Violencia escolar: una señal que no podemos ignorar
Señor Director:
El reciente hecho ocurrido en un establecimiento educacional en Calama, que terminó con la muerte de una inspectora y dejó a otras personas gravemente heridas, no solo nos impacta por su gravedad, sino que también nos interpela como sociedad.
La violencia escolar no surge de un momento a otro. Suele estar precedida por señales que, muchas veces, no son detectadas o no reciben la atención necesaria. Problemas de convivencia, dificultades emocionales, aislamiento o conflictos no resueltos pueden ir acumulándose hasta desencadenar situaciones críticas.
Por ello, es urgente avanzar en una mirada preventiva. La salud mental de niños y jóvenes debe ser una prioridad en el sistema educativo, no solo desde la contención, sino también desde la formación en habilidades socioemocionales y el fortalecimiento de comunidades escolares más seguras.
Asimismo, este desafío no puede recaer únicamente en los colegios. Se requiere un trabajo articulado entre familias, establecimientos y políticas públicas que permitan detectar y abordar a tiempo situaciones de riesgo.
Lo ocurrido en Calama debe ser entendido como una señal de alerta. Ignorarla solo aumentará la probabilidad de que hechos similares se repitan.
Andrés Benítez
Psicólogo clínico y Subdirector de Formación y Convivencia
Fundación Nocedal