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“Asalto al paraíso”: profesor, militante y judoca en misión internacionalista en El Salvador CULTURA|OPINIÓN Crédito: GAP Chile

“Asalto al paraíso”: profesor, militante y judoca en misión internacionalista en El Salvador

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Es una obra necesaria, no solo por el valor testimonial de alguien que vivió la experiencia internacionalista en una de las guerras más cruentas de América Latina, sino también porque interpela al presente desde la memoria, la ética y la dignidad humana.


“Asalto al paraíso” de Ralph Ibáñez Noé, publicado por Ceibo Ediciones en 2025, es una crónica autobiográfica que relata la experiencia de un profesor chileno, militante y judoca, convertido en combatiente internacionalista durante la guerra del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) contra el ejército en El Salvador. Un valioso aporte, ya que se han publicado relativamente pocos libros sobre los internacionalistas chilenos que participaron en guerrillas de países latinoamericanos.

El texto muestra la transformación personal de Ibáñez, de luchador de la resistencia clandestina a la dictadura de Pinochet en Chile (como militante del MAPU), a guerrillero del FMLN, bajo la chapa de “Rodrigo”, pasando previamente por su detención y prisión en Chile, antes de partir al exilio, en Canadá.

El autor deja un manto ficticio para su ausencia en su país de exilio, y tras un periplo no exento de riesgos (incluyendo una escala en EEUU), llega a la selva centroamericana.

La guerra en El Salvador, en la que el FMLN fue el principal actor, duró oficialmente de 1981 a 1992. El conflicto surgió en un contexto de desigualdad extrema, represión política y reformas fallidas tras el golpe de 1979, que fue dado por un grupo de jóvenes oficiales militares, liderados por los coroneles Jaime Abdul Gutiérrez y Adolfo Arnoldo Majano Ramos, contra el presidente Carlos Humberto Romero. El gobierno de Romero, era un régimen autoritario respaldado por el ejército y la oligarquía terrateniente, marcado por represión brutal vía ORDEN (escuadrones paramilitares), corrupción rampante, fraudes electorales y violaciones sistemáticas de derechos humanos. La Junta Revolucionaria de Gobierno establecida en 1979 (dos militares y tres civiles progresistas) prometió cambios: disolución de ORDEN, reforma agraria para redistribuir tierras y mayor democracia, entre otros avances. Las reformas fueron bloqueadas por presiones de la derecha, y de EE. UU (para variar). Escaló la represión y finalmente detonó la guerra.

Este conflicto fue liderado por el FMLN, coalición de cinco grupos guerrilleros de inspiración marxista. Se inició la ofensiva general el 10 de enero de 1981, en contra del gobierno respaldado por EE.UU. El FMLN controló zonas rurales como Morazán y Chalatenango, ejecutando emboscadas, sabotajes y ofensivas como la de 1989 en San Salvador. El gobierno respondió con masacres (por ejemplo, en El Mozote en 1981, con entre 800 y 1.000 víctimas) y con el fortalecimiento de su poder de fuego, gracias a un contundente apoyo estadounidense de unos 6.000 millones de dólares. Este es país al que llega el autor en 1983, a sumarse como voluntario en distintas unidades del FMLN.

La obra destaca el lado humano y desgarrador del conflicto armado de los años 80. Se centra en parte en su rol como combatiente en esa guerra a la que se incorpora con 35 años de edad, casi doblando la de la mayoría de sus compañeros salvadoreños, pero, sobre todo, se describen historias de sus hermanos y hermanas de armas, esos hombres y mujeres jóvenes de El Salvador que le tocó conocer, y que en su mayoría perdieron la vida en esa guerra, luego del regreso de “Rodrigo” a Canadá.

La estrategia narrativa del autor es metódica, hay bastante detalle de los hechos, y asume con notable humildad su participación en la lucha revolucionaria de ese país. La estructura alterna la narración de los hechos desde la llegada del autor a El Salvador, con flashbacks a su historia de militante del MAPU durante el gobierno del presidente Salvador Allende, y luego como luchador clandestino, preso político y finalmente exiliado.

