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Créditos: Agencia Uno.
¿Por qué se retira la perspectiva de género en Defensa?
La decisión del gobierno de José Antonio Kast de retirar la Política de Defensa Nacional ingresada durante la administración anterior no debe leerse como un simple trámite administrativo de cambio de mando. Al eliminar un marco que incorporaba explícitamente la perspectiva de género, se interrumpe un trabajo institucional que se venía desarrollando de manera sostenida desde el año 2014. Aunque la medida se presentó bajo el sello de una revisión habitual, lo que se pretende es borrar una política de Estado para reconocer y abordar desigualdades estructurales dentro de una de las instituciones más tradicionales y jerárquicas del país. La gravedad de esta medida es que sugiere que la igualdad no es un principio fundamental y transversal, sino un accesorio prescindible según el signo político de turno.
La perspectiva de género no es una imposición ideológica ajena a la realidad militar, sino un enfoque técnico que permite identificar cómo las normas y prácticas afectan de manera diferenciada a las personas. En el contexto de la Defensa, implica reconocer que las Fuerzas Armadas no son espacios neutros y que en su interior persisten brechas de acceso, trayectorias desiguales y dinámicas de poder que pueden derivar en discriminación. Al retirar este marco, se desechan iniciativas críticas como el fortalecimiento de mecanismos contra el acoso sexual y laboral, la implementación de salas de lactancia, el fomento de la corresponsabilidad en los cuidados (medidas esenciales para proteger la maternidad) y la generación de diagnósticos actualizados sobre la integración de las mujeres. Lo que se pierde, en definitiva, es la capacidad de nombrar y gestionar problemas que, sin este respaldo normativo, tienden a desaparecer del radar institucional.
Esta decisión no puede entenderse de forma aislada, ya que se inscribe en un esfuerzo del gobierno actual por reordenar el debate público en torno a lo que denomina una “batalla cultural”. En este esquema, la perspectiva de género aparece recurrentemente como un blanco estratégico, no necesariamente por su significado específico, sino por lo que simboliza, esto es, una forma de comprender la sociedad que incomoda a sectores que buscan reinstalar nociones tradicionales de autoridad. Existe en este estilo de gobernar una veta deliberadamente provocadora que prefiere tensionar consensos aun cuando ello implique polarizar el debate o desplazarlo hacia terrenos donde las posiciones se endurecen en lugar de buscar puntos de encuentro.
Sin embargo, cuando se trata de políticas de Estado, esta estrategia de confrontación tiene costos. La defensa nacional es un ámbito donde la estabilidad y la responsabilidad institucional son pilares fundamentales, y restarle importancia a la igualdad de género afecta la manera en que el Estado se piensa a sí mismo y a quienes lo integran. Al eliminar este enfoque, se reinstala la idea de que la seguridad puede pensarse al margen de las desigualdades sociales. En una democracia, la seguridad también involucra la calidad de las instituciones y las condiciones de vida de sus integrantes. Borrar la perspectiva de género en la Defensa es también borrar a las mujeres que la integran y sus experiencias. Tratar estos avances como algo que puede retirarse sin consecuencias es, quizás, la señal más preocupante de esta nueva etapa política.
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