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“Nuevas vidas para Heredia”: relatos y remedos de un detective, su gato y un escriba CULTURA|OPINIÓN Crédito: Archivo

“Nuevas vidas para Heredia”: relatos y remedos de un detective, su gato y un escriba

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Cecilia Ibarra Mendoza
Por : Cecilia Ibarra Mendoza Integrante del Taller de Poli Délano y socia de Letras de Chile.
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Conozcamos o no las historias previas, estos cuentos tienen vida propia. El libro entretiene, sorprende y, efectivamente, da nuevas vidas a Heredia, vidas otorgadas por conocedores del personaje y de su escriba, quienes así demuestran su cariño.


¡Es un fanfic! Así calificó mi hija adolescente a “Nuevas vidas para Heredia” a partir de la descripción que le di antes de partir al lanzamiento. Aunque estaba sobre la hora, quise saber a qué se refería: Fanfic, es fans´ fiction, dijo con cara de “obviamente, mamá”. Y agregó, está lleno de sitios donde los fans suben historias con los personajes más populares de sus series o libros favoritos, y también de personas reales como cantantes y políticos. Anticipando que yo querría saber más, me cortó con un Nunca lo entenderías.

Nuevas vidas para Heredia es una colección de cuentos escritos por autores con trayectoria, y el oficio se les nota. Quienes integran el grupo que dio nuevas vidas al detective Heredia se declaran admiradores del personaje y de su creador. El libro es un tributo a ambos. Las y los escritores, 19 en total, hacen 19 historias inesperadas: precuelas de la saga, interacciones con personajes de sus propias creaciones y nuevas aventuras, no solo para Heredia, sino también para los personajes que lo acompañan. Nos reencontramos con Anselmo, con Simenon y con otros nombres conocidos, según cuánto hayamos leído antes. Conocer la saga de Heredia no es condición para disfrutar este libro, los cuentos se sostienen sin necesidad de lecturas previas.

No he leído todos los relatos que protagoniza Heredia, ni menos aún todos los escritos de las y los autores de estos cuentos. No obstante, siento la conversación entre ellos, risas, guiños, tomadas de pelo y pellizcos. Los autores hacen referencias a libros de la saga, a sus propios escritos, a sus personajes y a los de sus colegas. Toda una conversación sucediendo en el trasfondo del libro. Se intuye, se escucha a un grupo de amigos riéndose, nombrando a conocidos de verdad o de ficción; ese parloteo solo anima la lectura. Dan ganas de leer más, tanto del Heredia verdadero como de los escritos de las y los escritores de este libro.

Hay historias que se aventuran a develar el pasado de Heredia, como la precuela de Cecilia Aravena Zúñiga, que rellena el vacío de la infancia en el orfanato y que, lo quiera o no el Escriba, se queda como la “verdadera” niñez del detective, pues nos explica la personalidad del Heredia adulto que conocemos (o no). Valeria Vargas Núñez añade misterio al pasado de Heredia con una historia oscura que conecta con su época universitaria y con los motivos que la llevaron a abandonar sus estudios. Adivinamos y quedamos con más preguntas. Ya no es simplemente lo que nos contó el Escriba en los años 80s cuando, en la voz de Heredia, dice que fue su comprensión de que la justicia no se movía en el campo de las leyes lo que le hizo dejar los estudios. Otro secreto del pasado es el que explora Carvacho Alfaro con un cuento sobre el interés que alguna vez tuvo Heredia en conocer de su padre. Gabriela Aguilera Valdivia expande lateralmente el universo del investigador privado con una tierna y negra historia de gatos, protagonizada por una amiga de Simenon, la gatita Magenta que se roba la película.

La colección trae nuevas aventuras donde el detective es protagonista. En Más orquídeas para la señorita Blandish interactúa con Tapia y Ramona, personajes creados por Martín Pérez Ibarra. Heredia es un mentor que trasmite sus valores. Esto también parece asomar en el cuento de Julia Guzmán Watine, donde vemos colaboración con otros detectives para llegar a la justicia del fuego.

Leemos en estos cuentos descripciones que muestran a Heredia como legendario. Los personajes de Eduardo Contreras Villablanca refieren a él como “el investigador de mayor trayectoria en Chile”, el “famoso detective”. Contreras hace referencia, como otros, a la época de la tristeza, los tiempos oscuros de la dictadura (a los que este autor ha dedicado un libro). El suyo es un cuento contemporáneo, donde Heredia se actualiza sin perder agudeza. Un cuento que queda abierto es el asesinato que narra Juan Colil Abricot, da para imaginar una novela y tal vez nos está invitando a continuarla y ser parte de más vidas para el personaje. Con Max Valdés Avilés, Heredia protagoniza nuevos asuntos de los tiempos oscuros, con los motivos que le reconoce el autor: “La violencia desatada urgía al encierro en busca de la protección que no daba el Estado. El desamparo, una de las tantas formas que a Heredia lo descomponían.”

Van apareciendo más descripciones de Heredia en los ojos de estos autores. En Fugaz amor eterno de Francisco Miranda se dice que es “solitario, pensativo, duro, marginal, sarcástico, sentimental, un melancólico pesimista, un ilustrado escéptico…”, hay hasta una cueca con nombres de las novelas y se aclara que “El escriba es una especie de cronista que registra por escrito las investigaciones de Heredia. Su nombre es Ramón”.

Aparece un tono de misterio cuando Oscar Barrientos Bradasic sale a encontrar a “el detective melancólico” en sus tierras magallánicas, mezclando el pasado del personaje y el Escriba en un cuento fantasmagórico. ¿Se transmuta acaso en un pasajero en el cuento de Miguel del Campo Zaldívar? Ese es un cuento para leer con niebla.

Han pasado treinta años, Heredia está viejo. Sonia Gonzalez Valdenegro juega con ese lapso en dos historias paralelas donde la esencia del personaje sigue intacta. En el cuento de Juan Angulo Bastías, el viejo detective da espacio a que la acción más intensa quede a cargo de personajes del nuevo siglo, en un contexto democrático podrido. Con Olvido en el Desierto de Juan José Podestá encontramos historias del retiro de Heredia y un caso que queda abierto, insinuando que la saga continúa. En la fuga imaginaria de Pablo Rumel Espinoza, Heredia es maestro de detectives; su personaje lo llama “mi mentor”, y confiesa que “se había asesorado con el viejo sabueso”, ese que era reconocido en el ambiente y también en el de los escritores por su trato ocasional con estos. Matar a Heredia, de Luis Valenzuela Prado, muestra la voz de la envidia tras tantos años de trayectoria y alude a un festival que organiza el propio autor. Gonzalo Hernández Suárez hace protagonista a un Heredia con esos treinta años de experiencia en el cuerpo y que se queda con un nuevo resultado secreto.

La antología cierra con el Escriba, Ramón Díaz Eterovic, quien quizá nos cuenta cómo nace Heredia y tal vez confiesa algo sobre su relación con el detective.

¿Es este un fanfic? Ya mi hija dictaminó que nunca lo entendería. Sí sé que Nuevas vidas para Heredia es un buen libro de cuentos, todos ellos cuentos propiamente tales, con una edición cuidada y donde el creador de Heredia no solo invita generosamente a habitar su mundo literario, sino que es parte del proyecto. Conozcamos o no las historias previas, estos cuentos tienen vida propia. El libro entretiene, sorprende y, efectivamente, da nuevas vidas a Heredia, vidas otorgadas por conocedores del personaje y de su escriba, quienes así demuestran su cariño.

 

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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