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“Cadáveres”: La obra que convierte el Metro de Santiago en refugio humano tras un colapso climático CULTURA Cedida

“Cadáveres”: La obra que convierte el Metro de Santiago en refugio humano tras un colapso climático

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La nueva obra de Implicancia Teatro, presentada en Santiago a Mil, imagina una ciudad congelada y encierra a un grupo de sobrevivientes en el Metro para explorar —desde la ciencia ficción escénica— la muerte, la permanencia humana y la crisis de comunidad en el presente.


 El 16 y 17 de enero, en el Teatro Camilo Henríquez y en el marco del Festival Santiago a Mil, la compañía Implicancia Teatro estrenó con Cadáveres, montaje dirigido por Eduardo Fuenzalida que cierra su Trilogía de la Permanencia y sitúa a un grupo de personajes atrapados en el Metro de Santiago luego de un colapso climático global.

Una ciudad detenida, cuerpos suspendidos

Santiago congelado, cadáveres repartidos por la ciudad y un grupo de sobrevivientes encerrado en el Metro mientras afuera el mundo se vuelve inhabitable: ese es el paisaje que propone Cadáveres, tercera parte de la Trilogía de la Permanencia desarrollada por Implicancia Teatro. Pero el apocalipsis no aparece aquí como espectáculo ni advertencia literal, sino como una excusa para mirar el presente desde una distancia extrema.

“Esta es la parte final de una trilogía (…) preguntándonos básicamente ya, ¿será que el fin del ser humano tendrá que ver con volver al origen, repensarse?”, explica el director Eduardo Fuenzalida, quien transforma el Metro en una cueva moderna: un encierro forzado que remite al retorno primitivo como último gesto de supervivencia.

El congelamiento como radiografía social

Los cuerpos congelados no representan solo muerte física, sino un detenimiento simbólico del tiempo humano. Para Fuenzalida, “ese congelamiento es para preguntarnos cómo estamos viviendo hoy el amor, cómo estamos viviendo la maternidad, las relaciones humanas, las crisis sociales”. El colapso climático funciona como detonante dramático, no como discurso moral: “El cambio climático es basal porque gatilla el problema (…) lo ocupamos para preguntarnos otras cosas”. Así, el desastre global abre una observación directa sobre tensiones actuales como la desigualdad, el individualismo, la crisis política y la fragmentación social.

Ciencia ficción como trinchera creativa

Desde sus inicios, Implicancia Teatro ha apostado por la ciencia ficción como lenguaje escénico, un territorio poco habitual en el teatro chileno.

“La ciencia ficción nos permite anticiparnos, ser relato de anticipación (…) para advertir, para analizar el presente y quizás cambiar un poquito las cosas para adelante”, afirma el director, subrayando también una decisión estética y teatral: “La gente no está acostumbrada a ver teatro de ciencia ficción y es muy difícil (…) el artilugio se vuelve fundamental para enganchar al espectador”. En Cadáveres, esa apuesta se concreta en un paisaje visual literal: una estación de Metro reconstruida en escena como espacio real y no conceptual.

Permanecer o desaparecer: la trilogía

La Trilogía de la Permanencia articula tres formas de enfrentar la muerte: Delirios, donde humanos buscan huir del planeta para perpetuarse; Extinción, centrada en un ser que desea desaparecer; y Cadáveres, donde el retorno a la tierra aparece como encierro final. “Las tres obras están conectadas por el sentimiento de muerte y cómo diferentes seres humanos lo van afrontando”, explica Fuenzalida. El proyecto no fue concebido originalmente como trilogía, sino que se expandió tras la pandemia: “Lo que pensábamos al principio sobre la permanencia es muy distinto a cómo se va cerrando esta obra final”.

Actuar el colapso: cuerpos congelados en tensión

El trabajo corporal es central. Los actores encarnan cuerpos detenidos que oscilan entre rigidez y emoción. Maite Pino, quien interpreta a Diana, describe el proceso como “buscando un cuerpo en staccato (…) luego se congela de nuevo”, mientras Simón Leiva explica su personaje —el Sabio— como una figura suspendida: “Quedó en el limbo entre la vida y la muerte (…) parece ser un viajero de todos los tiempos”. Ambos coinciden en que el desafío actoral se construye desde la especulación propia de la ciencia ficción: “Especulamos sobre cómo yo me sentiría en una situación así”, señala Pino.

La inmovilidad no implica quietud interior. El sostén escénico pasa por la respiración y la presencia permanente. “Nunca descansar jamás, aunque estés callado”, explica Leiva, mientras Pino agrega que ese cuerpo congelado también se construye desde la voz: “Los distintos matices que tiene la voz para generar este cuerpo casi muerto”.

El teatro como experiencia de futuro

El montaje busca que el público habite la experiencia y pueda conectar desde distintos niveles de lectura. “Que la entienda la abuelita hasta el espectador más profesional”, dicen, mientras Fuenzalida cierra con una invitación directa: “Que el espectador reflexione sobre cómo ocupa su tiempo (…) jamás evitemos entender que en esta vida hay un sinfín de posibilidades”. En Cadáveres, el fin del mundo no aparece como cierre, sino como una pausa brutal para repensar qué significa seguir siendo humanos.

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