza marcadas por el calor profundo. Universidad de Chile, CEGA.

Por Camilo Sánchez
Geólogo

LA LUCHA DEL MAR Y LA TIERRA

Cuando Cai Cai Vilú, la serpiente que habitaba en el fondo del mar, despertó de su sueño, vio que los hombres no agradecían los dones que recibían del océano. Enfurecida, golpeó con su cola y desató un diluvio: el mar se desbordó e inundó la tierra para castigar aquella afrenta. Ante ello, Tren Tren Vilú, la serpiente terrestre, aconsejó a las personas refugiarse en lo alto de los cerros.

A medida que Cai Cai avanzaba con las aguas, Tren Tren hacía elevar montañas y volcanes. Solo unos pocos humanos y animales sobrevivieron; quienes no lo lograron fueron transformados en peces, cetáceos o rocas.

Así recoge Oreste Plath el relato mapuche sobre Cai Cai y Tren Tren, parte esencial de la cosmovisión mapuche respecto del origen del relieve y la configuración del paisaje.

  • Este mito puede leerse como una interpretación simbólica de procesos geológicos recurrentes en el territorio mapuche de Chile y Argentina. En particular, se ha asociado con la actividad tectónica expresada en terremotos y los fenómenos que estos desencadenan, como tsunamis. Dependiendo de la localidad, el relato incorpora matices: Tren Tren eleva la tierra con alas rojas; Cai Cai es dueña no solo del océano, sino también de ríos y lagos.
  • El geólogo Cristian Bastías indica, en su investigación “Influencia de los procesos geológicos en la cosmovisión Mapuche, entre Concepción y Chiloé”, que estas variaciones podrían vincularse a fenómenos locales como erupciones volcánicas andinas y la generación de lahares o aluviones asociados a la actividad eruptiva.

Más allá de su lectura geológica, la relación entre Cai Cai y Tren Tren pone de manifiesto una visión dual de la naturaleza: una tensión constante entre fuerzas que amenazan y fuerzas que protegen. Una dialéctica entre caos y orden, destrucción y supervivencia. Para la antropóloga Sonia Montecino, esta dualidad refleja una forma de comprender la habitabilidad del territorio, sustentada en normas y tradiciones derivadas de la cosmovisión mapuche, el Az Mapu. No es casual, por ejemplo, que las rucas no se emplazaran en zonas de inundación lacustre o en áreas expuestas a marejadas en el borde costero.

  • La Imagen de la Semana representa esta contienda constante entre mar y tierra, extraída del libro de divulgación científica La Tierra de Fuego. En ella se cruzan dos maneras de comprender el mundo. Como planteó Claude Lévi-Strauss, el pensamiento mítico y el pensamiento científico no son opuestos absolutos, sino formas distintas de organizar la experiencia con herramientas conceptuales diferentes.

La interpretación simbólica de la realidad debe entenderse desde su contexto histórico y cultural. En territorios sísmicos y volcánicos como el sur de Chile, los mitos no solo narran el origen del paisaje, también contienen memoria, advertencia y adaptación al riesgo para aprender a habitarlo.

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BREVES PARALELAS

Crédito: Imagen generada por IA.

Por Francisca Munita
Periodista

TRES METROS Y UN MICROSEGUNDO

El 27F no solo derrumbó edificios: también desplazó ciudades completas.

  • Mediciones posteriores mostraron que Concepción se movió cerca de tres metros hacia el oeste. Santiago también se desplazó, aunque en menor medida. El mapa físico de Chile cambió esa madrugada.

El impacto no fue solo local. Estudios citados por la NASA estimaron que el terremoto alteró levemente la distribución de masa del planeta, desplazó el eje terrestre algunos centímetros y acortó la duración del día en aproximadamente 1,26 microsegundos. Es una variación imperceptible para nosotros, pero medible con instrumentos de alta precisión.

Un sismo en Chile dejó una huella real en la dinámica de la Tierra.


CUANDO LA TELEVISIÓN TAMBIÉN TEMBLÓ

La señal que apareció en pantalla en TVN después del terremoto de 2010 era inquietante, casi tétrica. No había gráficas ni títulos y las conexiones en pantalla dividida no funcionaban porque varios sistemas internos habían quedado fuera de operación tras el sismo. Tuvieron que recurrir a la cortina musical de 2004, la única que estaba cargada en el sistema de emergencia. El estudio tenía una iluminación distinta y Mónica Rincón apareció en pijama.

