Inclusión
Derribando mitos: “El amor no tiene requisitos”
En el Día de los Enamorados, invitan a reflexionar sobre una discriminación silenciosa que afecta a más de 2,7 millones de personas en Chile: el prejuicio de que las personas en situación de discapacidad no viven el amor plenamente.
En una fecha donde las vitrinas se llenan de corazones, flores y promesas románticas, Fundación Wazú pone el foco en quienes históricamente han quedado fuera de esa narrativa: las personas en situación de discapacidad, cuyo derecho a amar y ser amadas sigue siendo cuestionado por estereotipos sociales profundamente arraigados.
En Chile, más de 2,7 millones de personas adultas viven en situación de discapacidad —cerca del 17% de la población adulta, según el II Estudio Nacional de la Discapacidad (ENDISC)—. Sin embargo, su vida afectiva y sexual continúa siendo invisibilizada en las conversaciones públicas, en las políticas y en los imaginarios culturales.
Desde la organización advierten que persiste una mirada asistencialista e infantilizadora que les niega autonomía emocional. Se les considera “eternamente dependientes”, se duda de su capacidad de decidir, de consentir o de formar pareja, y se instala la idea de que el amor es un privilegio al que no necesariamente pueden acceder.
“A muchas personas con discapacidad se les niega algo tan humano como el amor. Se les trata como si no tuvieran deseo, como si no pudieran elegir, o como si el cariño fuera un premio y no un derecho”, señaló Loch Peter, director de Fundación Wazú.
Amor también es accesibilidad
Hablar de inclusión no es solo hablar de rampas, señalética o transporte adaptado. Es también garantizar espacios de encuentro, educación afectiva inclusiva, autonomía económica y entornos libres de prejuicio que permitan construir vínculos.
Para muchas personas en situación de discapacidad, iniciar o sostener una relación implica enfrentar múltiples barreras: dificultades para acceder a espacios sociales, sobreprotección familiar, dependencia económica, falta de información sobre sexualidad y consentimiento, y estigmas que afectan su autoestima y posibilidades de interacción.
El impacto no es menor. La negación sistemática de su dimensión afectiva contribuye al aislamiento, a la invisibilidad y, en muchos casos, a la vulneración de derechos fundamentales.
La situación es aún más compleja para las mujeres con discapacidad, quienes enfrentan una doble discriminación: por género y por discapacidad. Con frecuencia son más controladas, infantilizadas o excluidas de decisiones sobre su propio cuerpo y su vida afectiva, lo que limita su autonomía y expone mayores riesgos de violencia y abuso.
Derribar prejuicios: una tarea urgente
En este Día del Amor, Fundación Wazú hace un llamado a cambiar el paradigma cultural y reconocer que las personas en situación de discapacidad:
- se enamoran,
- forman vínculos,
- desean y son deseadas,
- tienen derecho a una vida afectiva y sexual plena,
- y deben ser respetadas como sujetas de autonomía, consentimiento y decisión.
“El amor no debería depender del cuerpo, ni de la norma social, ni de cumplir un estándar. El amor es parte de la vida, y la inclusión también se juega en permitir que todas las personas vivan relaciones con dignidad, consentimiento y libertad”, agrega Loch Peter.
Más allá de los gestos románticos de esta fecha, la invitación es a cuestionar los prejuicios cotidianos: ¿qué imaginamos cuando pensamos en una pareja?, ¿a quiénes incluimos —y a quiénes excluimos— de esa imagen?
Porque amar y ser amada no debería ser un privilegio reservado para algunos cuerpos o experiencias. Debería ser un derecho garantizado para todas las personas.