La sostenibilidad de Chile en juego
¡Hola! En la guerra de los discursos, muchos deben pensar que todo vale. En Juego Limpio preferimos la evidencia. Y no me refiero a la científica, sino a la evidencia política.
Hace muy pocos días terminó en Brasil la COP15 sobre especies migratorias. Se incluyeron 40 nuevas especies para protección y se habló de financiamiento. Enhorabuena. Chile postuló la protección de dos aves marinas de nuestra costas y se logró. Un triunfo. Pero que esta decisión se diera en un espacio de multilateralismo de la ONU –pese a todo el viento en contra–, es digno de resaltar.
Y cuando se piensa en la sostenibilidad y en los riesgos de ponerle freno a una decisión de Estado que ha hecho de Chile un líder en la región, la respuesta viene de la política económica. Cambiar de rumbo no solo sería perder reputación, sino también plata.
Pero así como hay políticas que producen avances o perjuicios si no se les riega a diario, hay otras políticas que tiñen todo de negro. Hay mucha evidencia de eso. Los cinco millones de toneladas de CO2 que dejó la guerra de agresión de Estados Unidos en Irán en las primeras dos semanas es un claro ejemplo de aquello.
Y aun cuando en esta edición hay casos que parecieran no responder a la política, si se miran con detenimiento podremos encontrar evidencias respecto a la política de hacer lo correcto, de jugar limpio. Ahí se enmarca el reconocimiento internacional que recibió la bióloga pascuence Emilia Ra’a Palma Tuki en Nueva York, o la labor de las comunidades en Aysén de limpiar su entorno de chatarra para convertirla en acero verde, o de los éxitos en la política de conservación que hace –si tienes suerte– que tengas la posibilidad de fotografiar un huemul silvestre en su hábitat en la Región de Ñuble.
Bien, ya sabes de qué va todo esto. Ahora aseguren sus cinturones, que Juego Limpio parte en menos que lo que canta un gallo.
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El multilateralismo aún vive: COP15 protege aves chilenas
Imagina un pequeño pájaro, del tamaño de una mano, que recorre miles de kilómetros de costas y océanos, volando sin descanso durante días hasta cruzar continentes con la única misión de mantener su especie. Su canto es bajito, pero resuena en las orillas de la Patagonia.
Hablamos del chorlo de Magallanes (Pluvianellus socialis), un ave playera chilena que es parte fundamental de los ecosistemas de la costa. Es además una de las especies más amenazadas del mundo, con estimaciones que muestran una población de menos de 1.000 individuos. Hace pocos días, sin embargo, un acuerdo multilateral –de esos que aún sobreviven– le dio a esta especie migratoria un segundo aire.
La participación de Chile fue clave. En el marco de la COP15 de la Convención sobre Especies Migratorias, realizada en Brasil entre el 23 y el 29 de marzo, se aprobaron dos propuestas presentadas por nuestro país. La del chorlo de Magallanes y la inclusión del zarapito de pico recto (Limosa haemastica) con el apoyo de Perú y Brasil.
Estas especies formaron parte de un resultado inédito en la COP: la incorporación de 40 nuevas especies a las listas de protección, el mayor avance desde la creación del tratado.
- En un escenario global marcado por tensiones geopolíticas, el acuerdo fue leído como una señal de que el multilateralismo aún puede ofrecer respuestas concretas frente a la crisis de biodiversidad.
Chile aparece directamente involucrado en este nuevo mapa de protección. Fuera de las dos aves playeras chilenas, hay más especies incluidas en la lista que tienen presencia en el país. Es el caso del petrel de Juan Fernández (Pterodroma externa), también el petrel de Masatierra (Pterodroma defilippiana), el petrel de Stejneger (Pterodroma longirostris) y el petrel atlántico (Pterodroma incerta), aves marinas que transitan o nidifican en el Pacífico suroriental.
A ellas se suma la pardela de pata rosada (Ardenna carneipes), frecuente en aguas chilenas, junto a especies altamente migratorias como el tiburón martillo (Sphyrna lewini) y los tiburones zorro (Alopias pelagicus, A. superciliosus y A. vulpinus), que recorren el océano frente a las costas del país. Todas comparten una característica: dependen de rutas amplias y ecosistemas frágiles, lo que las vuelve especialmente vulnerables.