  • El enlace con el transmisor del cerro San Cristóbal estaba cortado y la señal abierta en Santiago había caído, aunque en regiones la transmisión satelital seguía operando con dificultades.

En esa época, el departamento de prensa no tenía capacidad de transmisión en vivo de madrugada. Aun así, cerca de las 4:14 de la mañana, TVN logró volver al aire y se convirtió en el primer canal en retomar la cobertura, con una pantalla improvisada que reflejaba exactamente el desconcierto del país.

Registro y antecedentes recopilados por el Museo de la Televisión Chilena.

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RECOMENDACIÓN: MANUAL MÍNIMO PARA VIVIR EN UN PAÍS QUE TIEMBLA

Crédito: CineChile.

Por Ignacio Retamal
Dentista y doctor en Ciencias

Chile no es un país épico; es un país práctico que vive sobre una falla. Aquí el suelo no se da por sentado, se pone a prueba. Cada habitante lleva consigo su propio archivo sísmico: el tintineo de las copas, la puerta que golpea sola o ese silencio denso que precede al movimiento. No es drama, es rutina: la pausa necesaria para decidir si conviene levantarse, quedarse sentado o simplemente seguir sirviendo el vino.

  • Curiosamente, el cine chileno no ha explotado este fondo sísmico tanto como dictaría la lógica. Sin embargo, existen tres películas que funcionan como apuntes sueltos de un manual nunca escrito: La respuestaEl año del tigre y 3:34 Terremoto en Chile. Juntas, conforman un curso propedéutico para entender qué significa habitar un territorio donde la estabilidad es una excepción.

La respuesta (1961), de Leopoldo Castedo, es un gesto fundacional. Este documental registra la tragedia de Valdivia tras el terremoto de 1960, enfocándose en la lucha de obreros y técnicos para evitar que el desborde de un lago tragara la ciudad. No hay héroes de cómic; hay hombres embarrados y máquinas precarias diseñando soluciones a medio inventar. Es cine de trabajo, una coreografía donde, frente al desastre, siempre hay alguien que organiza, alguien que cava y alguien que anota.

  • Décadas después, El año del tigre (2011), de Sebastián Lelioutiliza el sismo de 2010 como un escenario emocional. Un preso recupera su libertad porque la cárcel se viene abajo, solo para encontrar afuera un encierro distinto: un país en ruinas y una fe tenue en la reconstrucción. Sin grandes discursos, la película nos muestra a un hombre caminando entre restos, intentando comprender qué significa seguir vivo cuando las estructuras –la cárcel, la casa, la familia– han dejado de existir.

Por su parte, en 3:34 Terremoto en Chile (2011), de Juan Pablo Olavarría, la apuesta es frontal. A través de tres historias cruzadas durante la noche del 27F, la cinta transita entre la acción y el melodrama con una urgencia de registro. Es menos reflexión y más vivencia: “Así se sintió estar ahí”. Es el registro de esas horas en que la noche se volvió interminable, un piloto de una serie de catástrofes que, como sociedad, nunca terminamos de filmar.

  • Deberíamos producir más contenido de este tipo: guías lúdicas tituladas “Qué hacer en tu primer 7.0: edición para extranjeros nerviosos”. No para convertir el desastre en espectáculo, sino para explicar nuestra idiosincrasia: que aquí nadie corre ante un temblor menor, que los niños aprenden el “triángulo de seguridad” antes de amarrarse los zapatos y que la frase “otro más” es parte de nuestro inventario cotidiano.

Estas tres películas ofrecen un Chile para principiantes. No prometen resiliencia ni ofrecen moralejas; muestran cuerpos y decisiones en el momento exacto de la falla. Al verlas, un extranjero quizás siga sin distinguir un “temblor largo” de un terremoto, pero entenderá lo esencial: en este país el suelo tiembla, las copas se rompen y, aun así, siempre hay alguien dispuesto a abrir la siguiente botella.


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 Y esto es todo en esta edición de Universo Paralelo. Ya sabes, si tienes comentarios, recomendaciones, fotos, temas que aportar, puedes escribirme a universoparalelo@elmostrador.cl. Gracias por ser parte de este Universo Paralelo.

  • Mis agradecimientos al equipo editorial que me apoya en este proyecto: Fabiola ArévaloFrancisco Crespo, Francisca Munita, Ignacio Retamal, Camilo Sánchez y Sofía Vargas, y a todo el equipo de El Mostrador.

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