MUNDO
Primer ministro de Canadá en Davos: “Estamos ante el despertar de una realidad brutal”
En un discurso sin eufemismos en Davos, el primer ministro Mark Carney afirmó que el orden global liderado por EE.UU. llegó a su fin y advirtió que la integración económica hoy opera como arma de coerción, obligando a las potencias medias a redefinir su estrategia.
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, rompió con uno de los consensos más arraigados de la política internacional contemporánea al declarar que el orden global basado en normas, liderado por Estados Unidos, ha llegado a su fin. Lo hizo este 20 de enero en el Foro Económico Mundial de Davos, en un discurso de tono severo y conceptual, que marcó distancia con la retórica diplomática habitual.
“Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal”, anunció Carney al inicio de su intervención, situando su diagnóstico lejos de cualquier eufemismo. Según el líder canadiense, el mundo ya no transita una transición ordenada, sino una fractura profunda: “Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición”.
Sin mencionar al presidente estadounidense Donald Trump, Carney apuntó contra el comportamiento de las grandes potencias, que —dijo— han comenzado a instrumentalizar la interdependencia económica como mecanismo de presión. “Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar”, afirmó.
El fin de una ficción útil
Carney sostuvo que durante décadas países como Canadá prosperaron dentro de un sistema que, aunque imperfecto, ofrecía previsibilidad. Sin embargo, reconoció que ese orden siempre tuvo un componente ilusorio. “Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa”, admitió, enumerando la aplicación desigual del derecho internacional y las reglas comerciales asimétricas.
Aun así, esa ficción cumplía una función estabilizadora. “Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales”, dijo, recurriendo a la metáfora del disidente checo Václav Havel y su ensayo El poder de los sin poder. En palabras de Carney, el sistema se sostuvo porque muchos actuaron “como si fuera cierto”, incluso cuando sabían que no lo era.
Ese pacto, afirmó, ya no opera. “No se puede ‘vivir dentro de la mentira’ del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación”.
Potencias medias ante una encrucijada
Uno de los mensajes más nítidos del discurso estuvo dirigido a las potencias medias. Para Carney, países como Canadá enfrentan una decisión estratégica ineludible. “La pregunta para las potencias medias no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo”, sostuvo. El dilema, precisó, es si esa adaptación consistirá solo en levantar defensas nacionales o en construir algo más ambicioso de manera colectiva.
Advirtió que un mundo de autonomías cerradas sería más inestable: “Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible”. Sin embargo, también fue claro en que las normas ya no ofrecen protección automática: “Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú”.
En una de las frases más citadas de la jornada, Carney resumió la vulnerabilidad estructural de los países intermedios: “Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú”.
Realismo basado en valores
Frente a este escenario, Carney delineó lo que llamó un “realismo basado en valores”: “Aspiramos a ser principistas y pragmáticos”, dijo, combinando la defensa de la soberanía, los derechos humanos y la integridad territorial con una lectura cruda del equilibrio de poder global.
“El progreso suele ser incremental”, reconoció, “no todos los socios comparten nuestros valores”. Por eso, insistió, Canadá ya no puede confiar solo en la fuerza moral de sus principios. “Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza”.
El primer ministro detalló un giro estratégico que incluye mayor inversión en defensa, diversificación comercial y alianzas flexibles. Pero subrayó que no se trata de multilateralismo ingenuo: “No es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto”.
Nombrar la realidad
Hacia el final de su intervención, Carney volvió a Havel para plantear qué significa hoy “vivir en la verdad”. Su respuesta fue directa: “Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el ‘orden internacional basado en normas’ como si siguiera funcionando tal como se anuncia”.
También llamó a la coherencia: “Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales”, y advirtió que el silencio selectivo frente a la coerción equivale a mantener la ilusión.
El cierre fue una declaración política sin nostalgia: “El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia”. En su lugar, propuso aprovechar la fractura para construir un sistema “más fuerte y más justo”, liderado por países dispuestos a actuar colectivamente.
“Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir”, concluyó Carney, dejando claro que, para Canadá, el cambio de época ya no es una hipótesis, sino un punto de partida.