Los eventos crudos, y el horror, no solo están en los episodios de la guerra en El Salvador, también aparecen en las descripciones de torturas de la dictadura civil militar en Chile. A modo de ejemplo, Ibáñez relata lo que le confidenciara Antonio, un joven cura católico prisionero como él en Tres Álamos, respecto a las torturas en Colonia Dignidad. Antonio le cuenta que además de las palizas, la electricidad en los genitales, y otras prácticas, “metían a los prisioneros dentro de cajas en nichos en las paredes, en espacios extremadamente reducidos, como le sucedió también a Haydee, pero en el cuartel Silva Palma. Me contó Antonio que su cajón era en realidad un ataúd y que tenía una suerte de tarugo que justo coincidía con su coxis. Cada ciertos minutos u horas, no sabía nunca cuando, alguien martillaba el tarugo, causando un dolor terrible…”.

Luego al autor relata las terribles torturas de su amiga Haydee, que cae prisionera estando embarazada. Su torturador con un corvo le abre el vientre, le arranca al feto y lo apuñala delante de ella, luego sin darle ninguna atención médica la envuelven en sacos y la amarran con alambres, quizás la iban a lanzar al mar y luego se arrepintieron. Haydee sobrevivió. Luego de ser liberada tuvo la fuerza suficiente para seguir luchando por el retorno la democracia, y ya después del fin de la dictadura ha jugado un rol muy importante en el tema de los derechos humanos.

Frente a los abundantes casos de crímenes del estado en Chile bajo el régimen de Pinochet, descritos en este libro, y por lo demás documentados a nivel judicial y de público conocimiento, no puedo dejar de mencionar la preocupación que se instala en quienes tenemos convicciones democráticas, con algunas declaraciones del recién electo presidente José Antonio Kast, que afirmó, por ejemplo, el año 2021 (hace no tanto tiempo) que en la dictadura “no se encerró a opositores políticos”.

No solo se les encerró (ojalá hubiera sido solo eso), se les torturó y asesinó de las formas más salvajes. Ojalá desde al año 2021 a la fecha, alguien la haya hecho ver esa realidad al futuro presidente, por el bien de todo el país.

Volviendo ahora a la narrativa sobre la guerra en El Salvador, esta es muy cercana a las personas que describe, y muy honesta, no se idealiza a todos los guerrilleros. Es el caso de uno de ellos a quien el autor denomina como “el capitancito”, uno de los jefes bajo cuyo mando combatió, y con quien tuvieron que enfrentar ataques con helicópteros al cerro en el que estaban instalados, y luego el desembarco de las tropas helitransportadas en ese lugar: “También se podía leer el pánico en los ojos de nuestro líder. Él no podía irse ya que, como responsable por todos nosotros, tenía que esperar a uno de los compañeros que había ido al cerro a buscar más mangos. Entonces el “valiente” capitancito tomó una decisión ejecutiva (para salvar su pellejo) y dijo, dirigiéndose al uruguayo y a mí: “Mario y Rodrigo, ustedes lo esperan”, y salió corriendo con el resto. Eligió a los dos más viejos del grupo, los dos internacionalistas, a hacer lo que era su obligación, contra todos los protocolos de organización que trataban de evitar que los internacionalistas pudieran ser capturados”.

Se va narrando así una historia real que conecta con lectores interesados en memorias de internacionalistas chilenos en contextos latinoamericanos. El libro viene a sumarse a trabajos previos como “Guerrilla, combatientes chilenos en Colombia, Nicaragua y El Salvador”, de Javiera Olivares (Ceibo, 2017), “Internacionalistas chilenos en la revolución popular sandinista”, de Pascale Bonnefoy, Claudio Pérez y Ángel Spotorno (Latinoamericana, 2023), y “Misión internacionalista”, de José Miguel Carrera Carmona (Latinoamericana, 2010).

