CULTURA
“No other choice”: el colapso ético del capitalismo
Park Chan-wook, uno de los mejores cineastas coreanos del cine contemporáneo, vuelve a las salas con No Other Choice, una de las grandes películas del 2025. Una sátira social feroz y retorcida que reafirma su talento para unir comedia negra, violencia estilizada y crítica social.
La novela homónima de Donald E. Westlake ya había sido adaptada en 2005 por Costa-Gavras, quien ofreció una lectura lúcida y políticamente consciente sobre el desempleo y la alienación laboral. Si bien aquella versión resultaba eficaz dentro de la filmografía del cineasta franco-griego, aunque no necesariamente entre sus cumbres, el anuncio de una nueva adaptación en manos de Park Chan-wook despertó una expectativa altísima. El material narrativo parecía encajar de manera natural con su imaginario estético y temático, anticipando una aproximación más radical, violenta y estilizada. El resultado no solo cumple con esas expectativas, sino que las supera: esta versión se impone con claridad sobre la de Costa-Gavras y se consolida como una de las grandes películas de 2025.
La historia sigue a un hombre que ha dedicado veinticinco años de su vida a una empresa papelera, solo para ser abruptamente despedido en el marco de una reestructuración corporativa. Tras una prolongada y frustrante búsqueda de empleo y frente al derrumbe progresivo de su estabilidad económica y emocional, el protagonista llega a una conclusión tan extrema como lógica dentro de su desesperación: la única forma de acceder a un nuevo puesto es asesinar a su competencia. El mercado laboral se transforma, así, en un literal campo de batalla.
No Other Choice funciona como una sátira violenta y delirante sobre el capitalismo contemporáneo, la precarización del trabajo y la lógica de competencia feroz que este sistema impone. El empleo aparece no solo como un medio de subsistencia, sino como una promesa de salvación simbólica, capaz de justificar actos moralmente aberrantes. Park Chan-wook expone un sistema que empuja a los individuos hacia los márgenes éticos, donde la supervivencia laboral se convierte en una lucha a muerte dentro de una jerarquía implacable.
La película dialoga inevitablemente con Parasite, la obra maestra de Bong Joon-ho. Ambas comparten una lógica temática, centrada en la supervivencia extrema y la desigualdad estructural, aunque desde contextos narrativos distintos. Mientras Parasite visualiza la lucha de clases a través del espacio doméstico y la arquitectura, No Other Choice sitúa la violencia en el terreno del mercado laboral. En ambos casos, la pobreza no se reduce a una carencia económica, sino que opera como una trampa que erosiona progresivamente la moralidad de los personajes.
Park Chan-wook profundiza en el colapso ético producido por el capitalismo mediante una combinación precisa de comedia negra, ironía y tensión psicológica. El deterioro mental del protagonista está atravesado por una disonancia cognitiva constante: la necesidad de cometer actos “malos” para alcanzar un fin socialmente “bueno”. A ello se suma una masculinidad herida, incapaz de sostener el rol tradicional de proveedor, lo que desencadena una crisis identitaria vinculada al fracaso personal y a las expectativas sociales vinculadas al género.
A diferencia de la versión de Costa-Gavras, más contenida incluso en su absurdo, Park Chan-wook opta por una exageración deliberada de la violencia que lejos de resultar gratuita, adquiere un carácter sorprendentemente lúdico. El director reafirma aquí su condición de esteta de la violencia, articulando una comedia oscura que avanza hacia el delirio sin perder su filo crítico. Este enfoque se vuelve particularmente significativo en el contexto surcoreano, marcado por la implantación de un modelo neoliberal extremo, donde el éxito laboral se encuentra estrechamente ligado a la dignidad humana. En este entramado sociocultural, atravesado por valores confucianos y un crecimiento económico vertiginoso que exigió sacrificios colectivos, perder el trabajo equivale, en términos alegóricos, a dejar de existir.
Cabe destacar que No Other Choice es también una de las películas más accesibles dentro de la filmografía de Park Chan-wook, lo cual no implica una renuncia a la complejidad, sino una depuración de su lenguaje. La puesta en escena es impecable: una fotografía minuciosa, un uso expresivo del contraste visual y un estilo plenamente reconocible. Los movimientos de cámara son precisos, el montaje elegante y contenido, lo que convierte a la película en una experiencia visual tan estimulante como inquietante.
Lee Byung-hun ofrece una actuación sobresaliente, transitando con notable fluidez entre el humor físico y la intensidad dramática. Su colaboración previa con el director en Joint Security Area y Three… Extremes encuentra aquí su punto más alto. No resulta casual que su interpretación le haya valido una nominación al Globo de Oro como mejor actor de comedia, convirtiéndose en el primer actor coreano en alcanzar tal reconocimiento en categorías cinematográficas.
En definitiva, Park Chan-wook reafirma su visión autoral y su capacidad para conjugar belleza formal con narrativas violentas y corrosivas. No Other Choice no solo es una de las mejores películas de 2025, sino una obra que confirma al director como uno de los grandes cineastas del siglo XXI. Su ausencia en el palmarés del Festival de Venecia resulta, cuanto menos, injusta, y todo indica que su recorrido continuará en la temporada de premios, con altas probabilidades de ser nominada al Oscar a Mejor Película Internacional.
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