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Tamara Berríos: “Chile normalizó la electromovilidad, pero se quedó atrás en carga y subsidios”

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Iván Weissman Senno
Por : Iván Weissman Senno Editor El Mostrador Semanal
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En su paso por La Mesa, la Country Manager de BYD dice que el salto en buses abrió el camino para autos eléctricos, pero falta política pública para que el mercado escale. “Perdimos la oportunidad”: Berríos apunta a la burocracia y al timing que mató el proyecto de valor agregado del litio.


Chile se convirtió, casi sin proponérselo, en un caso de estudio global en electromovilidad. Así lo plantea Tamara Berríos, Country Manager de BYD Chile, en su paso por La Mesa de El Mostrador. La ingeniera recuerda que el país es hoy el segundo del mundo con más buses eléctricos fuera de China. “Si tú tienes que buscar cuál es el cliente más grande de BYD fuera de China, está en Chile”, dice, aludiendo a los casi mil buses eléctricos operados por Metbus y al objetivo de cerrar el actual Gobierno con cerca de 4 mil unidades en Santiago.

Ese salto en transporte público, explica, fue clave para cambiar la percepción ciudadana. “Para el chileno, hablar hoy de un vehículo eléctrico ya no es algo fuera de la norma”, afirma. Las curvas de adopción, agrega, son “exponenciales”, aunque matiza el entusiasmo: la penetración de autos eléctricos sigue siendo muy baja. “China supera el 50% y aquí estamos con suerte llegando al 2%. Espacio hay, y mucho”.

¿Entonces qué falta? Para Berríos, el problema ya no es la oferta ni el precio –que han bajado con fuerza– sino la política pública. “No es solo el precio: es la red de carga, los subsidios, los beneficios que el Estado te pueda dar”, señala. Hoy, advierte, los puntos de carga son insuficientes y eso frena la adopción masiva. “Ahí tiene que haber una política pública; el mercado no se adapta solo”.

La ejecutiva reconoce que Chile ha sido ágil y consistente en estándares ambientales, pero está al debe en incentivos. Mientras países de la región y Europa subsidian la transición, en Chile los apoyos son acotados y transitorios. “Eso no incentiva”, dice sin rodeos. El resultado: una transición que avanza, pero más lenta de lo que podría.

El capítulo más crítico de su diagnóstico es el litio. BYD apostó por agregar valor en Chile con una planta de cátodos, pero el proyecto quedó en pausa. “Perdimos la oportunidad”, afirma. Y aclara: no fue la permisología. “No llegamos ni siquiera a pedir permisos. Fue burocracia a la hora de tomar decisiones; nunca se definieron las reglas básicas del negocio”, señala.

El timing también jugó en contra. Con el precio del litio cayendo desde los máximos de 2022, el incentivo económico se diluyó. “Esa posibilidad que teníamos cuando el litio estaba en un peak ya pasó, y no creemos que se repita”, dice Berríos, lamentando que Chile haya dejado pasar la chance de dejar conocimiento e industria y no solo exportar insumos.

Pese a todo, BYD sigue apostando por Chile: buses, autos, almacenamiento energético y nuevas soluciones tecnológicas. Pero el mensaje es claro: sin una señal más decidida del Estado –en carga, subsidios e industrialización–, el país corre el riesgo de ir siempre un paso atrás de su propio potencial.

La conversación completa, con más detalles sobre el negocio de los autos eléctricos, la geopolítica y el futuro de la transición energética, está disponible en este nuevo capítulo de La Mesa. 

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