Los colegios no necesitan más papeles: necesitan sistemas
Señor director:
La aprobación de la Ley de Convivencia, Buen Trato y Bienestar en las Comunidades Educativas ha reabierto una discusión que muchas comunidades escolares reconocen de inmediato: cómo llevar las exigencias normativas al día a día sin que eso signifique ahogar a los colegios en trámites.
En diciembre de 2025, las Circulares 781 y 782 ya habían introducido cambios relevantes en la manera en que los establecimientos deben actualizar sus Reglamentos Internos de Convivencia Escolar, aplicar medidas formativas y asegurar el debido proceso. La nueva normativa profundiza ese camino y vuelve a poner el foco en la prevención y en la protección de derechos.
El problema no está en el espíritu de estos cambios. Al contrario: pocas veces el sistema educativo chileno había puesto tanto énfasis en construir comunidades más seguras y cuidadoras. La dificultad aparece cuando esas orientaciones llegan a la vida cotidiana de las escuelas.
Cada ajuste normativo implica nuevos protocolos, registros, entrevistas, comunicaciones a las familias y reportes. Cuando todo eso se gestiona en documentos dispersos o en carpetas que se multiplican, el riesgo es claro: cumplir en el papel, pero no siempre lograrlo en la práctica.
En muchos establecimientos, las comunidades educativas en su conjunto docentes, asistentes de la educación, equipos de convivencia y directivos trabajan bajo alta presión emocional y con tiempos acotados. La urgencia administrativa termina desplazando la intervención pedagógica, no por falta de compromiso, sino por la ausencia de estructuras que ordenen los procesos cotidianos.
Las Circulares 781 y 782 insistieron en la necesidad de actuar con gradualidad, proporcionalidad y procedimientos conocidos por todos. Para que la nueva ley tenga impacto real, esos principios deben traducirse en circuitos claros, trazables y compartidos por la comunidad escolar.
Hablar de “sistemas” no es hablar de más control, sino de mejor gestión: flujos de actuación comprensibles, protocolos accesibles, registros integrados que eviten duplicaciones y alertas tempranas que permitan intervenir antes de que los conflictos escalen.
Chile enfrenta una oportunidad relevante para fortalecer la convivencia escolar. Pero ese paso no se dará solo con más documentos, sino con prácticas coherentes y sostenibles que permitan a los equipos concentrarse en lo esencial: acompañar a los estudiantes y construir espacios educativos seguros.
La convivencia no se juega en los archivos. Se juega en los patios, en las salas de clase y en la relación cotidiana entre escuela y familia. Para que la ley tenga efectos reales, es momento de dejar atrás la lógica del papeleo aislado y avanzar hacia una gestión más ordenada, preventiva y sostenible.
Cynthia Fuentes M
Coordinadora de convivencia Educativa
Versity.cl