Opinión
CASEN 2024: lo que cambió, lo que nos muestra y lo que el próximo gobierno no debe ignorar
La CASEN 2024 no da espacio a triunfalismos, sin embargo, nos ofrece la oportunidad de medir adecuadamente para intervenir mejor.
La Encuesta CASEN 2024 no solo entrega nuevos datos: Plantea un cambio profundo en la forma en que Chile mide la pobreza. Y ese cambio es relevante, porque determina tanto la lectura de los resultados, como las decisiones -desde la política pública- que se adopten a partir de ellos. La nueva metodología redefine la pobreza por ingresos. Se actualiza la canasta básica usando la Encuesta de Presupuestos Familiares 2021–2022, ajustando hacia patrones de consumo más saludables y, sobre todo, se elimina el llamado “alquiler, o arriendo, imputado” como parte del ingreso. Desde ahora, la pobreza se mide sobre ingresos monetarios efectivos, diferenciando además las líneas según si el hogar arrienda o no. Esto corrige un sesgo tradicional, en especial en hogares propietarios de bajos ingresos. Sin embargo, también implica que los resultados no son comparables con mediciones anteriores. Por ello el 17,3% de pobreza por ingresos en 2024, no es continuidad histórica, sino una nueva línea base, más exigente.
Lo primero que evidencian los datos es que la pobreza sigue siendo alta y estructural. Adicionalmente, que tiene rostro infantil: uno de cada cuatro niños, niñas y adolescentes vive en hogares pobres por ingresos. En tercer lugar, vuelve a mostrarnos que afecta una dimensión territorial: La Araucanía alcanza casi un 30% de pobreza y un 13% de pobreza extrema. Y, por último, que la desigualdad persiste, con un mercado laboral que continúa reproduciendo brechas que las transferencias estatales solo logran amortiguar transitoriamente, pero no revertir.
Asimismo, la CASEN 2024 también introduce con más fuerza la pobreza multidimensional, incorporando carencias en educación, salud, trabajo, vivienda y cohesión social. El dato clave aquí es la pobreza severa: personas que son pobres por ingresos y, al mismo tiempo, acumulan múltiples carencias. Son más de un millón. Es ésta la urgencia social real del país.
Frente a esta realidad las nuevas autoridades deben tener la convicción que la pobreza no se resuelve solo con transferencias. Estas son necesarias, pero insuficientes. La evidencia nos ha mostrado, por ejemplo, en los estudios de Heckman y García, que una oferta con evidencia de programas de apoyo a la crianza incide en el aumento de ingresos autónomos de familias más vulnerables y que la inversión en primera infancia alcanza los retornos más altos a valor presente. También resulta necesario priorizar explícitamente a la niñez y a las familias en etapa de crianza, donde se juega la reproducción intergeneracional de la pobreza. Por último, las nuevas autoridades deben abordar la pobreza desde las comunas y barrios, con estrategias diferenciadas para regiones como en La Araucanía o en el mundo rural, así también situar el empleo formal, la productividad y los sistemas de apoyo a los cuidados en el centro de la estrategia de desarrollo social.
La CASEN 2024 no da espacio a triunfalismos, sin embargo, nos ofrece la oportunidad de medir adecuadamente para intervenir mejor. Nuestro desafío como país no sólo es mejorar el indicador, sino cambiar la trayectoria de quienes hoy, generación tras generación, siguen atrapados en la pobreza. Y desde allí parece ser que la respuesta comienza con fortalecer con decisión a las familias más vulnerables, ellas deben ser un foco de atención principal de la oferta pública, ya no más en los márgenes, sino en el centro de las preocupaciones de nuestra Sociedad.
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