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La vuelta del héroe/villano CULTURA|OPINIÓN Crédito: Agencia UNO

La vuelta del héroe/villano

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Amalia Castro San Carlos
Por : Amalia Castro San Carlos Directora del Centro de Investigación en Artes y Humanidades de la Universidad Mayor.
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Tal vez la lección pendiente sea aceptar que los monumentos no están para ser devueltos a su silencio, sino para recordarnos que la historia —especialmente la que se instala en el espacio público— nunca es unívoca. Y que, por lo mismo, su reposición tampoco cierra nada.


La reinstalación de la estatua del general Manuel Baquedano nos recuerda que los monumentos nunca son piezas neutras, sino decisiones políticas que pretenden fijar un relato en un territorio que, desde octubre del 2019, demostró no estar dispuesto a aceptarlo sin discusión.

En 2021 escribí que su remoción, más que un daño material, era la irrupción de una ciudadanía que disputaba el sentido mismo de lo monumental. La figura ecuestre, diseñada para ensalzar una épica militar, se había convertido en una superficie de contrapunto: un lugar donde se escribían frustraciones, dolores, memorias y demandas que excedían con creces el marco de un homenaje republicano del siglo XIX. La tensión no era solo estética; era epistémica.

Hoy, al volver la estatua, reaparece intacta la pregunta que planteábamos entonces ¿a quién representan estos símbolos? Y más aún, ¿qué significa reinstalarlos sin haber procesado el desacuerdo que hizo posible su caída?

El momento no podría ser más delicado. Asume un nuevo presidente, con un signo político distinto, y este retorno del monumento parece anticipar un giro en la política de la memoria, donde aparece la voluntad de restaurar no solo una figura ecuestre, sino un orden interpretativo.

Sin embargo, las huellas del conflicto no desaparecen con una grúa. Las capas de pintura, de consignas y de disputa siguen ahí, aunque ahora bajo el bronce recién limpiado.

Tal vez la lección pendiente sea aceptar que los monumentos no están para ser devueltos a su silencio, sino para recordarnos que la historia —especialmente la que se instala en el espacio público— nunca es unívoca. Y que, por lo mismo, su reposición tampoco cierra nada. Apenas reabre la conversación.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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