Yo opino
El parto como territorio libre de violencia: un derecho pendiente
En agosto de 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reconoció el cuidado como un derecho humano, un hito para la región. Al reconocer este derecho en su alcance y su relación con otros derechos fundamentales, la Corte refuerza el camino hacia sistemas integrales de cuidado en América Latina y vuelve a instalar el tema en la agenda regional.
El Tribunal recordó que este derecho se fundamenta en tres principios: corresponsabilidad social y familiar, solidaridad e igualdad y no discriminación. También definió tres dimensiones básicas: ser cuidado, cuidar y el autocuidado.
Dentro de ellas, la que nos interpela de forma más inmediata es el derecho a ser cuidado: todas las personas en situación de dependencia tienen derecho a recibir atenciones de calidad, suficientes y adecuadas para vivir con dignidad.
El parto como escenario de vulnerabilidad
¿Qué momento de mayor vulnerabilidad existe que el nacimiento? La mujer que va a parir y el bebé que está por nacer se encuentran en completa dependencia. Para que los mecanismos fisiológicos del parto se desencadenen adecuadamente se requiere algo más que infraestructura hospitalaria: se necesita seguridad, especialmente seguridad emocional. Sentirse segura para parir. Esa sensación la proveen quienes acompañan el proceso: profesionales, acompañantes, pareja o redes de apoyo.
Cuidar desde el inicio de la vida
Si bien solemos hablar del cuidado como un derecho a lo largo de toda la vida, es urgente mirarlo desde el inicio mismo de la existencia. El parto es la primera experiencia de cuidado para la madre y el bebé, y proteger ese espacio exige más que la voluntad de equipos comprometidos: requiere políticas públicas en salud materno-infantil, que incluyan la salud primal y reconozcan el cuidado como dimensión central.
La Organización Mundial de la Salud (2018) define una experiencia de parto positiva como aquella que cumple o supera las expectativas personales y socioculturales de la mujer, garantiza un entorno clínicamente seguro y ofrece apoyo emocional continuo y trato respetuoso. Esta definición recuerda que la seguridad psicológica es tan importante como la física.
El nacimiento no es solo un evento fisiológico, sino también un proceso neuropsicológico y emocional que implica una intensa reorganización subjetiva y vincular. El entorno emocional, la calidad del vínculo con el personal de salud, el respeto a la autonomía de la madre y su sensación de seguridad, influye directamente en los procesos neuroendocrinos que gobiernan el parto y en el inicio del vínculo madre-bebé.
Una experiencia de parto vivida con respeto, acompañamiento y seguridad puede ser transformadora y fortalecedora. En cambio, un parto marcado por miedo, violencia obstétrica o desinformación puede dejar huellas profundas en la salud mental y en los vínculos tempranos.
El cuidado como base de la dignidad
La sentencia de la CIDH ofrece un marco poderoso: el derecho al cuidado comienza en el momento mismo de nacer. No es un beneficio accesorio, sino una condición para la dignidad humana. Reconocer el parto como un espacio donde debe garantizarse este derecho implica transformar prácticas, fortalecer políticas públicas y poner el cuidado en el centro de la vida social.
En el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, debemos recordar una vez más que parir y nacer libres de violencia, no es un lujo: es un derecho que inaugura a todos los demás.
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