El encuentro no solo amplió el número de especies protegidas, sino que también marcó un cambio de enfoque. Los países coincidieron en que la conservación de especies migratorias exige coordinación real entre Estados, ya que sus rutas atraviesan fronteras, océanos y continentes. La lógica de esfuerzos aislados quedó atrás: proteger implica actuar de manera conjunta sobre ecosistemas compartidos.
El avance, sin embargo, abre un desafío mayor. Por primera vez, la COP puso el financiamiento en el centro del debate, reconociendo que sin recursos los acuerdos no se implementan.
La protección de estas especies –que cruzan mares, cielos y fronteras– dependerá ahora de la capacidad de traducir compromisos en acción antes de que su desaparición deje de ser una advertencia y se convierta en un hecho.
- En la oportunidad, también se eligió al biólogo marino chileno Francisco Concha como integrante del comité científico de la conferencia, en representación del grupo regional de América Latina y el Caribe.
Chile ante la encrucijada de su reputación en sostenibilidad
Que Chile ha sido históricamente reconocido como líder en sostenibilidad en América Latina es una frase que he escuchado en diversos foros. ¿Pero cómo se mide ese liderazgo? ¿Qué beneficios le trae a Chile mantener ese estatus? Un amigo de Juego Limpio, el ecólogo y exasesor principal de Política Ambiental de la Comisión sobre Desarrollo Sostenible de la ONU, Jaime Hurtubia, se atreve con una respuesta concreta: “El estatus le ha otorgado ventajas económicas tangibles a Chile”.
Veamos. La construcción de esta reputación –nos cuenta– a lo largo de las últimas décadas ha sido un pilar clave para atraer inversiones internacionales, especialmente en el ámbito de los bonos verdes. “En la actualidad, casi el 40% de la deuda chilena en circulación está vinculada a metas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG), un porcentaje que supera ampliamente al de cualquier otro país en la región”.
Con las decisiones políticas de retirar decretos últimamente, para muchos este legado de sostenibilidad ahora estaría en juego.
En enero de 2026, Chile emitió 1.500 millones de dólares en bonos vinculados a la biodiversidad, con dos objetivos clave: proteger al menos el 30% del territorio nacional para 2030 y asegurar que al menos el 10% de esa superficie esté efectivamente gestionada. Estos objetivos son ambiciosos, pero no son inalcanzables.
- El problema radica en que, hasta abril de 2024, solo el 21,6% del territorio terrestre de Chile estaba protegido, muy por debajo del objetivo planteado. Aun cuando se designaron nuevas áreas protegidas a principios de 2026, algunas de ellas fueron paralizadas precisamente con la decisión de retirar decretos de la Contraloría, lo que genera incertidumbre sobre el cumplimiento de los compromisos adquiridos.
¿Cuál es el efecto? El incumplimiento de estos objetivos no solo tendría un impacto negativo en el medio ambiente, sino que también traería consecuencias económicas significativas. Si Chile no alcanza las metas de protección territorial, deberá pagar un aumento en el cupón de los bonos verdes, lo que representa un costo adicional de 13,7 millones de dólares en pagos futuros.
Pero la amenaza más grave es el daño reputacional, apunta Hurtubia. Chile ha consolidado una sólida posición en el mercado de bonos sostenibles, y perder esa credibilidad podría resultar en tasas de interés más altas en futuras emisiones, lo que afectaría las finanzas públicas durante décadas.
Además, la situación se agrava con la desregulación del sector del litio, un mineral estratégico para la transición energética global. Chile posee una de las mayores reservas del mundo, pero la demanda no es solo por litio en sí, sino por litio verde, aquel extraído con estándares ambientales y sociales rigurosos.
Si Chile no cumple con estos estándares, corre el riesgo de quedar excluido de los mercados más lucrativos, como el europeo, que ha establecido requisitos de sostenibilidad para las baterías que se comercialicen en su territorio a partir de 2027. Un informe de la Cepal estima que el valor agregado del litio chileno podría caer hasta un 40% si no se cumplen estos estándares internacionales.
En un escenario base, donde no se profundizan los cambios anunciados, es probable que se produzcan los siguientes efectos: incumplimiento de las metas de protección territorial, lo que afectaría tanto la reputación como las finanzas del país; pérdida de competitividad en el mercado del litio verde; y aumento de los incendios forestales, debido a la falta de inversión en prevención.
El futuro de Chile en términos de sostenibilidad está en una encrucijada. La transición energética y la protección del medio ambiente son ahora más que nunca prioridades para un país que ha logrado grandes avances en estos temas, pero que enfrenta un mar de incertidumbres.
