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Créditos: El Mostrador.
Prevenir sí es posible: el desafío frente al cáncer cervicouterino
Cada año el Día Mundial de la Prevención del Cáncer Cervicouterino nos recuerda una realidad: miles de mujeres siguen enfermando por una patología que hoy es, en gran medida, prevenible con estrategias como la vacunación, el cribado y tratamiento de lesiones precursoras. En Chile, pese a los avances del sistema de salud, continúa siendo una de las principales causas de muerte de tipo ginecológico.
La evidencia científica es clara. Prácticamente todos los casos están asociados a la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH), muy frecuente y que se transmite principalmente por contacto sexual. Se estima que la mayoría de las personas lo adquirirá en algún momento de su vida. Sin embargo, solo algunos tipos, denominados de alto riesgo, pueden generar lesiones que, con los años, evolucionan hacia cáncer.
Durante décadas, la principal herramienta de prevención ha sido el Papanicolau, examen que permite detectar lesiones antes de que se transformen en cáncer. Gracias a este tamizaje, muchas vidas se han salvado. Pero en los últimos años se ha sumado una estrategia aún más prometedora: la vacunación contra el VPH.
Chile fue uno de los primeros países de América Latina en incorporar esta vacuna al Programa Nacional de Inmunizaciones, administrándola a niñas y niños en edad escolar. Esta política pública representa un avance sanitario significativo, pues la vacuna protege contra nueve tipos de virus del papiloma humano: 6, 11, 16, 18, 31, 33, 45, 52 y 58. Entre ellos, los de tipo 16 y 18 son responsables de alrededor del 70% de los cánceres cervicouterinos, mientras que los tipos 31, 33, 45, 52 y 58 amplían significativamente la protección frente a otros cánceres asociados al virus.
Además de prevenir el cáncer cervicouterino, esta vacuna contribuye a reducir el riesgo de otros tumores vinculados al VPH, como cáncer anal, cáncer de pene, cáncer de vulva, cáncer vaginal y algunos cánceres de orofaringe. También protege contra los tipos 6 y 11, responsables de la gran mayoría de las verrugas genitales.
La incorporación de esta vacuna al calendario escolar para niñas y niños, representa una oportunidad sanitaria histórica. Sin embargo, su impacto dependerá de mantener altas coberturas de vacunación y de fortalecer la participación en los programas de tamizaje.
En el Día Mundial de la Prevención del Cáncer Cervicouterino, el mensaje es claro: hoy existen herramientas concretas para reducir de manera significativa esta enfermedad. La combinación de vacunación temprana, información basada en evidencia y controles periódicos, permite avanzar hacia un escenario que hace algunas décadas parecía imposible: que el cáncer cervicouterino deje de ser una amenaza para las futuras generaciones.
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