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La disputa de las ideas: identidad, ideología y el retorno a la virtud Opinión

La disputa de las ideas: identidad, ideología y el retorno a la virtud

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La izquierda no debe temer a la palabra ideología. Su ideología debe ser la de la Justicia Social y la Dignidad Humana, oponiéndose frontalmente a la ideología del orden represivo de la derecha.


La política contemporánea en Chile atraviesa un fenómeno de aparente “vaciamiento ideológico”, donde se acusa a la izquierda de haber perdido su norte, mientras se reconoce en la derecha una estructura programática rígida. Para desentrañar esta realidad, es imperativo definir qué entendemos por ideología y cómo esta se manifiesta en la praxis de los bloques que hoy se disputan el alma de la nación.

I. Definición de ideología: el lente de la realidad

En términos fundamentales, una ideología no es meramente un conjunto de ideas aisladas, sino un sistema organizado de creencias, valores y representaciones que una clase o grupo social utiliza para interpretar la realidad, justificar su posición de poder o proponer un proyecto de transformación. La ideología actúa como un “mapa” que define qué es justo, qué es natural y qué es posible dentro de una sociedad.

En el caso chileno, la percepción de que “la derecha tiene ideología y la izquierda no”, nace de una asimetría en la claridad de sus objetivos inmediatos actuales.

II. La derecha: el orden y la seguridad como cimientos del poder

Se dice que la derecha chilena posee una ideología clara porque ha logrado sintetizar su proyecto en un borrador de programa de “urgencia” basado en tres pilares: orden, seguridad y crecimiento. Sin embargo, es un error reducir su ideología a estos puntos técnicos.

La verdadera raíz ideológica de la derecha es la conservación del statu quo. El orden y la seguridad no son fines éticos para este sector, sino herramientas funcionales. Son el “zócalo” que permite que el poder económico y las élites políticas mantengan sus privilegios sin ser perturbados. La seguridad que pregonan es, en última instancia, la seguridad del capital y la propiedad privada. Su ideología es el determinismo económico, donde el ser humano es un recurso y no el centro del universo.

III. El extravío de la izquierda: el error del statu quo

Por otro lado, la izquierda y el progresismo en Chile han caído en una crisis de identidad. Durante décadas, los partidos de centroizquierda, en un intento por asegurar la estabilidad de la transición, terminaron defendiendo el mismo statu quo que debían transformar. Esta fue una estrategia equivocada que anestesió su cultura política y difuminó su personalidad nítidamente transformadora.

Al aceptar los marcos de referencia del adversario, la izquierda permitió que se la tildara de “carente de ideología” o de simplemente ser una versión más “amable” del modelo neoliberal. La defensa de la institucionalidad por sobre la justicia social generó un foso entre el progresismo y su base social, el 80% que hoy vive en la incertidumbre.

IV. Las fuentes de la izquierda: del marxismo al socialismo chileno

Es fundamental aclarar el origen de las ideas de izquierda. Si bien el socialismo, el comunismo y la socialdemocracia comparten una fuente común en la crítica de Karl Marx a la explotación, la izquierda chilena histórica dista mucho de ser rígidamente “marxista” en el sentido dogmático.

Debemos ser precisos: lo que históricamente se conoció como la Unión Soviética y el bloque del Este fue lo que yo denomino los “llamados países del socialismo real”. Ese sistema no fue ni socialismo ni comunismo en su esencia ética, sino un totalitarismo de Estado que desvirtuó la premisa de la liberación humana.

La izquierda chilena ha bebido de fuentes más amplias: el humanismo, el laicismo y la lucha obrera local. No es necesario rendir culto al “socialismo real” para reafirmar una identidad de izquierda; por el contrario, la verdadera ideología de izquierda debe ser profundamente democrática y humanista.

V. La propuesta: Eugenio González y el Nuevo Programa

El camino para que el progresismo y la izquierda recuperen su personalidad nítida no es mirar hacia modelos fallidos, sino volver a sus raíces intelectuales más robustas para actualizarlas. A mi entender, la tarea urgente es actualizar el pensamiento y el programa de Eugenio González.

Eugenio González, filósofo y político fundamental del socialismo chileno, planteó una visión donde la economía debía estar al servicio de la dignificación del ser humano. Su “Humanismo Socialista” es el antídoto contra el “Yermo” que el sistema actual ha creado. Actualizar su programa implica:

  1. Recuperar el civilismo: el respeto al ser humano como única expresión del universo.
  2. Soberanía ética: subordinar la economía a la política y la política a la moral.
  3. Solidaridad como acción: no como caridad, sino como una relación de equidad y justicia en cada rincón del quehacer nacional.

Conclusión: hacia una nueva hegemonía

La izquierda no debe temer a la palabra ideología. Su ideología debe ser la de la Justicia Social y la Dignidad Humana, oponiéndose frontalmente a la ideología del orden represivo de la derecha.

Solo recuperando su personalidad –dejando de ser gestores del modelo para volver a ser sus transformadores– podrá el progresismo ofrecer una alternativa real al 80% sufriente de Chile. El futuro se esboza hoy, volviendo a los principios, hasta que la dignidad, finalmente, se haga costumbre.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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