Al amigo y maestro, José Bengoa Cabello Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades
Señor director:
En esta despedida, es necesario que ahora una carta para ti. Es una carta abierta porque los sentimientos son profundos, y porque nos enseñaste que las cosas importantes se dicen a viva voz, sin temor ni temblor. Así como alguna vez le escribiste en un viaje en avión, un libro llamado “carta abierta al ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle, por lo decepcionado que te encontrabas del rumbo neoliberal y esa modernización compulsiva que se estaba instalando en el país, desdibujando todo lo que tantos años había costado recuperar, y para variar, las personas en sus territorios nuevamente estaban siendo vulneradas. Además que tú hasta el último momento no entregaste muchas palabras. Ahora nos toca a nosotros y nosotras, quienes compartimos caminos contigo.
Por décadas nos enseñaste y motivaste a hacer de nuestras vidas, no solo a partir de las profesiones que desarrollamos, vidas comprometidas, inquietas, apasionadas y con una alta sensibilidad y valoración sobre lo que somos, nuestra historia, nuestra gente en su diversidad y en las riquezas de todo aquello que fueron constituyendo. En esas enseñanzas la crítica siempre estuvo presente, porque era ¡tanto el conocimiento que tenías!, que no podías dejar pasar, palabras, perspectivas homogenizantes y excluyentes que se reflejaban en las declaraciones mediocres de nuestros gobernantes y autoridades, sobre todo cuando se trataba de nuevas injusticias hacia la población.
Mucho sabes de aquello, de cómo se forjó esta patria que menospreció a sus habitantes, y a la cual, hasta ahora le cuesta tanto amparar los derechos humanos y los derechos colectivos de quienes hemos sido el corazón y las raíces de esta sociedad, de la chilena y de Latinoamérica. A diferencia de esto, te volcaste a trabajar por tantas comunidades de vida que te deslumbraban y de las cuales fuiste parte. La ruralidad, los pueblos originarios, el Pueblo Mapuche, mineros, mujeres temporeras, pescadores y recolectores, pobladores, jóvenes, así como otros sectores de nuestra sociedad que por mucho tiempo estuvieron invisibilizados. Nos mostraste que la pobreza no era una decisión de quienes la padecen, sino de quienes han administrado estas sociedades, y que más bien, con lo que realmente nos encontramos ahí, son con culturas llenas de vidas, en lo absoluto “carentes”.
Somos muchas las generaciones de estudiantes a quienes nos transformaste la vida pepe, que nos mostraste tantos nuevos caminos inagotables. Por lo mismo, quienes fuimos tus estudiantes y que de vez en cuando nos encontramos, nos reconocemos fácilmente y en complicidad, venimos de una escuela que nos ha marcado en el hacer hasta hoy. Quizás las personas no saben que la educación que nos entregaste nos la enseñaste en los territorios, trasladándonos permanentemente a diferentes puntos del país, desde donde, y después de una preparación de la historia y la coyuntura de todos esos diferentes lugares y realidades, nos instalábamos en dupla en distintas comunidades y familias previamente contactadas. Cada estadía, estando allí, y sumergiéndonos en esos mundos, nos permitió aprender y conocernos con ellos y ellas, analizar y profundizar integralmente sobre las diferentes formas de vida que nos constituyen como país. También había que escribirlas, porque los testimonios de aquellas vidas eran fundamentales. Esa escuela donde los territorios han sido nuestras aulas, nos han hecho amar este país, sus historias y las vidas de tantas personas. Por todo eso querido Pepe, de verdad, muchas, muchas gracias. Tu legado va mucho más allá de los libros que nos dejaste, nos quedamos con una memoria llena de música, piano, guitarreos, réquiem, ¡oh fortuna! y los viajes infinitos, como este que recién comienza. Nos vemos, como dicen los kimche mapuche, en el ka mapu, el lugar donde descansan los espíritus.
Magaly Mella Abalos
Antropóloga
Centro de Estudios Territoriales e Interdisciplinarios CETI
Universidad del Bío-Bío