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Cuando el feminismo se vuelve excluyente Yo opino Créditos: Agencia Uno.

Cuando el feminismo se vuelve excluyente

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Camila González Zumelzu
Por : Camila González Zumelzu Cientista política con formación en género y ex directora regional del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género.
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El nombramiento de la nueva ministra de la Mujer y la Equidad de Género ha dejado al descubierto una paradoja incómoda: en nombre del feminismo, se ha cuestionado la legitimidad de una mujer para ejercer un cargo público, no por falta de competencias, sino por su militancia política.

Como cientista política, con formación en género, y ex directora regional del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género, he visto cómo estas reacciones se repiten con preocupante frecuencia: si una mujer no responde a un determinado marco ideológico, su compromiso con la igualdad es puesto en duda.

Este fenómeno no es nuevo, pero sí preocupante. Porque transforma una causa histórica —la igualdad de derechos y oportunidades— en un espacio de exclusión simbólica. Como si solo ciertas mujeres estuvieran autorizadas a hablar de género, y otras debieran limitarse al silencio.

El feminismo no es un bloque homogéneo ni un patrimonio partidario. En España, figuras como Cayetana Álvarez de Toledo o Inés Arrimadas han defendido, desde posiciones distintas, que la igualdad no se construye anulando la diversidad ideológica de las mujeres, sino garantizando su presencia efectiva en la toma de decisiones.

Mientras discutimos identidades políticas, los datos siguen siendo elocuentes: brechas salariales persistentes, escasas políticas de conciliación, sistemas de cuidado insuficientes y una violencia de género que no cede. Frente a ese escenario, la discusión relevante no es quién ocupa el cargo, sino qué será capaz de hacer con él.

¿Qué ocurriría si esta ministra logra avanzar donde otras no pudieron? ¿Si implementa políticas laborales efectivas para mujeres cuidadoras, o sistemas de acompañamiento que realmente prevengan nuevos femicidios? ¿Estaríamos dispuestos a reconocer esos avances, aun cuando provengan de un sector político distinto?

Cuestionar un nombramiento por prejuicio ideológico no es feminista. Es dogmático. La igualdad exige resultados, no consignas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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