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Juan Luis Salinas, escritor: “No creo que el acoso y el bullying a las diversidades haya terminado”

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Álvaro Mera Correa
Por : Álvaro Mera Correa Abogado. Colaborador Cita de libros de El Mostrador
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Juan Luis Salinas conversa sobre su último libro, El Cabrito (Editorial La Pollera, 2025, 226 páginas), una obra donde relata su infancia en el Punitaqui de 1985, en plena dictadura.


La historia es narrada a través de dos personajes, “el hombre” y “el Niño”, y no en primera persona, una elección que, según el autor, marca el paso de la memoria al relato.

“El Cabrito” reconstruye una niñez atravesada por circunstancias duras, aunque no exentas de felicidad. “Pese a lo duro de las circunstancias, fue también un lugar donde fui feliz”, señala Salinas. Describe una época en que “el colegio fue a veces un campo de guerra”, pero también una infancia con “momentos alegres y divertidos”. Aunque reconoce que existe una universalidad en la historia, aclara que “no lo pensó así” al momento de escribir.

Salinas explica que anteriormente ha escrito relatos de investigación, sobre la moda en Chile y el VIH, y que en este libro se mueve hacia las memorias o la “autonoficción”. “Cuando en las memorias aparece la tercera voz, ya se transforma en relato”, afirma. En esa línea, no descarta una continuación: “Podría haber algo que continúe este libro, otros relatos, ‘chispas que saltaron del fogón donde se coció el Cabrito’, personajes interesantes”.

Uno de los temas centrales es el hostigamiento al diferente y el bullying al chico gay, una realidad que, según el autor, no ha cambiado. “No ha cambiado y continúa hoy con internet, chat, la IA, celulares”, señala, especialmente en provincia y en sectores populares vulnerables de Santiago. Advierte que existen “casos terribles de muertes de jóvenes gay en poblaciones” y sostiene que las leyes creadas para enfrentar estas situaciones, como la ley Zamudio y la ley Karin, “no se invocan para estos casos”, debido a “una tendencia a no denunciar y a minimizar estas situaciones”.

El autor cuenta que volvió a Punitaqui después de 40 años “por un fin narrativo”. Allí constató que “ya todos los personajes del libro están muertos, al menos de su familia”, aunque aún vive su mejor amiga de la infancia. Esta vez, dice, “no estuvo de paso, como antes, sino se quedó más de una noche”. El regreso fue también un choque con la desaparición del paisaje: “Su casa se demolió, no existe el huerto, el estero, el bosque, todo ese verde de la infancia ya no existe”.

El colegio, en cambio, permanece, aunque transformado. “El colegio sigue, aunque es otro, y aún llegan a él niños de sectores rurales”, explica, en un Punitaqui que hoy “es más ciudad”, ubicado a solo 25 minutos de Ovalle, cuando antes el viaje tomaba una hora y media.

Finalmente, Salinas aclara que este regreso narrativo no fue un intento de sanar su infancia ni un ejercicio de autoayuda. Sin embargo, reconoce que tras el libro “han surgido preguntas de otras personas que se han identificado” y que se ha creado “una especie de comunidad”, algo que, dice, “le ha sorprendido”.

Revisa la entrevista completa a continuación:

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