CULTURA
El Festival de Otoño de Madrid y la potencia del teatro latinoamericano
Con una programación atravesada por obras de Argentina, Chile, Uruguay, Colombia y México, el Festival de Otoño de Madrid puso en primer plano la diversidad y la potencia del teatro latinoamericano.
El Festival de Otoño de Madrid volvió a confirmar este año un gesto claro de apertura: España está mirando con atención el teatro latinoamericano. La programación de esta nueva versión del festival de teatro incluyó una presencia significativa de obras provenientes Latinoamérica, que no solo ampliaron el mapa escénico del festival, sino que también pusieron en primer plano estéticas, temas y miradas que dialogan con la realidad contemporánea desde otro lugar.
La directora del festival, es la gestora mexicana Marcela Diez, quien subrayó que “toda Hispanoamérica tiene mucho que ofrecer, porque cada uno de nuestros países produce un teatro personal, con temas que nos atañen a cada uno de nosotros”, afirmó, subrayando que esa riqueza no es solo temática sino también humana y artística: “Tenemos grandes actores, tenemos grandes lectores y tenemos una visión estética quizá diferente de la visión europea”.
Esa diferencia, explicó, parte de otras influencias: el cine, la naturaleza y contextos sociales que atraviesan de manera directa la creación escénica. Mientras que en Europa el teatro tiende a ser “más depurado” y “más abstracto” en lo estético, el latinoamericano se construye desde una materialidad y una experiencia menos estilizada y más visceral.
Más allá de la diversidad formal, la programación dejó ver un hilo conductor potente. Según la directora, aunque Latinoamérica no es homogénea y las estéticas no necesariamente se repiten, sí hay temáticas comunes: “Nosotros todos, o casi todos, estamos afectados por la violencia”. Esa violencia, en sus múltiples formas, aparece como una presencia constante que el teatro busca digerir, analizar y transformar.
“En todas las obras que tenemos hay una presencia de esa violencia que tenemos que digerir, que analizar, que ver cómo hacemos para mejorarla. Entonces yo te diría que el hilo conductor en casi todas es la violencia, de sus diferentes formas”, sostuvo la directora del festival.
Ejemplos concretos atravesaron el festival: desde Labio del Liebre de Teatro Petra (Colombia), que dialoga con la violencia política y sus heridas persistentes, hasta propuestas mexicanas marcadas por las desapariciones y la violencia de género, o la obra de Lola Arias (Argentina), centrada en la vida de una expresidiaria en un mundo que no acepta su pasado. “Son temas que tienen todos que ver con unas violencias, pero en unos mundos diferentes y con estéticas muy diferentes”, señaló la directora.
Chile estuvo presente con “Historia de amor”, dirigida por Zagal y presentada por TeatroCinema, la obra expone una oscura relación marcada por abuso, impunidad y poder. Con estética de cómic, la obra reflexiona sobre violencia de género y el deterioro de lo humano en las grandes ciudades.
Atraer a las juventudes
El festival también se propuso ampliar sus públicos, con especial atención a las juventudes. Para la directora, el teatro ofrece algo irremplazable.
“Atraer a las juventudes a la comunión de estar juntos en una sala”, donde, incluso sin hablar, “estamos comulgando con una vivencia y con una situación”. Esa experiencia compartida no solo es estética, sino también social y política. “El teatro es el análisis de nuestra realidad. Tenemos que poder analizar nuestras realidades para modificarlas”, afirmó.
En ese sentido, el Festival de Otoño funcionó como una plataforma de descubrimiento. Tras varias semanas de programación, la directora evaluó el recorrido con optimismo: “Yo creo que ha sido una sorpresa para una buena parte del público, las compañías y los directores que he convocado”.
Su deseo es que el impacto trascienda el marco del evento: “Mi ilusión es haber dejado esa semillita de que, cuando vengan estas compañías en otra circunstancia que no sea de festival, la gente diga: yo me acuerdo que vi esto en el festival y me pareció interesante, quiero volver a verlo”.
Que una mexicana esté al frente de uno de los festivales más importantes de Madrid no es un dato menor. Para su directora, se trata de una responsabilidad que va más allá de lo personal: “Siento que estoy representando algo mucho más grande que yo”, y que este gesto puede “abrir una puerta a que muchos más gestores de aquel lado del mundo vengan aquí”.
La fuerte presencia latinoamericana en esta edición no fue una excepción, sino una señal clara: el teatro del sur no solo interesa a España, sino que hoy ocupa un lugar central en su conversación cultural.
Inscríbete en el Newsletter Cultívate de El Mostrador, súmate a nuestra comunidad para contarte lo más interesante del mundo de la cultura, ciencia y tecnología.