CULTURA|OPINIÓN
Crédito: Agencia UNO
La Estatua del General: reflejo de un país en transformación
La controversia sobre Baquedano no es solo estética, sino un reflejo del papel fundamental de la cultura en nuestra cohesión social, el fortalecimiento democrático y el proyecto país; procesos donde los habitantes desempeñan un rol clave respecto a qué espacio público desean habitar.
Los monumentos son representaciones históricas que nutren el desarrollo cultural de los territorios. No es casual que el espacio público —escenario de disputas y tensiones en momentos de cambio social— albergue piezas destinadas a rememorar hazañas bélicas, reconocer a próceres o visibilizar manifestaciones artísticas; en definitiva, a otorgar valor simbólico a hitos y personajes.
Un punto de inflexión reciente en la resignificación ciudadana de estos objetos es la figura del militar y político chileno Manuel Baquedano González, inmortalizado en un sitio icónico de convergencia política, deportiva y social.
En la denominada Plaza Italia, la estatua de Baquedano permaneció desde la década de 1920 hasta el año 2021. La obra lo retrata de uniforme militar, mirando al horizonte mientras sujeta con firmeza las riendas de su caballo.
En la historia contemporánea de Santiago, el monumento fue parte esencial del paisaje visual y la memoria colectiva, hasta que el Consejo de Monumentos Nacionales decidió trasladarlo al Museo Histórico y Militar para resguardarlo tras las protestas sociales. Durante este periodo de retiro, surgió un creciente interés por consultar a la ciudadanía sobre su destino final.
Un estudio de Panel Ciudadano-UDD (2025) arrojó dos resultados relevantes: por un lado, el 51% de los encuestados consideró que la estatua debía ser reubicada en su sitio original tras ser reparada; por otro, un 53% señaló que la figura representa un homenaje legítimo a un héroe patrio. Cabe destacar que la percepción varió con el tiempo; en mediciones de los años 2021 o 2023, la opción de retornar la estatua a la plaza no alcanzaba la mayoría absoluta.
Tras su reciente reinstalación, la polémica invita a la reflexión social. La ira dirigida hacia el monumento durante el estallido se tornó en síntoma de un país polarizado donde los simbolismos operan como campos de batalla. Como sociedad, aún persiste una deuda con la participación ciudadana en la planificación urbana y el derecho a la ciudad.
Aumentar el presupuesto cultural por sobre el 1% del PIB, salvaguardar el patrimonio y promover la educación cívica son estrategias clave para una ciudadanía consciente. En última instancia, la controversia sobre Baquedano no es solo estética, sino un reflejo del papel fundamental de la cultura en nuestra cohesión social, el fortalecimiento democrático y el proyecto país; procesos donde los habitantes desempeñan un rol clave respecto a qué espacio público desean habitar y qué simbolismos culturales promover.
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