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Quién es Sarah Mullally, la primera mujer en liderar la Iglesia anglicana en casi 500 años BRAGA

Quién es Sarah Mullally, la primera mujer en liderar la Iglesia anglicana en casi 500 años

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Por primera vez en casi 500 años, Sarah Mullally asume como Arzobispa de Canterbury, marcando un hito en la Iglesia de Inglaterra. Su nombramiento llega tras un escándalo de abusos y en medio de debates éticos, abriendo una nueva etapa para el anglicanismo global.


Por primera vez en casi 500 años de historia, una mujer lidera la Iglesia de Inglaterra: Sarah Mullally, de 63 años, fue instalada como la primera Arzobispa de Canterbury.

El Arzobispo de Canterbury es considerado el jefe espiritual de la Iglesia anglicana en todo el mundo.

También desempeña un papel importante en la vida pública, ocupando un escaño en la Cámara de los Lores del Parlamento británico.

Esto significa que participa en debates, habla sobre política pública —incluyendo temas relacionados con libertad religiosa— y asiste a eventos de importancia nacional.

En sus primeras palabras tras su confirmación, Mullally afirmó que, si bien el cargo representa una “enorme responsabilidad”, tiene una sensación de “paz y confianza en que Dios la guiará”.

Mullally es la clériga número 106 en asumir el cargo. Su confirmación tuvo lugar en la catedral de Canterbury, frente a casi 2.000 asistentes, incluyendo miembros de la familia real, el primer ministro y otros dignatarios.

El puesto que ocupa ahora estuvo vacante durante casi un año después de que su predecesor, Justin Welby, anunciara su dimisión por la mala gestión de un escándalo de abuso sexual infantil que fue muy polémico en Reino Unido.

Sarah Mullally

El puesto que ahora ocupa Mullally estuvo vacante durante casi un año por un escándalo de abusos en la Iglesia de Inglatera.

Una revisión independiente concluyó que el abogado y líder de un campamento cristiano John Smyth —el abusador en serie más prolífico asociado con la Iglesia— podría haber sido llevado ante la justicia si Welby lo hubiera denunciado formalmente a la policía en 2013.

El escándalo conmocionó a Reino Unido y provocó llamados para que la Iglesia de Inglaterra, cuya cabeza es el monarca británico, fuera reformada.

“Hoy en día, en todo nuestro país, nos enfrentamos a complejas cuestiones morales y políticas. El derecho de las personas con enfermedades terminales a acabar con su vida. Nuestra respuesta a las personas que huyen de la guerra y la persecución en busca de seguridad y refugio”, dijo Mullally.

“También las presiones sobre las comunidades que han sido ignoradas y subestimadas. La profunda pregunta de quiénes somos como nación en un mundo que a menudo está al borde del abismo”.

El Rey, cabeza de la Iglesia

Sarah Mullaly juramenta con una mano en una gran biblia, y el decano de Canterbury al frente suyo.

La arzobispo de Canterbury juramenta ante la Biblia de San Juan, en la Catedral de Canterbury.

Aunque técnicamente el rey Carlos III es la cabeza de la Iglesia de Inglaterra, quien ostenta el cargo de Arzobispo de Canterbury es el clérigo de mayor rango y el líder espiritual de la Iglesia y de la Comunión Anglicana mundial.

La Iglesia de Inglaterra cuenta con unos 20 millones de miembros bautizados, pero se estima que el número de feligreses regulares es de poco menos de un millón, según cifras de 2022.

La Iglesia Anglicana se convirtió en la iglesia estatal establecida tras la separación del rey Enrique VIII de la Iglesia Católica Romana en la década de 1530.

No es la primera vez que Mullally es pionera. En 1999, antes de ordenarse sacerdote, se convirtió en la jefa de enfermería más joven de la historia de Inglaterra. Se describe a sí misma como feminista.

Mullally en una ceremonia leyendo.

Mullally fue ordenada sacerdote en 2002 y se convirtió en la primera obispa de Londres en 2018.

En 2002, fue ordenada sacerdote y se convirtió en la primera obispa de Londres en 2018, cargo que ocupó durante siete años, siendo la tercera miembro más antigua del clero de la Iglesia.

Las mujeres solo pueden ser sacerdote en la Iglesia de Inglaterra desde mediados de la década de 1990. Y solo pueden ser ordenadas obispas desde 2014, tras años de encarnizadas disputas entre facciones.

Mujeres en el sacerdocio

Sarah Mullally durante el servicio de investidura como 133.ª Obispa de Londres en la Catedral de San Pablo en 2018.

Más de 40 de los 108 obispos de Inglaterra son ahora mujeres.

Sin embargo, hay obispos de alto rango en la Iglesia de Inglaterra que se oponen abiertamente a que las mujeres se unan al sacerdocio, y mucho más a que dirijan la institución.

“La legislación exige que los arzobispos de Canterbury se jubilen a los 70 años, lo que quizás sea una de las razones por las que algunos no consideraban a Sarah Mullally como una de las principales candidatas para ser seleccionada. En cambio, ha hecho historia”, dijo el corresponsal de Asuntos Religiosos de la BBC, Aleem Maqbool.

Sarah Mullally con camisa violeta, sonrie abrindo los brazos en frente de la escalinata de la catedral de St. Paul en Londres

El primer ministro Keir Starmer celebró el nombramiento de la primera mujer en ocupar el cargo.

Una de las funciones de Mullally en su anterior cargo como obispa de Londres fue presidir un organismo que intentaba orientar la decisión de la Iglesia de Inglaterra sobre la bendición de los matrimonios entre personas del mismo sexo.

Mullally describió la decisión de permitir finalmente que los sacerdotes bendigan a las parejas del mismo sexo en 2023 como “un momento de esperanza para la Iglesia”.

Sin embargo, aludiendo a las profundas divisiones que aún existen en la Iglesia sobre este tema, dijo: “Sé que lo que hemos propuesto como camino a seguir no es suficiente para muchos, pero sí demasiado para otros”.

Proyecto de muerte asistida

En los próximos meses, como miembro de la Cámara de los Lores, Mullally tendrá que votar el proyecto de ley sobre muerte asistida que se debate actualmente en el Parlamento de Westminster.

Se opone a la legislación abiertamente.

“Debemos oponernos a una ley que pone en riesgo a las personas vulnerables y, en su lugar, trabajar para mejorar la financiación y el acceso a los servicios de cuidados paliativos que tanto se necesitan”.

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