Emilia Ra’a Palma Tuki: Ocean Stewardship Award
Emilia Ra’a Palma Tuki, bióloga marina rapanui, hace pocos días fue galardonada con el prestigioso Ocean Stewardship Award en Nueva York, un reconocimiento que celebra a personas comprometidas con la protección de los ecosistemas marinos del Pacífico sudoriental.
El premio que recibió es importante. Su trabajo integra rigurosidad científica, conocimiento ancestral y acciones concretas de conservación, posicionándola como una de las principales voces emergentes en el ámbito de la biología marina a nivel internacional.
En 2022, se tituló como la primera mujer rapanui con grado en Biología Marina de la Universidad Católica del Norte, defendiendo una tesis enfocada en la “Caracterización espacial y batimétrica de equinodermos mesofóticos alrededor de Rapa Nui”, que aportó conocimiento fundamental sobre especies bentónicas poco estudiadas alrededor de la isla y generó una base para esfuerzos de conservación local.
Su carrera combina investigación de campo, análisis científico y acción comunitaria. Participó en una expedición internacional a bordo del buque R/V Falkor Too para explorar montes submarinos en las cordilleras de Nazca y Salas y Gómez, uno de los esfuerzos de investigación oceánica más importantes en la región. Esta labor contribuyó al registro de biodiversidad oceánica en zonas profundas y reforzó argumentos científicos para la creación de Áreas Marinas Protegidas (AMP) en alta mar.
En la actualidad, Emilia lidera programas de monitoreo ecológico en la Unidad de Planificación de Acciones para el Espacio Marino de la Municipalidad de Rapa Nui, donde desarrolla investigaciones aplicadas sobre la salud del ecosistema marino local. Su trabajo técnico abarca el análisis de eventos de mortandad de erizos de mar, la evaluación de impactos de aguas lluvias sobre arrecifes coralinos y la elaboración de líneas base ambientales que servirán para interpretar tendencias frente a la variabilidad climática y estrés antrópico desde 2025 en adelante.
Además de su investigación ecológica, Palma Tuki ha documentado críticamente problemas como la sobreexplotación de poblaciones de peces pelágicos frente al área marina protegida de Rapa Nui causada por flotas industriales, y la amenaza que representa la macrobasura marina transportada por corrientes desde regiones lejanas, ambos factores con implicancias ecológicas y socioeconómicas para su comunidad.
En suma, Emilia Palma Tuki representa a una nueva generación de científicos marinos que integran la investigación de frontera y el conocimiento ancestral rapanui para abordar desafíos de la sustentabilidad de los recursos marinos frente a presiones ambientales y humanas. ¡Felicitaciones!
Guerra de Irán: 5 millones de toneladas de CO₂ en 14 días
Miremos el mundo. La guerra de agresión de Estados Unidos en Irán lleva un mes. Pero los datos obtenidos en las dos primeras semanas son elocuentes.
En una edición previa ya había tocado este asunto, pero no tenía los datos concretos. En 14 días, la guerra de Irán liberó a la atmósfera más de 5 millones de toneladas de CO₂. Aunque con mucho menos frecuencia, todavía escucho frases del tipo: “Aparte del precio de los combustibles, la guerra en Medio Oriente no nos llega”. Error, sí llega: el CO₂ se distribuye en toda la atmósfera del planeta.
Para que se entienda. Preguntémonos lo siguiente: ¿cuántos vehículos a combustión fósil se necesitan para emitir esa cantidad de CO₂? El equivalente sería poner en circulación 1,1 millones de autos durante un año. La cifra no solo impacta sino que redefine el costo real de un conflicto que ya desborda lo militar.
Los bombardeos de Estados Unidos e Israel, iniciados a fines de febrero, no solo han golpeado objetivos estratégicos. En su propia red social, Trump anunció este lunes que, si no se llegaba a un acuerdo –que incluyera la reapertura del estrecho de Ormuz–, las fuerzas estadounidenses destruirían “todas sus centrales eléctricas, pozos petrolíferos y la isla de Kharg y posiblemente todas las plantas desalinizadoras”. Destruir infraestructura civil, probablemente, constituiría un crimen de guerra.
Pero no solo se trata de explosiones: hay una maquinaria completa detrás. Combustible quemado en operaciones, armas fabricadas, cadenas logísticas activadas, infraestructura reducida a escombros. Todo emite. Todo suma. Y todo queda fuera del debate público.
