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Mujeres de pueblos originarios lideran monitoreo biocultural para proteger el mar en Chile BRAGA Créditos: El Mostrador.

Mujeres de pueblos originarios lideran monitoreo biocultural para proteger el mar en Chile

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Desde 2024, la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar impulsa un programa de monitoreo biocultural en 11 territorios que combina saberes ancestrales y ciencia para generar datos propios, fortalecer la gobernanza costera y resguardar ecosistemas marinos y derechos territoriales.


Desde 2024, la Red de Mujeres Originarias por la Defensa del Mar (RDM) desarrolla un Programa de Monitoreo Biocultural Comunitario en 11 territorios del país, articulando saberes ancestrales y herramientas científicas para resguardar los ecosistemas marinos y los derechos territoriales de los pueblos originarios.

Chile, con más de 4.300 kilómetros de costa, mantiene una estrecha relación con el océano Pacífico, clave para la vida cotidiana, la alimentación y la identidad de sus habitantes. Sin embargo, persiste una desconexión entre las grandes ciudades y este ecosistema. Frente a este escenario, la RDM —integrada por los pueblos Diaguita, Chango, Mapuche lafkenche-Williche, Kawésqar y Yagán— promueve una estrategia que pone en el centro el rol de las mujeres en la observación, cuidado y toma de decisiones sobre el mar.

El programa se implementa principalmente en Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO), figura legal establecida por la Ley 20.249, que reconoce la administración comunitaria de áreas costeras para proteger sus usos tradicionales y vínculos espirituales. Ante la falta de datos pertinentes para la toma de decisiones en territorios costeros, la iniciativa propone generar información propia, culturalmente relevante y accesible, integrando conocimientos ancestrales con metodologías científicas.

El monitoreo biocultural comunitario no solo considera indicadores de calidad del agua —como pH, oxígeno disuelto, temperatura, alcalinidad, cloruro, nitrógeno amoniacal y nitrito—, sino también dimensiones intangibles como memorias, prácticas y saberes intergeneracionales. Esta combinación permite producir datos autónomos que fortalecen la incidencia política de las comunidades y resguardan actividades fundamentales como la pesca y el marisqueo.

Desde su puesta en marcha, el programa ha desarrollado dos pilotos territoriales y una primera instancia de formación en monitoreo de cuerpos de agua dirigida a mujeres, con participación de niñas, niños y adolescentes. Cada territorio ha conformado equipos propios y realizado diagnósticos participativos, lo que ha permitido contar con equipamiento adecuado y asegurar la continuidad del monitoreo de forma autónoma.

La iniciativa también se alinea con compromisos internacionales como el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal, especialmente en metas vinculadas a la conservación del 30% de los territorios y mares, la integración de pueblos originarios en la toma de decisiones y el liderazgo de las mujeres en acciones por la biodiversidad.

A través de una implementación gradual y co-construida, que incluye talleres y cartografía participativa, la RDM busca que cada comunidad desarrolle sus propios sistemas de monitoreo y herramientas de registro. El objetivo es consolidar una base de conocimiento que fortalezca la defensa territorial, la gestión informada y la transmisión de saberes entre generaciones.

“Generar información desde nuestros territorios es recuperar la capacidad de decidir sobre lo que nos rodea”, señala la red en su declaración. El proceso, además, refuerza el orgullo comunitario y la resiliencia frente a amenazas ambientales, destacando el papel fundamental de las mujeres originarias en la conservación del mar.

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