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Cuello tecnológico: el uso excesivo de pantallas impulsa una nueva causa de dolor cervical crónico Salud Créditos: El Mostrador.

Cuello tecnológico: el uso excesivo de pantallas impulsa una nueva causa de dolor cervical crónico

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El uso prolongado de celulares y computadores está detrás de un aumento sostenido del dolor cervical, hoy una de las principales causas de malestar físico. Expertos advierten sobre los riesgos de la mala postura y entregan claves para prevenir el llamado “cuello tecnológico”.


El avance de la tecnología no solo ha modificado la forma en que trabajamos y nos comunicamos, sino también la manera en que el cuerpo responde a nuevas rutinas. El uso prolongado de dispositivos electrónicos ha instalado una afección cada vez más común: el llamado “cuello tecnológico”, hoy una de las principales fuentes de dolor cervical y malestar físico en la vida cotidiana.

Según un artículo publicado por Mayo Clinic, el dolor cervical ocupa el cuarto lugar entre las causas principales de discapacidad en el mundo. Las cifras reflejan un cambio de hábitos significativo. En promedio, las personas pasan 3 horas y 15 minutos al día usando el teléfono móvil y revisan la pantalla cerca de 58 veces diarias. A esto se suman las extensas jornadas frente a computadores, lo que incrementa la exposición a posturas inadecuadas.

El problema radica en la posición que adopta el cuerpo. Inclinar la cabeza hacia adelante, especialmente en ángulos cercanos a los 45 grados, aumenta considerablemente la presión sobre la columna cervical. Esta sobrecarga sostenida genera fatiga muscular, contracturas e incluso dolores de cabeza, en un contexto donde el cuerpo prioriza la comodidad visual por sobre una postura saludable.

Una molestia que se vuelve crónica

El “cuello tecnológico” describe cualquier dolor, rigidez o incomodidad persistente en el cuello y los hombros derivada de una mala postura al usar dispositivos digitales. Mirar constantemente hacia abajo provoca tensión continua en los músculos cervicales y favorece la caída de los hombros, lo que puede extender el dolor hacia brazos y manos, e incluso afectar la espalda en casos más prolongados.

Aunque puede presentarse a cualquier edad, sus efectos varían según la etapa de la vida. En niños y adolescentes, los síntomas pueden ser menos evidentes en el corto plazo, pero la acumulación de tensión puede interferir en el desarrollo muscular y articular. En adultos, en tanto, se observa una mayor incidencia de fatiga, esguinces y distensiones a partir de los 20 años.

Los especialistas advierten que, si bien muchos episodios de dolor cervical agudo desaparecen con o sin tratamiento, cerca de la mitad de quienes lo padecen experimentan molestias recurrentes. Factores como el envejecimiento y el desgaste de los discos intervertebrales aumentan la presión sobre los nervios, favoreciendo la cronificación del dolor.

Sedentarismo y mala postura: una combinación de riesgo

El tiempo prolongado en posiciones estáticas y la falta de pausas activas intensifican el impacto del cuello tecnológico. Quienes trabajan o estudian frente a pantallas suelen experimentar síntomas como rigidez, dolor persistente y cefaleas, además de alteraciones posturales que afectan el rendimiento diario.

A esto se suma un factor clave: el cuerpo tiende a adaptarse para ver mejor la pantalla, incluso si eso implica adoptar posturas perjudiciales. Esta compensación, aunque natural, sobrecarga los músculos del cuello, hombros y espalda, y puede generar dolor irradiado hacia otras zonas del cuerpo.

En este contexto, el sedentarismo y la falta de ergonomía agravan el problema. La ausencia de movimiento y de espacios de trabajo adecuados contribuyen a que estas molestias se vuelvan cada vez más frecuentes.

Claves para prevenir el dolor cervical

Frente a este escenario, los expertos coinciden en la importancia de adoptar medidas preventivas. Entre ellas, ubicar las pantallas a una distancia de entre 20 y 30 pulgadas de los ojos y ajustar la altura del monitor para mantener la mirada al frente. La postura ideal considera la cabeza erguida, las orejas alineadas con los hombros y la espalda recta.

También se recomienda mantener los codos en un ángulo de 90 grados, apoyar los pies en el suelo y utilizar superficies que permitan descansar los antebrazos. A esto se suma la necesidad de realizar pausas frecuentes, cambiar de posición e incorporar ejercicios de estiramiento durante la jornada.

La evidencia apunta a que la educación postural y la adaptación de los espacios de trabajo y estudio son fundamentales para reducir la incidencia de esta afección. Mantener una postura neutra, junto con movimiento regular, se vuelve clave para proteger la salud cervical en una era marcada por el uso constante de tecnología.

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