Como señalaba, las vivencias de las personas que conoció el autor, llegan vívidas al lector, son cercanas. Cito la historia de “Cazador”, un soldado del ejército hecho prisionero por la guerrilla y que luego se convierte en combatiente del FMLN. El autor lo conoce cuando el ex soldado tiene solo dieciocho años. Cito a Ibáñez: “Pocos días después, iba pasando por el mismo sendero en que lo había visto la última vez y llegué hasta el hospital. Había varios heridos en el suelo. Reconocí a Cazador. Tenía los ojos entrecerrados y ya casi sin brillo. Me acerqué y traté de hablarle, pero no me escuchaba. Le pregunté a una sanitaria qué le había pasado. Me dijo que estaba muy mal, que ya no podían hacer nada por él y que solo esperaban que muriera”. Mención aparte merece la historia de Tino, no pretendo hacer citas ni resumirla, nada puede reemplazar la lectura del subcapítulo “La historia de horror de Tino”.

Como bien se señala en la contratapa del libro, el autor no busca ser el héroe de esta historia, el tono épico se va construyendo en base a las vivencias de sus compañeras y compañeros. No obstante, es inevitable que el texto, al mostrar las historias de otras personas, evidencie las múltiples ocasiones en que Ibáñez arriesgó la vida cumpliendo la misión internacionalista en la que decidió participar como voluntario. En el sub capítulo “fuego desde el cielo”, leemos: “Nos quedamos congelados en nuestros sitios mientras el helicóptero pasaba tres veces más. Cuando se fue, nos lanzamos corriendo por un camino lateral, hacia el río. Dos helicópteros Huey nos detectaron y nos empezaron a seguir, ametrallándonos. Cuando estuvieron cerca, nos lanzaron una serie de cohetes que pasaron rozando nuestras cabezas y explotaron unos metros más adelante. Llegamos al río, que estaba cubierto por grandes árboles. Los helicópteros continuaban rondando y ametrallando, pero ahora a ciegas. Ahí nos quedamos en medio del agua, escondidos, esperando a que se fueran”.

Afortunadamente al autor sobrevivió a varios episodios como ese, para poder contarnos estas historias del proceso salvadoreño.

Los Acuerdos de Chapultepec, firmados el 16 de enero de 1992 en México, pusieron fin a la guerra: el FMLN se desmovilizó, se reformó el ejército y se creó la Policía Nacional Civil. El FMLN se transformó en partido político, un partido que gobernó de 2009 a 2019.

El autor regresa al país de post guerra en 1994, se reencuentra con algunos de sus compañeros de armas más cercanos, como el heroico Tino, Héctor, y la familia Pocasangre que lo acogiera varias veces en Tejutepeque.

Asalto al paraíso es una obra necesaria, no solo por el valor testimonial de alguien que vivió la experiencia internacionalista en una de las guerras más cruentas de América Latina, sino también porque interpela al presente desde la memoria, la ética y la dignidad humana. El libro de Ralph Ibáñez Noé rehúye tanto la autocomplacencia como la épica fácil, y construye su fuerza a partir de los rostros, nombres e historias de quienes entregaron —muchas veces sin retorno— su vida a una causa colectiva. En tiempos de negacionismo, banalización de la violencia estatal y fragilidad de la memoria histórica, esta crónica se alza como un recordatorio incómodo pero imprescindible: la historia no es un relato abstracto, sino una suma de vidas concretas, de dolores irreparables y de decisiones tomadas en contextos extremos, cuya comprensión sigue siendo clave para defender la democracia y los derechos humanos hoy.

Ficha técnica:

Asalto al Paraíso.

Un internacionalista chileno en la guerra de El Salvador.

Ralph Ibáñez.

Ceibo ediciones. 2025

383 páginas

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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