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Del dato a la acción: la función inteligencia en la operación Absolute Resolve Opinión

Del dato a la acción: la función inteligencia en la operación Absolute Resolve

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Absolute Resolve permite aportar al debate chileno en torno a la modernización del Sistema de Inteligencia de Estado. La inteligencia no debe confundirse con seguridad pública ni persecución penal, aunque estas también requieren capacidades propias de inteligencia más bien táctica y policial.


La conferencia de prensa desarrollada horas después de la operación Absolute Resolve desde la residencia de Donald Trump en Mar-a-Lago, permitió conocer datos que confirmaron la natural presunción de que esta operación comportó una complejidad mayor, con el empleo de diversos medios que dan cuenta de la noción de multidominio que incluye los ámbitos de la tierra, el mar, el aire, el espacio, el ciberespacio y lo cognitivo. Sin embargo, esta columna no pretende dedicarse a cada uno de estos dominios, sino abordar una disciplina omnicomprensiva, omnipresente y transversal, es decir, al servicio de todos y que, paralelamente, se sirve de todos: la inteligencia.

Esta función, en una definición muy básica, es la que, a partir de datos debidamente procesados, proporciona el conocimiento útil a los tomadores de decisiones respecto de amenazas, riesgos, oportunidades y otros antecedentes ambientales y contextuales.

Con el propósito de explicar la noción de omnicomprensiva, se debe recordar que la inteligencia distingue diversos niveles y ámbitos. En los primeros, asociados a los niveles decisionales y de conducción, se encuentran el político, el estratégico, el operacional y el táctico. En cuanto a los ámbitos, la inteligencia no solo cubre el factor militar, sino también los factores político, económico, social, tecnológico, medioambiental y legal, entre otras categorías.

La sola combinación de cada uno de estos niveles con cada uno de esos factores arroja una cantidad inconmensurable de datos por procesar y conclusiones por obtener, que permitirán enriquecer la decisión para la acción.  Teniendo en cuenta que no hay límites precisos entre unos y otros y, por el contrario, muchas veces se interpenetran y hacen muy difusa una categorización que solo tiene propósitos teóricos, se presentan los siguientes ejemplos:

  • La inteligencia de EE. UU. de nivel político y en el ámbito de la política internacional, debió ser capaz de, entre otras, establecer los vínculos del régimen de Maduro con otros países de importancia tanto en el tablero mundial (Rusia, China, Irán, Corea del Norte, Turquía, etc.) como en el regional (Colombia, Brasil, México, Cuba, etc.) y, derivado de ello, la actitud que tomarían frente a esta acción. Asimismo, en la dimensión política nacional debió determinar la solidez de la lealtad de las Fuerzas Armadas al régimen, de la cohesión social, entre otras.
  • La inteligencia de nivel estratégico en el ámbito de lo militar debió informar a los decisores sobre capacidades militares de cada fuerza venezolana (terrestre, naval, aérea), conjuntas (las anteriores operando en conjunto) y también eventualmente combinadas (con fuerzas de otros países, derivadas de tratados y alianzas).
  • La inteligencia de nivel operacional debió establecer, entre otros aspectos, el despliegue y capacidad de combate de los diferentes componentes y unidades militares.
  • La de nivel táctico tuvo muchas tareas, entre ellas, definir la ubicación, parámetros técnicos y cobertura de diferentes sistemas de armas, sensores y radares, para neutralizarlos e impedir el derribo de las más de 150 aeronaves que operaron. Por último, y sin duda, la localización precisa, el terreno y el dispositivo de seguridad del objetivo táctico que finalmente constituyó el objetivo político: la captura y extracción de Maduro y su esposa.

A la vez, las combinaciones deben hacerse entre diferentes categorías. Por ejemplo, en el nivel de inteligencia operacional que implica el empleo del aparato militar, EE.UU. debió evaluar no solo la fuerza convencional opositora, sino también la cohesión social que permitiría hacer efectivo el anuncio de Maduro de movilizar decenas de miles de milicianos y grupos paramilitares. Pero también el factor tecnológico, para determinar cómo ese elemento constituye un potenciador de fuerza, y también el medioambiental, en tanto es un condicionador y potencial limitador de las acciones.

