Opinión
La fortuna de la ministra
La paradoja que resta, a mi juicio, es que la ministra Aguilera, responsable de las políticas públicas de salud en nuestro país, tuvo la fortuna que anualmente al menos 1.500 pacientes no tienen. Quizás la verdadera fortuna será la política pública que podría nacer a raíz de este caso.
En una reciente publicación en un medio de prensa escrito, se detalla cómo la madre de la actual ministra de Salud fue atendida y operada oportunamente de una fractura de cadera en el Servicio de Urgencia del Hospital Salvador. La nota de prensa sugiere que esta paciente se habría “saltado” una suerte de lista de espera en la urgencia, interviniéndose a las 10 horas desde su ingreso. Ante dicho cuestionamiento, el hospital manifestó que fue un procedimiento habitual y que se actuó conforme a los protocolos.
La fractura de cadera es en el mundo entero una condición de urgencia que debiese ser resuelta idealmente dentro de las 24 primeras horas desde que se produce.
Resulta curioso ver cómo se levanta una crítica porque a un paciente se le atiende y trata tal como dice el estándar internacional. La pregunta que cabe hacerse es: ¿esto ocurre normalmente en dicho hospital y en el resto del sistema público del país?
La respuesta es no. Sin embargo, la madre de la ministra tuvo una dosis de fortuna, ya que ese día se encontraba de turno un equipo de traumatólogos de cadera de alto nivel profesional. Esto lo puedo afirmar porque participé en la selección y formación cómo subespecialistas de ambos cirujanos en la Universidad de Chile. Si hubiese sido otro turno u otro hospital, lo más probable es que no hubiese ocurrido lo mismo.
La realidad del manejo de las fracturas de cadera en Chile a nivel público dista muchísimo del feliz resultado de la mamá de la ministra. El estudio más completo acerca del manejo de la fractura de cadera en nuestro país es completamente lapidario en sus resultados: la estadía hospitalaria en el sistema público es el doble que en el sistema privado. La letalidad también es mayor en los hospitales que en las clínicas privadas, ya que la oportunidad quirúrgica, es decir, el tiempo de espera antes de la cirugía, también es significativamente mayor en los hospitales.
Pero el dato más impactante se refiere al número de pacientes que no fueron operados en el sistema público, principalmente por falta de acceso a pabellón quirúrgico. De un total de 7.421 fracturas ocurridas en el año del estudio (2017), el 22%, es decir, 1.574 personas no recibieron cirugía. En tanto, más de 1.500 pacientes fueron entregados a sus familiares en estado de postración a esperar una muerte segura dentro del primer año. Dicho en otras palabras: estamos condenando año a año a más de 1.500 familias a empobrecerse, al tener que cuidar a un adulto mayor postrado, porque no somos capaces de otorgar una cirugía oportuna.
La fractura de cadera es el rostro más brutal de la desigualdad en Chile.
¿Cómo podemos enfrentar este problema? El sistema de salud en los hospitales está compuesto de vasos comunicantes, es decir, los problemas se conectan unos con otros. La lista de espera quirúrgica en traumatología es la mayor de todas básicamente porque las fracturas, como las de cadera, no aparecen en ninguna lista, pero deben resolverse antes que otras cirugías al tener riesgo de mortalidad.
Dicho de otra manera, la existencia de las fracturas “impide” resolver las listas de espera, siendo esta la principal razón por la cual la lista traumatológica es la más abultada. Los servicios de urgencia públicos del país hoy en día no pueden, por la altísima demanda, resolver a los miles de pacientes fracturados, salvo excepciones, como este caso en el Hospital Salvador.
La solución, para no depender de la fortuna, pasa por la implementación de dos medidas que son urgentes:
La primera es la creación de Pabellones de Urgencia Traumatológica, (24×7) que permitan resolver la patología de urgencia con la prontitud necesaria.
La segunda es incluir la fractura de cadera como patología GES (o su equivalente), que le otorgue la oportunidad y la calidad necesaria a un problema de salud que solo irá en aumento con el incremento de la población mayor.
La paradoja que resta, a mi juicio, es que la ministra Aguilera, responsable de las políticas públicas de salud en nuestro país, tuvo la fortuna que anualmente al menos 1.500 pacientes no tienen. Quizás la verdadera fortuna será la política pública que podría nacer a raíz de este caso.
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