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Contribuciones: cuando lo técnico olvida lo humano

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Por: Pavel Castillo


Señor director: 

La postura de Andrés Velasco sobre las contribuciones es consistente desde el manual, pero demasiado rígida para el Chile real. Gravar activos inelásticos es una recomendación estándar de la economía pública; el problema aparece cuando esa lógica se aplica sin mirar cómo funciona el sistema completo ni cómo viven las personas. En Chile, la vivienda no es solo un activo: es el principal vehículo de ahorro de la clase media.

Eso no es una intuición, está en la ley. El DFL2 ya establece un trato diferenciado: estas viviendas pagan aproximadamente la mitad de las contribuciones que otras propiedades. No es populismo ni excepción caprichosa, es el reconocimiento de que cumplen una función distinta, más cercana al ahorro de ciclo de vida que a la inversión rentista. El punto es que esa distinción quedó a medio camino.

Las viviendas DFL2 enfrentan una carga tributaria particular: IVA no recuperable al momento de la compra y luego un impuesto recurrente sobre el stock, sin ajuste por ingresos ni etapa del ciclo de vida. No es doble tributación en sentido estricto, pero sí una presión sostenida sobre el principal activo de ahorro de hogares que no tienen portafolios financieros diversificados.

Además, la vivienda es, para muchos, la única forma de convertir ahorro en liquidez en la vejez. En un contexto global de pensiones insuficientes, seguir cargando ese activo cuando el ingreso laboral ya desapareció no es un detalle técnico, es una decisión de política pública con efectos concretos.

Reducir o eliminar contribuciones para viviendas DFL2 no implica desconocer la lógica del impuesto territorial. Implica reconocer que el propio sistema ya aceptó que no todas las propiedades son lo mismo, y que insistir en tratarlas igual termina siendo no solo menos técnico, sino que menos justo.

Pavel Castillo
Economista

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