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Kast versus Kast Opinión Foto: AgenciaUNO

Kast versus Kast

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Germán Silva Cuadra
Por : Germán Silva Cuadra Psicólogo, académico y consultor
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Zigzagueos en el tono y estilo que ha mostrado el Presidente electo en este primer mes tendrán una primera prueba de fuego dentro de poco más de una semana, cuando se dé a conocer completo el gabinete.


Hace casi un mes que José Antonio resultó electo Presidente y la verdad es que su relato ha ido mutando a medida que pasan las semanas. En un principio, sorprendió por su tono cauto, conciliador y convocante, algo que contrastó con el empleado durante la campaña. Kast pareció entender que para tener gobernabilidad iba a necesitar de acuerdos, consensos, pero especialmente del apoyo de más de 3.500.000 personas que votaron por él en segunda vuelta, con poca convicción, motivadas más bien por el voto “anti-Jara”, mismo fenómeno que sufrió él en carne propia frente a Boric cuatro años antes.

En la primera etapa, José Antonio Kast pareció no ser José Antonio Kast. Asumió una postura de hombre de Estado, de estadista incluso, pese a no corresponder para nada al perfil cultivado durante años, desde la trinchera de la extrema derecha, negando su partido cualquier tipo de acuerdos transversales en el Congreso, desplegando una agenda valórica confesional y criticando con dureza a todo el que estuviera al frente, incluido el Gobierno de Sebastián Piñera, al que calificó en su momento como uno de los “peores de la historia”.

Por supuesto, esa primera etapa de Presidente electo también tuvo como foco bajar las altas expectativas creadas por él mismo durante la campaña, esas de que se acabará la delincuencia y que los migrantes ilegales saldrían del país.

En la segunda etapa, comenzó una nueva transformación de José Antonio Kast con el regreso del “depende”. Ya no era necesario bajarse el sueldo a la mitad y también se podía aceptar el ingreso de migrantes temporalmente a cosechar la fruta, a petición de los agricultores, algo similar a lo que hizo Trump en Estados Unidos. Tampoco sería necesario expulsar a los 330 mil migrantes ilegales, ahora deberían salir por un corredor humanitario, para lo que requeriría de la coordinación con otros países, tal como lo hicieron Piñera y Boric.

Además, en esa semana comenzaron las conversaciones para integrar a Chile Vamos al Gobierno –coalición salió quinta en las elecciones pasadas–, pese a la resistencia de los partidos y movimientos de derecha aún más extremos. Pedro Pool fue categórico en amenazar a Kast con que, si eso ocurre, le hará la vida imposible, como Pamela Jiles.

Aunque un elemento se mantuvo constante durante las primeras semanas: un tono deferente hacia el Gobierno. Demasiado deferente, me atrevería a decir.

Sin embargo, todo pareció cambiar con la intervención militar de EE.UU. en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro. Fue como que volviera a renacer el Kast de la campaña, el Kast duro, de extrema derecha. Primero, aplaudió sin matices el accionar del país del norte, intentando marcar clara diferencia con la postura del Gobierno en ejercicio.

Aunque lo más curioso vino en Perú, donde el Presidente electo chileno trajo de vuelta el contador en reversa que usó en la segunda vuelta, indicando que a los migrantes extranjeros en Chile les quedaban 63 días para abandonar el país (la última vez que lo usó fue en el día 100). Una oferta que había quedado guardada en el baúl de las promesas de campaña, casi un mes antes.

Pero también se acabó la cortesía y el fairplay con el Gobierno. Frente a los empresarios, volvimos a ver al Kast que diagnosticaba un país en ruinas, que se caía a pedazos. Descalificó a la administración de Boric por su manejo económico y reiteró que las cosas estaban tan mal que tendría que conducir un Gobierno de emergencia –ese concepto que se asimila al de un Estado en guerra o catástrofe natural–.

Se entiende que la mayoría de los gremios empresariales en Chile son de derecha –a las 24 horas de electo estaban en el avión acompañándolo a una gira a Argentina–, sin embargo, sus caras no dejaron de mostrar la sorpresa, justo el día en que se informó que el IPC alcanzó 3.5% en 2025 –el más bajo en 5 años y que equivale a la inflación de un mes en Argentina– y que la pobreza disminuyó a un 17.3%, pese a que durante la campaña José Antonio Kast afirmó que esta había crecido durante la gestión de Boric.

Además hay que consignar que el crecimiento 2025 estará entre el 2.3% y 2.5%, dentro del promedio de la región. Por supuesto, no son cifras para destapar champaña, pero están muy lejos de ser consideradas una catástrofe.

Por otra parte, en esta última etapa de la transición se produjo una fuerte embestida de la línea más dura de la derecha, encabezada por Johannes Kaiser con sus “líneas rojas”, quien se encargó de recordarle a Kast que ellos serán fieles a su doctrina y principios, explicitando que no aceptarán el pragmatismo insinuado por el futuro Mandatario en esta etapa. De ahí que sea probable que el cambio de tono en José Antonio Kast esté vinculado a tranquilizar las aguas entre quienes deberían ser socios naturales en el futuro Gobierno, los libertarios y social cristianos, quienes en privado siguen repitiendo que el sector ganó las elecciones y no Chile Vamos. Por el momento, se sabe que el Comité Político estará integrado por un UDI y un RN, algo que tiene inquietos a Kaiser y los suyos.

Por supuesto, estos zigzagueos en el tono y estilo que ha mostrado el Presidente electo en este primer mes tendrán una primera prueba de fuego dentro de poco más de una semana, cuando se dé a conocer completo el gabinete. Veremos si Kast se inclina por una línea de mayor apertura que construya caminos y puentes hacia el centro o vuelve a la estrategia que desplegó como opositor a Bachelet, Piñera y Boric, privilegiando un relato y forma de hacer política dura, representando a un sector que se corrió más a la derecha durante la última elección.

Solo como muestra, un botón. Kaiser comparó la semana pasada al INDH con el Tren de Aragua. Si ese es el tono que prevalecerá en el futuro Gobierno, la polarización que se expresó en la campaña será la tónica de los próximos cuatro años.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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