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Editorial: El último mensaje, el primer discurso

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El último mensaje del Presidente Ricardo Lagos al Congreso Nacional tuvo la aceptación mayoritaria del país por su tono severo, firme y optimista. Las cifras claras y contundentes de los logros gubernamentales, los anuncios de acciones inmediatas destinadas a beneficiar a los más pobres, y las acciones en ámbitos económicos tan trascendentes como el energético, explican por qué el Presidente es considerado un buen político y un experto comunicador.



El cuidado y calidad de su intervención dejó flotando la sensación de que los aspirantes a sucederle están muy lejos de su estatura política, y que él le tiene un cariño especial al cargo, como para intentar volver en cuanto pueda hacerlo. Su interés por posicionarse como la bisagra histórica entre la recuperación de la democracia con crecimiento económico y un desarrollo futuro con igualdad social, que reconoció no satisfactoria como resultado de su gestión pese a los logros alcanzados, dejan claro que se siente más parte de ese futuro que del pasado. Y que de ninguna manera quiere estar fuera de la política en los próximos años.



Tal vez por esa razón, su discurso, mirado con atención, resulta autocomplaciente y de bajo contenido autocrítico. Sobre todo en temas importantes como son el medioambiental, la política exterior vecinal, la educación superior, la energía o la modernización del sector defensa, ámbito este último al que solo se refirió en relación a la tragedia de Antuco, pero que luego omitió completamente.



En materia energética, el primer gobierno de la Concertación consideró que el tema estaba resuelto, y así fue expuesto en su oportunidad por el entonces Ministro Secretario General de la Presidencia, Edgardo Boeninger, ante los equipos programáticos de la Concertación II el año 1993. Menos de tres años después el país estuvo a punto de una crisis total, luego de una prolongada sequía. La política que se siguió a continuación hasta el día de hoy no ha logrado poner la matriz energética nacional en un punto de equilibrio, y esta se ha transformado en uno de los principales riesgos de seguridad para el país. Ahora el Presidente anunció la voluntad de crear una mesa de análisis para la energía nuclear. La verdad es que existe más de una razón para pensar que un tratamiento integrado y estratégico del tema no existe, y que lo anunciado debe leerse como una tarea que queda pendiente para el próximo gobierno.



En el tema medioambiental ocurre algo similar. El Presidente se refirió de manera enfática a la necesidad de subir los estándares ambientales. Pero ya en su programa de gobierno el año 1999 proponía la creación de una autoridad nacional de recursos naturales, junto con el fortalecimiento de Conama y una acción eficaz de protección. Hoy, muchos de los recursos naturales como los acuíferos, el bosque nativo, la pesca o los ecosistemas especiales, se encuentran seriamente afectados por contaminación proveniente de actividades industriales, y la prometida autoridad no existe. Esta semana Conama deberá pronunciarse sobre el cierre de una planta de celulosa en Valdivia. Más del cincuenta por ciento de los vertederos del país se encuentran en un rango crítico, según un informe de la Contraloría General de la República del año 2000, y la totalidad tiene deficiencias de manejo, llegándose incluso a extremos de amenaza de emergencia sanitaria, como en la V Región.



Hace pocas semanas, el ministro de Defensa hizo importantes anuncios de lo que pensaba hacer el Gobierno en esta materia en lo que queda del mandato. Anunció que se trabajaba la reforma del marco legal de la Defensa, con la creación del Estado Mayor Conjunto y el dictado de la ley orgánica del Ministerio. Nada de esto estuvo anunciado en el discurso presidencial. Obviamente es un tema difícil para el final de un gobierno por la complejidad que entraña, y peor aún en la atmósfera de irritación y dolor originada por la tragedia de Antuco. Sin embargo, no se debe olvidar que durante todo el presente gobierno se ha estado debatiendo sobre el Servicio Militar, se realizó un Foro Nacional con ese propósito el año 2000, y la agenda a la cual se refiere el Ministro tiene más de 10 años de retraso.



Resulta obvio que un balance de gobierno trata de reflejar con más nitidez lo realizado que aquellos empeños fallidos o deficientes. Y es claro también que la apreciación y valoración que de él se haga debe ser equilibrado y, en este caso, reconocer que el actual ha sido un buen gobierno. La mayor estrictez para mirar el discurso proviene de la propia voluntad presidencial de que su gestión se aprecie como el cierre de un ciclo, por lo cual resulta apropiado transparentar los temas que en la opinión ciudadana quedan pendientes.



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