Todos los anteriores son solo ejemplos, ya que este mismo ejercicio debió hacerse con todas las categorías y sus combinaciones, lo que es prácticamente imposible de hacer exhaustivamente en esta columna.

Para explicar la noción de omnipresente, se hace necesario ir un poco más atrás en el tiempo. Aunque el ciudadano común recuerda el inicio de la operación Lanza del Sur, anunciada por el secretario de Defensa Hegseth en noviembre pasado, la inteligencia de nivel político y estratégico debió haber estado trabajando en función de este objetivo mucho tiempo antes, al menos desde que Chávez se volvió hostil a EE.UU. en el año 2013.

Cuando en enero del año 2025 el Pentágono anunció la creación de una fuerza de tarea conjunta para el despliegue de medios militares para ejecutar operaciones antinarcóticos, sin duda se aceleró e intensificó la inteligencia operacional y táctica.

Lo que se vio desde mediados de agosto del año pasado en el Caribe es lo que, en palabras del célebre militar y estratega francés André Beaufre se conoce como un modelo de acciones sucesivas (coloquialmente la maniobra “de la alcachofa” o “del salame”), que se aplica cuando un objetivo es importante, pero se tiene un estrecho margen de libertad de acción y medios limitados, por lo que se realizan acciones sucesivas, combinando según se requiera la amenaza directa con la presión indirecta. Esto requiere tener el pulso de lo que está ocurriendo y prepararse para lo que vendrá.

La inteligencia se operativiza a través de lo que técnicamente se conoce como Requerimientos Prioritarios de Inteligencia (también se usan otras denominaciones). Algunos de ellos sin duda fueron: ¿cuáles eran los efectos de cada acción? ¿Qué significaban los discursos de Maduro y sus colaboradores, así como el de otros sujetos de interés a nivel global? ¿Qué pasaba al interior del país y en la sociedad venezolana? ¿Cuál era el alistamiento operacional de las fuerzas militares y paramilitares de Venezuela? ¿Cuáles eran las rutinas y los sistemas de seguridad inmediata de Maduro y sus cercanos? ¿Quiénes eran los colaboradores potencialmente reclutables? ¿Cuáles eran los blancos de alto valor? ¿Cuáles eran las condiciones atmosféricas favorables, para evitar fracasos como lo ocurrido en 1980 en la operación Eagle Claw?

Estas, entre muchas otras preguntas, debió responderlas inteligencia, proporcionando el conocimiento útil que permitió tomar decisiones para aumentar o cambiar la forma de ejercer la presión y, posteriormente, planificar y ejecutar la operación Absolute Resolve. Todo lo anterior implica continuidad temporal. Una inteligencia esporádica o intermitente no funciona o, más aún, puede ser peligrosa.

Un último aspecto respecto de la inteligencia en esta operación. La función por sí sola no resuelve nada, por lo que todo el esfuerzo que haga debe verse finalmente materializado en las acciones. Si no hay voluntad de empleo de la fuerza, hacer inteligencia no tiene sentido.

Finalmente, Absolute Resolve permite aportar al debate chileno en torno a la modernización del Sistema de Inteligencia de Estado. La inteligencia no debe confundirse con seguridad pública ni persecución penal, aunque estas también requieren capacidades propias de inteligencia más bien táctica y policial.

La contrainteligencia también fue clave. El secreto, el compartimentaje de la información y los mecanismos seguros de transmisión y almacenamiento no son triviales y explican el factor sorpresa, el éxito y la inexistencia de bajas norteamericanas en la operación. Esto sirve también como lección para la inteligencia en otros ámbitos.

Una eficiente inteligencia de Estado depende de un trabajo sistémico, permanente, seguro y técnicamente sólido. La ley que la regule debe equilibrar control democrático, resguardo de derechos fundamentales y viabilidad operativa. De lo contrario, el sistema será ineficiente o meramente declarativo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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