A medida que la guerra se prolonga, las emisiones se multiplican. La reposición de armamento, el traslado de tropas y la expansión del conflicto incrementan la huella de carbono. Y mientras tanto, los ataques a instalaciones petroleras liberan combustibles fósiles que arden sin control, replicando escenas que el mundo ya vio en la Guerra del Golfo.
Aun cuando se logre la paz, las emanaciones seguirán sumando. La reconstrucción –de ciudades, carreteras, hospitales y redes energéticas– será el principal motor de emisiones. La experiencia reciente lo demuestra: reconstruir puede contaminar hasta 24 veces más que la guerra misma. En Ucrania, ese proceso ya superó los 56 millones de toneladas de CO₂.
Irán y su entorno podrían seguir el mismo camino.
Futuro en marcha
Captan crías de huemul en la Región de Ñuble
En el Corredor Biológico Nevados de Chillán, seis cámaras trampa registraron una noticia alentadora para la conservación del huemul, una de las especies más amenazadas de Chile: al menos siete ejemplares, incluyendo crías, fueron captados en la cordillera de Ñuble.
Este avance es fruto del trabajo de Matías Medina, un joven fotógrafo de naturaleza de Chillán Viejo, quien ha liderado el proyecto durante casi cinco años, sin financiamiento, de su propio bolsillo. Las imágenes obtenidas permiten avanzar en el monitoreo de esta especie crítica y brindan esperanza para su recuperación en la región.
Descubren nueva flora en Chile: un hallazgo que enfrenta amenazas
Cuatro nuevas especies de plantas bulbosas fueron descubiertas en la zona central de Chile por un equipo de la Universidad de Chile. El estudio identificó dos especies del género Miersia y dos del género Gilliesia, tras años de análisis morfológico y genético que confirmaron su carácter inédito dentro de la flora nacional.
Sin embargo, el hallazgo viene acompañado de una alerta: todas presentan distribuciones muy restringidas y habitan ecosistemas altamente intervenidos. La expansión urbana, el cambio de uso de suelo, los incendios forestales y la sustitución de su hábitat las mantienen bajo amenaza, evidenciando la urgencia de proteger los pocos espacios donde aún sobreviven.
El bosque que mide el tiempo
En el corazón de un bosque tepual en Chiloé, científicos comenzaron en 2012 un experimento poco habitual: medir el tiempo del bosque. Delimitaron una hectárea, marcaron cada árbol y construyeron un mapa vivo donde cada individuo quedó registrado con precisión. Una década después, volvieron a recorrer ese mismo espacio para entender qué había cambiado. La respuesta fue sutil pero reveladora: los bosques antiguos sí cambian, pero a un ritmo casi imperceptible. Los árboles crecen apenas milímetros al año, mueren algunos, nacen otros, y aun así el ecosistema se mantiene en equilibrio, en lo que los científicos llaman una “madurez dinámica”.
Pero bajo esa aparente estabilidad, comienzan a aparecer señales de alerta. Los registros muestran veranos más secos y temperaturas más altas, cambios que podrían alterar lentamente la vida del bosque, aunque sus efectos tarden décadas en hacerse visibles. En ecosistemas únicos y poco estudiados como estos, que además almacenan grandes cantidades de carbono, entender esas transformaciones es clave.
Comunidades de Aysén recolectan chatarra domiciliaria para transformarla en acero verde
En un esfuerzo colaborativo, las comunidades de Aysén han logrado recolectar más de 35 metros cúbicos de chatarra domiciliaria en localidades como Caleta Tortel, Villa O’Higgins y Cochrane, para ser recicladas en Santiago y transformadas en acero verde. Esta iniciativa, que une a municipios, Aceros AZA, Balloon Latam, Fundación Parque La Tapera y la Seremi del Medio Ambiente, aborda un problema histórico en el extremo sur de Chile: la acumulación de residuos metálicos en zonas aisladas.
A través de un proceso logístico y comunitario, los materiales fueron trasladados desde los hogares hasta puntos de acopio y, posteriormente, enviados para su reciclaje, promoviendo la economía circular y soluciones ambientales sostenibles en regiones extremas.
En este texto de cierre te cuento que el Ministerio del Medio Ambiente reingresó a Contraloría el Plan de Descontaminación del Lago Villarrica. El instrumento mantiene sus objetivos, estándares y obligaciones originales. La iniciativa es clave para la recuperación del lago y marca el primer instrumento en Chile enfocado en un cuerpo de agua.
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