La llegada de Xiomara Castro a la presidencia de Honduras marcó un hito histórico al convertirse en la primera mujer en gobernar el país. Su administración deja un legado en materia de derechos de las mujeres, reflejado en avances legislativos, fortalecimiento institucional y políticas públicas con enfoque de género, aunque sin lograr revertir una violencia estructural que continúa cobrando la vida de cientos de mujeres cada año.
Desde enero de 2022, el Gobierno de Castro impulsó una agenda que permitió consolidar demandas históricas del movimiento de mujeres. Entre los principales hitos se encuentra la elevación del Instituto Nacional de la Mujer al rango de Secretaría de Estado de la Mujer, una medida que fortaleció su capacidad política y administrativa.
A ello se sumó la promulgación de la Ley de Casas Refugio, orientada a regular espacios seguros para mujeres víctimas de violencia, desplazamiento forzado o trata de personas. También se avanzó en la creación de un protocolo de atención a víctimas de violencia sexual y en la Ley de Protección a las Mujeres en Situaciones de Emergencia, Desastres Naturales y Multicrisis.
Otro eje fue el fortalecimiento del programa Ciudad Mujer, una iniciativa interinstitucional que busca concentrar en un solo espacio servicios de salud, justicia, apoyo psicosocial y formación para mujeres en situación de vulnerabilidad.
En materia de derechos sexuales y reproductivos, Honduras continúa manteniendo una de las legislaciones más restrictivas de la región respecto al aborto, que sigue prohibido bajo cualquier circunstancia. No obstante, durante este periodo se produjo un cambio significativo tras la firma de la norma que eliminó la prohibición del uso y la venta de la anticoncepción de emergencia, vigente desde 2009.
Un feminismo impulsado desde las demandas sociales
Pese a estos avances, activistas subrayan que las políticas impulsadas no responden necesariamente a una identificación ideológica de la mandataria con el feminismo.
“(Hay que) aclarar que Xiomara Castro jamás se identificó como feminista ni con el feminismo, sino que estas son propuestas que las mujeres llevamos años demandando”, señaló a EFE la activista y feminista Jessica Sánchez.
Esta distinción resulta clave para comprender el alcance del legado de su Gobierno: avances impulsados desde una presión sostenida de organizaciones sociales, más que desde una agenda feminista declarada desde el poder.
Feminicidios: una violencia persistente
Uno de los puntos más críticos de la evaluación del mandato de Castro es la violencia contra las mujeres. Aunque el Gobierno destacó una baja del 20 % en los feminicidios, las cifras oficiales y académicas reflejan un escenario complejo y aún alarmante.
“Creo que sí nos quedó a deber en materia de violencia contra las mujeres. Aunque su Gobierno haya destacado que los femicidios bajaron en un 20 %, cuando vemos las cifras del Observatorio de la Violencia (…) durante el periodo hubo más de 1.000 muertes de mujeres, femicidios y muertes violentas de mujeres”, resalta Sánchez.
De acuerdo con datos del Observatorio Nacional de la Violencia (ONV) de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), entre enero de 2022 y diciembre de 2025 se registraron 1.221 feminicidios. El año más letal fue 2023, con 411 mujeres asesinadas.
En 2025 se contabilizaron 262 muertes violentas de mujeres, lo que equivale a un asesinato cada 33 horas con 26 minutos. Del total, el 66,4 % de los crímenes se cometieron con arma de fuego, el 53,8 % ocurrió en la vía pública y el 46,2 % de las víctimas tenía entre 30 y 59 años.
Si bien en 2024 y 2025 se observó un leve descenso en comparación con los años anteriores, Honduras continúa entre los países más peligrosos de la región para las mujeres. Como referencia histórica, el año más violento fue 2013, con 636 feminicidios, cerca de dos por día.
En lo que va de enero, la Defensoría del Pueblo ya registra “alrededor de una veintena” de mujeres asesinadas.
Temores ante un posible retroceso
El fin del Gobierno de Castro y la llegada del conservador Nasry ‘Tito’ Asfura, del Partido Nacional, ha encendido las alertas del movimiento feminista hondureño. “Al ser el gobierno de corte conservador sí esperamos retrocesos a los derechos de las mujeres”, admitió Sánchez ante el cambio de administración.
Las preocupaciones se intensificaron tras la instalación de la nueva legislatura del Parlamento, donde, según denunciaron activistas, se habría izado una bandera provida.
“Ese es un mensaje claro de la gente provida que va en contra de todos los derechos humanos de las mujeres hondureñas. Eso es grave”, describió Wendy Cruz, integrante de la organización Vía Campesina.
En este contexto, el movimiento feminista salió a las calles de Tegucigalpa durante el Día de la Mujer Hondureña, en una manifestación que se desarrolló bajo fuerte presencia militar y terminó con un leve enfrentamiento entre manifestantes y efectivos de seguridad.
Varias organizaciones expresaron su inquietud ante eventuales recortes, fusiones o debilitamiento de las instituciones públicas creadas o fortalecidas durante la administración de Castro, un escenario que ya se observa en otros países de Centroamérica.
El balance del primer Gobierno encabezado por una mujer en Honduras deja avances concretos en legislación e institucionalidad, pero también evidencia los límites de una agenda de igualdad en un contexto marcado por la violencia estructural y la fragilidad democrática. La estela feminista que deja Xiomara Castro no aparece como un punto de llegada, sino como un terreno en disputa, cuyo futuro dependerá de la capacidad de resistencia y articulación del movimiento de mujeres frente a un nuevo ciclo político.