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“La doble vida de los agentes de la DINA” de Rodrigo Cid: no poder jamás cerrar el duelo CULTURA|OPINIÓN Crédito: Cedida

“La doble vida de los agentes de la DINA” de Rodrigo Cid: no poder jamás cerrar el duelo

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Me parece muy valioso haber incluido dos entrevistas realizadas por el mismo Cid: la última entrevista a Manuel Contreras Sepúlveda el 2013 y la entrevista a su hijo, Manuel Contreras Valdebenito en 2025. Ambas dan cuenta de sus ideas, sus justificaciones sobre las acciones realizadas.


La portada del libro muestra un sonriente y despreocupado Manuel Contreras Sepúlveda, acompañado de una mujer, imagen muy similar a la de mi recuerdo de un encuentro inesperado de hace muchas décadas en Las Vertientes, en que pasó a nuestro lado, también acompañado de una mujer. No podría describir la sensación que me produjo esa sonrisa despreocupada, sabiendo quién era y qué hacía.

Para recordar mientras leemos este libro, la cifra (todavía no exacta) de 3.200 personas asesinadas y desaparecidas en dictadura (1973-1990) son atribuidas de manera principal a la DINA, bajo el mando de Manuel Contreras Sepúlveda.

Su autor, el periodista Rodrigo Cid Santos ha sido merecidamente galardonado con el premio Periodismo, Memoria y Derechos Humanos. Al inicio, una nota del autor nos cuenta que su investigación es fruto de años “de trabajo periodístico en tribunales y en causas de derechos humanos” (…) “fui recogiendo fragmentos de una verdad más amplia, muchas veces ausente o silenciada en el relato público: la de los agentes que conformaron el aparato represivo de la dictadura de Pinochet”.

Para quienes no habían nacido en ese periodo o eran muy pequeños, el libro permite acceder a un conocimiento más vívido de años en que nuestra sociedad experimentó una violencia extrema y un profundo miedo, en un contexto de absoluta impunidad para unos y la carencia de derechos, de información y de justicia para otros, donde extensos sectores de nuestra sociedad se vieron fuertemente afectados por la violencia, la tortura, la muerte, la pérdida de sus trabajos, la desaparición de familiares…

Me parece muy valioso haber incluido dos entrevistas realizadas por el mismo Cid: la última entrevista a Manuel Contreras Sepúlveda el 2013 y la entrevista a su hijo, Manuel Contreras Valdebenito en 2025. Ambas dan cuenta de sus ideas, sus justificaciones sobre las acciones realizadas, la reflexión sobre sí mismos, la completa falta de un mínimo sentido ético de respeto a la vida y de pertenecer a una sociedad.

A lo largo de sus 17 capítulos vamos conociendo más de ese mundo que fue construyéndose ya desde antes de la dictadura civil y militar, y durante esos también 17 años (1973-1990). Ahí están quienes con todo el poder en las manos, derrocaron al presidente Salvador Allende Gossens, elegido en votación democrática.

De manera ilegítima y sin límites de ningún tipo, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), organismo autónomo, con dependencia directa de A. Pinochet, y luego la Central Nacional de Informaciones (CNI), se hicieron cargo de perseguir, secuestrar, torturar, asesinar, hacer desaparecer a miles de personas, de muchas de las cuales sus familiares hasta hoy no saben qué fue de ellas, ni dónde están sus restos. Se inició también un largo exilio para muchos y muchas, lo que no solo produjo desarraigo, sino la ruptura de familias y lazos familiares.

Por otra parte, tener presente que este poder omnímodo y absolutamente despiadado y represivo, tenía entre sus objetivos centrales (incluso, quizás sin estar muy conscientes de ello), imponer el modelo económico que nos rige hasta hoy y del cual escasos análisis críticos del mismo llegan al espacio público.

Muy acertada la inclusión del epígrafe tomado del libro “Antología desobediente. Familiares de genocidas por la memoria, la verdad y la justicia”, porque abre un gran tema a pensar y conversar: potencialmente, cada ser humano puede ser tan despiadado como los que aquí se describen, según las particulares condiciones en que se encuentre.

El primer capítulo, El germen, es una conversación-entrevista con el hijo del Mamo, Manuel Contreras Valdebenito. Sabremos que a inicios de los 80 renunció a la Escuela Militar, rompiendo una tradición militar de varias generaciones. Y en 1988, cuando tenía veinticinco años, en el contexto de una fiesta, mató con doce disparos al padre de su polola, mayor y agente de la CNI.

