Opinión
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No hay salud sin naturaleza
El Día Mundial de la Salud, que se conmemora cada 7 de abril, suele llevar la conversación hacia enfermedades, hospitales, vacunas o acceso a tratamientos. Pero la salud no está ligada únicamente a esto. También está asociada al agua, el aire, los alimentos y el estado de los territorios en que vivimos. Depende, en el fondo, de la naturaleza.
Este año la conmemoración pone el foco en algo que parece obvio, pero que hoy es necesario volver a decir. La salud necesita a la ciencia. Requiere evidencia, hechos y orientaciones basadas en conocimiento, no solo para enfrentar enfermedades prevenibles, sino también para reconocer las amenazas que muchas veces se minimizan o se miran como si no tuvieran relación directa con la salud.
Entre esas amenazas está el deterioro ambiental, lo que no es una exageración. La evidencia viene mostrando hace tiempo que la salud humana no puede separarse de la salud animal, vegetal y ambiental. Cuando se contamina el agua, se degradan los suelos, se pierde biodiversidad o cuando el cambio climático altera los territorios, no solo se afecta la naturaleza. También aumentan los riesgos para la salud, se vuelve más difícil prevenir enfermedades y se debilitan las bases del bienestar.
Por eso, cuidar el agua, los suelos, la biodiversidad y los ecosistemas, no responde a una moda. Tiene que ver con algo mucho más básico. Sin naturaleza no hay agua, pero tampoco hay alimentos. Y sin agua ni alimentos seguros, suficientes y accesibles, hablar de salud pierde sentido.
Además, ese daño no se reparte de manera pareja. La contaminación, el calor extremo, la escasez hídrica o la falta de áreas verdes se traducen en más enfermedades respiratorias, mayores problemas asociados al calor, peor salud mental, aumento de la inseguridad alimentaria y dificultades para llevar una vida digna. Y, como pasa tantas veces, quienes lo resienten son las personas y comunidades con menos recursos para protegerse. Por eso, hablar de salud también es hablar de justicia social.
El enfoque Una Salud ayuda justamente a entender esa conexión. En tiempos de incertidumbre, proteger la naturaleza no es un lujo ni una ideología. Seguir tratándola como si fuera un obstáculo al crecimiento pasa por alto algo bastante básico: sin naturaleza no hay salud, y sin salud no hay vida digna.
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