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El terremoto soterrado en educación Opinión Archivo

El terremoto soterrado en educación

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Tomás Recart
Por : Tomás Recart Director Ejecutivo Fundación Enseña Chile
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Chile sabe pararse después de una catástrofe. Lo hemos hecho en múltiples ocasiones, pero no hemos podido pararnos de esta crisis educacional. No podemos seguir esperando. Los estudiantes tampoco. Como decía Gabriela Mistral, el futuro de los niños es hoy. Mañana será tarde.


Es frustrante ser testigo del debate que se ha generado en redes sociales sobre los tipos de sostenedores de colegios con puntajes más altos en la PAES. Primero, por la liviandad del análisis que se hace. No se considera la cantidad de estudiantes en cada sostenedor, el gasto por estudiante, la educación de su entorno familiar, etc. Además, porque solo el 68% de los estudiantes egresados de cuarto medio rinden la PAES, según cifras del Mineduc. De ellos, casi la mitad no ingresará a educación superior.

Por otro lado, la conversación vuelve a excluir a 250.000 que no están en el sistema educacional, los alumnos de educación técnico profesional (90% perteneciente a la población más vulnerable) y el 20% de matrícula correspondiente a educación rural. Y, como si lo anterior fuera poco, no estamos dándole urgencia a que el 96% de estudiantes que no aprende lo adecuado en Matemáticas y el 92% el lenguaje según los resultados del SIMCE para los niveles socioeconómicos más bajos.

Hemos triplicado el presupuesto en educación, impulsado numerosas reformas y vivido movilizaciones estudiantiles los últimos 15 años. Sin embargo, la brecha sigue siendo enorme. La evidencia nos muestra que, pese a los esfuerzos, los estudiantes de estrato socioeconómico más alto están 50 puntos porcentuales más arriba que los del nivel socioeconómico más bajo, en el nivel adecuado.  Esto es un terremoto silencioso que vivimos hace años soterrado y no estamos atendiendo. Por eso, el centro del debate debiese ser el aprendizaje de niñas, niños y jóvenes de los niveles de mayor vulnerabilidad.

Un estudio de la Universidad de Oxford llamado, del 2022, analizó el sistema educacional de más de 60 países y detectó que aquellos (pocos) que lograron mover la aguja en los aprendizajes fundamentales lo lograron con una receta aplicable en Chile: ponerse el aprendizaje como objetivo común, unir fuerzas en torno a este propósito. Así se han resuelto los desafíos y/o los grandes problemas en la humanidad como los conflictos armados, la llegada del hombre a la Luna, las pandemias o los terremotos. No tenemos plan B. La metodología y los recursos son importantes, pero no lo fundamental. El foco y la unión es lo que hace la diferencia.

Si uno pregunta hoy cómo estamos resolviendo el problema de la educación y lo comparamos con nuestra respuesta cuando hay un terremoto, ¿estamos haciendo lo mismo? Chile sabe pararse después de una catástrofe. Lo hemos hecho en múltiples ocasiones, pero no hemos podido pararnos de esta crisis educacional. No podemos seguir esperando. Los estudiantes tampoco. Como decía Gabriela Mistral, el futuro de los niños es hoy. Mañana será tarde.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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