Página a página iremos asomándonos a un mundo sórdido y desprovisto de autocrítica, compasión, ética, pero donde los “malos” pueden decir que hay otros más malos aún, como señala Michael Towley (quien puso las bombas que mataron al general Prats y a su esposa, a Orlando Letelier y a su secretaria Ronny Moffitt). Luego de aclarar que no es muy leído, dice que de lo que sí ha leído, “yo no he podido encontrar una persona en la historia de Chile que haya sido más nefasta para el país que el general Contreras”. (p. 74)

Es un libro construido con una muy bien armada estructura y un lenguaje directo, sin eufemismos, que entrega una descarnada descripción de lo que significaron los años de la dictadura civil militar en términos de transformar la sociedad chilena y sus habitantes: la completa negación de los derechos humanos y la realización de actos criminales contra niños, niñas, adolescentes, mujeres embarazadas, ancianos… a los que consideraron enemigos solo por pensar distinto.

Todo lo anterior fue acompañado de un negacionismo total frente a pruebas que cualquiera consideraría indesmentibles, así como de una justificación total de sus acciones. En la entrevista realizada a Manuel Contreras Sepúlveda por el propio Rodrigo Cid en 2013, a la pregunta de si se arrepiente de algo, la respuesta escueta es “de nada”; era su trabajo y su tarea de combatir al enemigo.

El penal de Punta Peuco; el careo entre M. Contreras S. y A. Pinochet U. ordenado por el ministro Montiglio en 2005 (capítulo titulado Ajuste de cuentas); la relación de Contreras con su yerno Orlando Carter Cuadra -autor del homicidio calificado de Bautista Van Schouwen-; los centros de detención y tortura en los que algunos no resistieron y decidieron colaborar para salvar sus vidas; testimonios de víctimas que sobrevivieron y nunca volvieron a ser las mismas personas; las palabras de víctimas y victimarios que quedan resonando y que no podemos ni debemos olvidar, no solo porque ha habido poca justicia, mucha impunidad y dilación de muchos casos.

Entre otras, están entre las razones por las que todavía sus familiares de detenidos desaparecidos no han logrado saber sus destinos ni sepultar a sus muertos, lo que implica -aparte de todos los sufrimientos padecidos por generaciones- no poder jamás cerrar el duelo.

“La Chany era cien por ciento operativa como todas y todos los agentes. La misión que tenían todos era la misma: detener, torturar, matar y hacer desaparecer al enemigo -afirma con total certeza Jorgelino Vergara Bravo, quien entregó antecedentes clave para acreditar la existencia de Simón Bolívar como centro de detención, tortura y exterminio de la DINA”. (p. 304)

“La Chany”, Adriana Rivas González, es la mujer que aparece en la portada del libro del brazo de su jefe; está encarcelada en Australia desde 2019, y en Chile sus cargos son por ‘secuestro y homicidio calificados’.

Sin duda, este tipo de libros aporta al mayor conocimiento y comprensión de años terribles de nuestra historia reciente y la sociedad que se fue consolidando en ellos; entender que los roles dependen de las circunstancias y nadie nace para ser víctima o victimario, sino que todos podríamos serlo según nuestras experiencias vitales. Como otros, pero quizás con mayor énfasis, este libro debe ser leído y analizado desde un pensamiento crítico en los establecimientos educacionales del país, -básicos, medios, técnicos profesionales, superiores-, de acuerdo con las edades y madurez de sus estudiantes.

Cada página nos conduce a pensar que aquello de lo que solemos hablar livianamente y catalogamos como ‘bueno’ o ‘malo’, tiene dimensiones que afectan a toda una sociedad, compuesta por personas que piensan diferente y pueden tener valores distintos, pero eso no significa ni justifica eliminar a otros, sino fortalecer el respeto a los derechos humanos y la acción de una justicia legítima para todas las personas. Pensar y repensar los caminos de la justicia y el derecho de cada uno de nosotros a tenerla cuando la necesitamos, es un tema que debiera estar presente en todos los niveles de educación.

Hacia el final del libro, se recuerda la decisión de indulto presidencial de 2005 a quien asesinó a Tucapel Jiménez en 1985, bajo el argumento de “dejar las cosas en el pasado” (p.358), lo que generó fuertes cuestionamientos. Este y otros temas surgen o pueden surgir en diversos momentos y contextos históricos, sociales y políticos, y afectan a todos los sectores de un país; esa es la razón de traerlos a la reflexión y análisis público, ya que deben ser pensados, analizados, cuestionados, siempre; no son temas que porque sucedieron una vez, ya no volverán a producirse.

Ficha técnica:

Rodrigo Cid Santos: El horror enmascarado. La doble vida de los agentes de la DINA. Ed. Planeta, 2026, 398 páginas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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