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Julieta Orlando, microbióloga: “La Antártica debe entenderse como un tema estratégico para el país” CONGRESO FUTURO Cedida

Julieta Orlando, microbióloga: “La Antártica debe entenderse como un tema estratégico para el país”

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Emilia Aparicio Ulloa
Por : Emilia Aparicio Ulloa Periodista El Mostrador
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La investigadora estará presentando a las 15.00 horas en Congreso Futuro 2026 la charla “La Antártica oculta en un planeta que cambia”. Su exposición busca relevar que el impacto más significativo del deshielo es ecológico más que sanitario y relevar la importancia de los microorganismos.


La Antártica suele imaginarse como un territorio remoto, desconectado de la vida cotidiana, sin embargo, lo que ocurre en ese extremo del planeta tiene profundas implicancias para el futuro climático y ecológico global. Así lo plantea Julieta Orlando, doctora en microbiología, académica de la Universidad de Chile, directora alterna del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (Instituto Milenio BASE) y presidenta de la Sociedad de Microbiología de Chile, quien advierte que los primeros efectos del cambio climático no siempre son visibles a simple vista.

La investigadora estará presentando a las 15.00 horas en Congreso Futuro 2026 la charla “La Antártica oculta en un planeta que cambia”. Su exposición busca relevar que el impacto más significativo del deshielo es ecológico más que sanitario, e invitar a reflexionar sobre el papel de los microorganismos en el funcionamiento del planeta.

A su juicio, “en tiempos de desinformación, la confianza se construye explicando con claridad qué sabemos, qué no sabemos y cómo se genera el conocimiento científico”.

Sensores del cambio ambiental

Desde la microbiología polar, Orlando explica que los microorganismos antárticos actúan como verdaderos sensores del cambio ambiental.

“Los microorganismos antárticos nos muestran que el cambio climático no solo se manifiesta en el derretimiento del hielo, sino también en la reorganización de la vida”, señala. Su rápida respuesta a variaciones de temperatura, humedad o nutrientes los convierte en indicadores tempranos de procesos que luego escalan a nivel planetario.

“Lo que ocurre a escala microscópica en la Antártica puede influir en el clima global”, afirma, subrayando su rol en los ciclos del carbono, del nitrógeno y en el balance de gases de efecto invernadero.

El estudio de estas formas de vida extremas también ofrece lecciones clave para enfrentar un mundo marcado por la incertidumbre ambiental.

Orlando destaca que la resiliencia no es individual, sino colectiva. “Una de las principales lecciones es que la resiliencia no depende de individuos aislados, sino de comunidades que cooperan y se adaptan rápidamente”, sostiene.

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Chile en una posición estratégica

Chile, por su cercanía geográfica con la Antártica, ocupa una posición estratégica única. Aunque reconoce avances relevantes, Orlando advierte que persisten brechas importantes.

“La posición geográfica implica una responsabilidad mayor, no solo una oportunidad”, afirma, apuntando a la necesidad de financiamiento estable, infraestructura adecuada y una mayor articulación entre ciencia y políticas públicas.

“Aprovechar ese privilegio requiere sostener la investigación a largo plazo y asegurar que la evidencia científica informe las decisiones de conservación y gobernanza. La Antártica debe entenderse como un tema estratégico para el país y no solo como un interés académico”, agrega. 

Desde el Instituto Milenio BASE, agrega, se impulsa la incorporación de la Antártica al currículum escolar y la divulgación temprana del conocimiento científico.

“Chile ha logrado avances importantes en ciencia antártica y cuenta con una comunidad científica sólida y reconocida internacionalmente. Sin embargo, aún existen deudas relevantes en materia de financiamiento estable, de infraestructura y de articulación entre la ciencia y las políticas públicas”, manifiesta.

El desarrollo de la ciencia antártica, sin embargo, enfrenta dilemas éticos complejos. Investigar ecosistemas altamente sensibles exige protocolos estrictos y una planificación cuidadosa para evitar impactos irreversibles. “En la Antártica, hacer buena ciencia implica necesariamente hacer ciencia ética y cuidadosa”, enfatiza Orlando, alertando sobre riesgos como la introducción de organismos no nativos en un contexto de creciente presencia humana.

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La investigación antártica sin financiamiento

La primera semana de enero se dio a conocer que dos centros claves se quedaron sin financiamiento del Estado, el CR2, que ha sostenido la producción de conocimiento sobre clima y resiliencia para políticas públicas, e IDEAL/IDEALBlue, plataforma estratégica para la ciencia antártica y subantártica.

En ambos casos el costo no es solo académico: al reducir la generación de datos y series de tiempo, el país se queda con menos insumos científicos, no políticos, para diseñar planes de adaptación, mitigación y protección de ecosistemas en un escenario de vulnerabilidad creciente.

Tal como se menciona en el newsletter Juego Limpio esta situación no es solo una pérdida para la academia, sino que es una señal estratégica que deja al país sin una plataforma estable para comprender, anticipar y defender lo que ocurre en sus fronteras más sensibles.

La participación en el Sistema del Tratado Antártico, el acceso a la toma de decisiones sobre conservación, pesca y logística, y la capacidad de incidir en las reglas que rigen ese espacio dependen, en la práctica, de quién produce datos, lidera investigaciones y aporta conocimiento verificable. La ciencia ha sido, durante décadas, el principal instrumento diplomático de Chile en la Antártica.

La científica expresa preocupación por la disminución de prioridad que enfrenta la ciencia polar en el financiamiento estatal. La exclusión de programas como IDEAL e IDEALBlue, advierte, amenaza la continuidad y colaboración necesarias para enfrentar desafíos cada vez más complejos.

“Enfrentar esta situación requiere una visión de Estado que asegure un financiamiento estable, fortalezca las redes entre centros y reconozca la ciencia antártica como una prioridad estratégica para Chile”, concluye.

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