Kast, Bruselas y la lucha contra los “ismos” (de izquierda)
Señor director:
El presidente electo llamó, desde Bruselas, a combatir los “ismos” que asocia a la izquierda, refiriéndose a ideologías como el comunismo, socialismo y radicalismo, proponiendo en su lugar promover “familia, verdad y libertad”. Pero la verdad es que, por desgracia, los “ismos” están y han estado presentes en la izquierda y la derecha.
De hecho, la política parece haber encontrado su zona de confort en los “ismos”. Progresismo, conservadurismo, populismo, neoliberalismo, feminismo, nacionalismo, neofascismo, entre otros, se han convertido en etiquetas que simplifican el debate, encorsetan identidades y, en muchos casos, evitan el esfuerzo de pensar soluciones complejas para problemas, huelga apuntarlo, complejos. Se habla mucho de modelos, de principios y de símbolos, pero poco de planificación y acuerdos de largo plazo.
El gran problema, con todo, no es la existencia de estos “ismos”, sino su uso como trincheras desde las cuales se dispara al adversario sin la más mínima intención de construir. En lugar de asumir los desafíos de Chile con razonabilidad y claridad, los distintos sectores políticos parecen más preocupados de reafirmar su pertenencia a una corriente ideológica. Mientras tanto, la promesa de avanzar hacia un Estado social de derecho sigue siendo, en gran medida, una consigna vacía.
El progresismo local, por ejemplo, cayó en una verdadera obsesión simbólica que no pocas veces lo alejó de las urgencias sociales. En su afán por transformar el lenguaje y los marcos de interpretación de la realidad, descuidó la implementación efectiva y supervisada de políticas concretas que den un salto de calidad a la vida de las personas. Del otro lado, el conservadurismo nacional, históricamente, ha optado por la estrategia de la inmovilidad, identificando todo cambio a una amenaza y bloqueando cualquier avance con una retórica que tampoco ofrece alternativas viables a la ciudadanía, que ya no es la del siglo XIX.
El populismo, desde luego, ha encontrado un terreno fértil en este escenario. Con una institucionalidad muy debilitada y en cuestión, más una ciudadanía desencantada, las respuestas simplistas y las promesas de resultados inmediatas ganan terreno. Se fomenta y refuerza la desconfianza en el Estado, pero al mismo tiempo se sigue viendo como un botín. Se critica el gasto público, pero se demanda que cada crisis se resuelva con más transferencias o subsidios. Se repudia la política tradicional, pero se aplaude a quienes la instrumentalizan con descaro.
En este contexto, el objetivo de llegar a un Estado social de derecho parece cada vez más lejano. Chile necesita menos discursos sobre identidades y más debates sobre políticas públicas efectivas y sostenibles. Necesita reformas bien diseñadas, capaces de mantenerse en el tiempo más allá de un ciclo electoral. Pero mientras los “ismos” sigan dominando la agenda, es poco probable que esto suceda, y la construcción de un Estado social de derecho será solo otro capítulo de nuestra larga y ya triste historia de oportunidades desperdiciadas.
Diego Iván Palomo Vélez
Profesor titular
Derecho
Universidad de Talca